Ambigüedad (3)
¿Quién no ha visto un anuncio fatalmente redactado? Al final se pide o se ofrece aquello que no se quería pedir u ofrecer.
La ausencia de faltas morfosintácticas y una buena puntuación evitarían los equívocos que estos anuncios provocan.
Claro que es tan divertido leerlos como inventarlos.
Veamos unos ejemplos de anuncios ambiguos:
Se arreglan sillas; se ponen culos a las viejas.
(¿Y si la viejecita en cuestión ya tiene su propio culo para sentarse?)
Se venden calcetines baratos para niños de algodón.
(¡Qué pena! El mío es de carne y hueso.)
Se ofrece habitación soleada en piso céntrico para caballero de doce metros cuadrados.
(¿Caballero? ¡Un monstruo! No le va a caber en casa.)
Se necesita joven de 18 a 22 años para embutidos.
(Será para venderlos ¿no?)
Vendo abrigo de mi mujer con poco uso.
(¿Recién casados?)
Se necesita muchacho para almacén y tienda. La mitad en almacén y la mitad en tienda.
(¿Lo quieren partido o ya lo parten ustedes?)

Comentario de Gilberto Díaz
En uno de los cubículos de nuestra oficina local del Superintendente de Escuelas aparece, en letras muy grandes el siguiente anuncio lleno de contradicción:
TERAPIA DEL HABLA: ¡SILENCIO!
Puesto que en dicho cubículo se brinda terapia en habla y lenguaje a niños con deficiencia, ¿cómo podrían atenderlos si necesitan estar en completo silencio?