Tocayo

09Feb05


Colaboración de José Miguel Corbí

¿Sabías por qué llamamos TOCAYO a otra persona con el mismo nombre?
Hay muchos países en los que, cuando la mujer contrae matrimonio, pasa a tomar el apellido de su marido, y deja de llamarse con el suyo. Por eso, a veces se recuerda cómo se llamaba de soltera. Hay casos muy llamativos, como el de la premio Nóbel de Física María Curie, que antes de casarse se llamaba María Sklodowska, pero que se había casado con el físico francés Pierre Curie, y por eso se la conoce con el apellido de éste.

En España y en los países que siguen su tradición en América, la mujer sigue conservando sus propios apellidos de soltera, aunque de una manera velada se las suele llamar señora de…, y aquí el apellido del marido. A los hijos se les suele poner en primer lugar el apellido del padre, y, a continuación, el de la madre.

Como muchas de las tradiciones actuales, ésta también tiene su origen en la antigüedad grecolatina.

Los antiguos romanos tenían un rito del matrimonio que se llamaba “Confarreatio“, que era el procedimiento patricio más antiguo y más solemne. Era una ceremonia religiosa que consistía en lo siguiente: los esposos dividían y ofrecían a los dioses, y, sobre todo a la diosa Juno, bajo el sobrenombre de Pronuba, patrona y protectora del matrimonio, un pan de trigo (”panis farreus“) en presencia del Gran Pontífice y de diez testigos. La desposada se vestía de una manera especial, se tomaban los auspicios, se ofrecían sacrificios, y se concluía con el contrato del matrimonio: “tabulae nuptiales“.

Cuando el esposo preguntaba a su esposa cuál era su nombre, ésta respondía:

Ubi tu Gaius, ego Gaia

es decir: “Si tu te llamas Cayo, yo me llamo Caya”.

A continuación iban todos a la casa del nuevo matrimonio; la esposa no debía tropezar en el umbral: por eso se la llevaba en brazos al entrar a la nueva casa, y allí, el esposo le ofrecía el agua y el fuego (”aqua et igni accipere“) como símbolo del culto doméstico. Al día siguiente, la esposa, con ropas de “mater familias” era admitida en el círculo de las matronas romanas.

El término español tocayo, tocaya que indica que dos personas tienen el mismo nombre, tiene su origen en esta expresión de la boda romana. (De la expresión ubi tu Gaius).

La diferencia entre el carácter del matrimonio cuando se trataba del hombre o de la mujer, se ve claramente en cómo se expresaba el concepto de contraer matrimonio referido a cada uno de los sexos. Los términos que se empleaban para referirse al matrimonio variaban, según fuera el hombre o la mujer quien lo hiciera: el hombre “ducebat uxorem“, (se llevaba una mujer) mientras que la mujer “nubebat marito” (se cubría la cabeza con un velo para su marido).

Marcial, el epigramista, natural de Bilbilis Augusta (Calatayud, en la provincia de Zaragoza) escribió poemas cortos, pero con gran carga satírica. En éste que sigue se ve cómo se empleaba el idioma en el asunto del matrimonio cuando se refería al hombre o a la mujer.


Nubere vis Prisco: non miror, Paula, sapisti.
Ducere te non vult Priscus: et ille sapit.

(He oído decir que tú, Paula, quieres casarte con Prisco. No me sorprende, porque eres una chica inteligente. Pero Prisco no quiere casarse contigo. También él es inteligente).



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