Mantenerse en sus trece
¿Sabias por qué se dice MANTENERSE EN SUS TRECE para significar que se resiste con obstinación?
Hay varias teorías acerca del origen de la frase y algunas de ellas no parecen muy verosímiles. Tal es el caso de la explicación propuesta por Sbarbi; un complicado juego de palabras que sugiere como explicación la palabra “determinación” por tener 13 letras y refundir el significado de la frase.
Y la explicación de Cejador, que propone que estarse en sus trece es insistir saliéndose de lo común, de la docena, en cosa excepcional. Y otorga a la docena del fraile (o sea, trece) y a querer trece por docena (entercarse en ser excepción) también un origen común.
Tiene más visos de realidad la versión que relaciona la frase con un juego de naipes parecido a las “siete y media”, en el que ganaba el que lograba quince puntos y muchos eran los que se quedaban en los trece por miedo a pasarse. José María Iribarren cita como ejemplo que parece confirmar el origen en un juego, un pasaje de Moreto en su obra Antíoco y Seleuco, en la que describe un lance de amor empleando los términos de un juego de naipes:
y amor diciendo: “Aquí encaje
bien el juego”, una baraja
plantó, como un garitero.Fue el juego a quince envidado,
donde es cierta la maldad,
pues siendo el punto la edad,
tú le llevabas ganado.Diote a tí un quince preciso,
que es el punto que reviste;
tú, que con quince te viste,
le envidaste, y él te quiso.
Tenía, según parece,
trece el Príncipe, y no osó
pedir más, con que perdió,
pero se quedó en sus trece;
y aunque más perdiera, es llano
que allí perdiera un sinfín;
pues con la flor del jazmín
le ganaras por la mano.
Otra versión, que cuenta con más aceptación, es la que hace referencia a la terquedad con la que el antipapa Pedro Martínez de Luna —conocido como el Papa Luna— mantuvo su derecho al pontificado con el nombre de Benedicto XIII durante el Gran Cisma de Occidente (1378-1417), en el que hubo hasta tres Papas a la vez.
Aunque en diversas ocasiones prometió renunciar a su alto cargo, nunca lo hizo y acabó encerrándose en el castillo de Peñíscola, manteniéndose tercamente en su actitud —desoyendo las comunicaciones de las cortes europeas— hasta morir a los noventa y cinco sin ceder a las presiones.
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