Más fácil que hacer la tapia más alta

Además de proferirse para ofender, los insultos también tienen un uso disuasorio: el de la ofensa previa para amedrentar.

Y no hace falta que el emisor y el receptor del mensaje compartan tiempo. Al estar escrito en un muro el mensaje se perpetúa y llega a indefinidos receptores.

Y en este caso funciona, porque… ¿quién tiene ganas de entrar ahí?

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