Además de proferirse para ofender, los insultos también tienen un uso disuasorio: el de la ofensa previa para amedrentar.

Si además proferimos tacos y palabras malsonantes, el efecto es mayor. Y si el mensaje va bien rellenito de faltas de ortografía de las gordas, para demostrar lo brutos que podemos llegar a ser, el efecto es aún mayor.

Vaya como ejemplo el siguiente cartelito:

Hay que ser vruto…

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