¿Sabías por qué SER UN VIEJO VERDE es mostrar un vigor y una conducta sexual impropias de una avanzada edad?

Originalmente
el viejo verde no era lo que es hoy: “el que conserva inclinaciones
galantes o apetitos carnales impropios de su edad”, según lo define
pudorosamente -aunque no exenta de cierto enojo- la Academia de la Lengua en
su Diccionario.
Antes, el epíteto no estaba cargado de ofensa y por el
contrario movía a orgullo a quien se lo aplicaban.

Ser un viejo verde, allá
por el siglo XVI, era muy satisfactorio pues con ello se quería decir de
una persona que conservaba su vigor y lozanía. Y así se decía en latín
vulgar que viridis a vigore, verde es vigor.

Incluso
a los hombres maduros de pelo canoso se les comparaba con las cebollas,
hortalizas de la familia de las liláceas, que se caracterizan por tener la
cabeza blanca y el rabo verde, de donde proviene otra expresión más
peyorativa aún: viejo rabo verde.

Extrañamente,
a partir del siglo XVII y particularmente en castellano, se le fue dando una
connotación obscena, lúbrica, al término viejo verde, que tanto en
italiano como en francés conserva su sentido favorable. Y a falta de una
explicación coherente, habrá que suponer que fue un sentimiento igual de
verdoso, la envidia, el que dictó el cambio de giro a la expresión.

Sebastíán de Covarrubias ya dijo en 1611: “Es el color de la yerba y
de las plantas cuando están en su vigor… No dejar la lozanía de mozo
habiendo entrado en edad… A los que siendo viejos tienen verdor de mozos,
decimos ser como los puerros, que tienen la cabeza blanca y lo demás
verde”.

Si bien tal era el sentido de la locución en el siglo XVI, a partir del
siglo XVII se produce el cambio semántico, con lo que a partir del siglo
XIX ya se aplica a cuentos, chistes y representaciones de tono obsceno,
lascivo y lujurioso, olvidando el calificativo de colorado -debido a que provocaban
el arrebolamiento de más de una mejilla- que recibían
anteriormente los chistes subidos de tono.



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