Hoy presentamos: procrastinación
Si buscamos procrastinación en el DRAE encontramos ‘acción y efecto de procrastinar’. Una segunda búsqueda nos informa que procrastinar es ‘diferir, aplazar’. Así que ya sabemos que qué estamos hablando.
Si ahora realizamos unas búsquedas en inglés en el diccionario Collins comprobamos que to procrastinate es ‘aplazar una decisión, no resolverse, andarse con dilaciones, procurar ganar tiempo’ y procrastination es ‘dilación, falta de resolución’.
Así ya sabemos que procrastina el estudiante que entrega su trabajo el último día de plazo y, a ser posible, en el último minuto. Y también lo hace el contribuyente que pospone el pago de los impuestos para el último día de plazo y, a ser posible, en el último minuto. Luego están los que aparecen el día siguiente con su trabajo o con su declaración trimestral, aduciendo excusas y el típico “solamente por un día” que no tiene en cuenta el amplio margen de entrega facilitado. Pero eso es otra historia.
La procrastinación puede ser eventual o esporádica, pues a todo el mundo nos afecta en mayor o menor medida, pero cuando deviene en un comportamiento crónico, el procrastinador puede padecer un trastorno del comportamiento. Por ello los psicólogos han adoptado el término procrastinación para referirse a un complejo trastorno del comportamiento que consiste en postergar de forma sistemática aquellas tareas que debemos realizar y que son cruciales para nosotros y reemplazarlas por otras más irrelevantes pero más placenteras.
Se manifiesta ante todo como una pésima gestión del tiempo (generalmente una subestimación del tiempo necesario para realizar la tarea), una excesiva autoconfianza y una falsa sensación de autocontrol. El típico “tengo tiempo de sobra”, que generalmente no se revela así cuando el plazo de entrega se acerca de forma peligrosa y el trabajo está sin hacer, lo que obliga a trabajar entonces de forma precipitada, atropellada y con una alta carga de estrés.
Y afecta a multitud de perfiles: desde el ejecutivo que pospone una y otra vez una reunión que presupone conflictiva, hasta el estudiante que aplaza una y otra vez el inicio de la preparación a un examen. Pasando por aquél cuyo estado depresivo le induce al letargo, por el amante del perfeccionismo que pierde la motivación al no conseguir el grado de perfección que tiene en mente, por el que su baja tolerancia a la frustración ayuda a dejar las cosa de lado y por el hiperactivo que disfruta gestando ideas que no llega a concretar porque se distrae generando la siguiente.
Lo mejor para enfrentarse a tal problema sería la aplicación del siguiente lema: No dejes para mañana lo que puedas hacer hoy.
comportamiento diccionario trabajo

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