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Tirar manteca al techo
¿Sabías por qué se dice TIRAR MANTECA AL TECHO para expresar la idea de juerga y fiesta continua sin importar el despilfarro?
Esta expresión referida al derroche tiene su origen en el Buenos Aires de los años 20.
En las fiestas que celebraban los jóvenes de familias acomodadas para matar el aburrimiento, se inició la costumbre o moda de lanzar contra el techo pedacitos de manteca, —con la ayuda de algún cubierto que hacía las veces de catapulta— para regocijo y diversión general. Ganando esta especial competición aquél que mayor número de porciones de manteca hubiese pegado al techo.
Los bacanes (adinerados) tiraban manteca al techo en los mejores restaurantes de Paris, los grasas (vulgares) tiraban margarina en los bailongos de barrio.
La expresión también tiene un uso negativo, así pues, si algo no está para tirar manteca al techo es que no está para gastos excesivos ni para inconsciente despilfarro.
América dinero modaBrasil

¿Sabías por qué conocemos como BRASIL a cierto estado de América del Sur?
En el año 1500, el navegante portugués Pedro Álvares Cabral tomo posesión de las tierras americanas asignadas por el Tratado de Tordesillas a Portugal.
Llamó a este territorio Terra da Santa Cruz, nombre que pronto cambió al de Brasil debido a la abundancia de un árbol de madera roja llamado de ese modo: brasil o palo brasil.
Esta madera ya conocida en Europa y usada en tintorería debe su nombre a su característico color rojo y al vocablo romance brasa.
América nombres países plantasBolivia

¿Sabías por qué conocemos como BOLIVIA cierto estado de América del Sur?
Durante la época colonial española su territorio formó parte del virreinato de Perú.
En 1825, el general Antonio José Sucre —lugarteniente de Bolívar— proclamó la República del Alto Perú, que después pasó a nombrarse como República Bolívar en honor al libertador Simón Bolívar.
Posteriormente pasó a llamarse Bolivia al añadir el sufijo latino -ia usado en geografía.
América nombres paísesEl chocolate del loro
¿Sabías por qué EL CHOCOLATE DEL LORO hace referencia a cosas de poco valor o importancia?
Cuando para solucionar una situación ruinosa, se decide ahorrar en una partida cuyo gasto es mínimo, se dice que eso es suprimir el chocolate del loro.
Tanto el chocolate como el loro tienen su origen en América, lo que nos da una pista acerca de la antigüedad de la expresión.
En el siglo XVII, la forma más extendida de agasajar a los invitados era ofrecerles una taza de chocolate con rebanadas de pan. Y durante el siglo XVIII se convirtió en la bebida nacional a pesar de su precio, por lo que sólo podían derrocharlo los que habían hecho las Américas y gozaban de buena posición económica.
Estos indianos solían tener un loro en casa como recuerdo de su antigua vida americana, y le ponían en la jaula algo de chocolate de baja calidad para que lo picoteara.
Cuando alguna familia adinerada iba a menos, trataba de ocultar el declive económico guardando las apariencias, y lo más aparente era seguir consumiendo chocolate y seguir ofreciéndolo a los invitados; pero suprimían la ración del loro, lo que suponía un ahorro mínimo que no paliaba la situación.
América animales dinero loroEl español indiano

Colaboración de Fernando de Trazegnies
Los historiadores hablan de un Derecho Indiano, que es el Derecho de América española, mezcla de Derecho castellano (adaptado a las nuevas realidades) con elementos sociales indígenas, a lo que se agrega influencias de distintos orígenes, incluyendo ciertamente las construcciones jurídicas propias de estas nuevas tierras. Pero también es posible hablar de un idioma español indiano que, sobre la matriz española, recoge palabras y formas expresivas de diversas procedencias, reconstruye unas e inventa otras, dando lugar a una lengua con personalidad propia.
No podemos en estas breves líneas dar una idea plena de la complejidad cultural de esta lengua de las Indias Occidentales. Pero algunos ejemplos nos permiten atisbar en la riqueza, variedad e ingenio de este idioma americano e incluso mostrar las vicisitudes muchas veces extraordinarias que atraviesan las palabras para asentarse en un nuevo medio cultural.
En primer lugar, nos encontramos con construcciones gramaticales aparentemente exóticas y que, sin embargo, se enraízan en la lengua clásica. Como es sabido, en Argentina y Uruguay se utiliza la forma de “vos” como parte del habla cotidiana. Pero es menos conocido que también ella predomina en ciertos países de América Central y que en otros países americanos el “voseo” coexiste con el tuteo. En realidad, se trata de un arcaísmo readaptado. No es otra cosa que la antigua forma ceremonial de dirigirse a una persona de dignidad (“Vos habéis dicho que…”), la que ha pasado a ser en América actual más bien una forma de trato íntimo. En algunos países donde se la emplea, este cambio ha conllevado también una simplificación del verbo correspondiente. Así en Argentina se escuchará “Vos tomás” por “Vos tomáis” o “Vos podés” por “Vos podéis”, etc. Esta simplificación va acompañada de otra en el modo imperativo: frente al tuteo “¡Toma esto!”, se mantiene el imperativo del “voseo”, “¡Tomad esto!”; pero la vulgarización lleva a suprimir la “d” final, con lo que queda convertido en “¡Tomá esto!”. Es así como podemos escuchar “¡Bebé!” por “¡Bebed!” (simplemente “¡Bebe!” en el resto de América española) o “¡Vení!” por “¡Venid!”, etc.
Otra fuente de transformaciones y adquisiciones la encontramos en los idiomas indígenas. Hay una enorme cantidad de palabras recogidas por el español (en América hablamos generalmente del “castellano”) de las lenguas autóctonas. Algunas han permanecido como expresiones locales, tales como “calato” (desnudo, en Perú y Chile, proveniente del quechua), “chirisiqui” (literalmente “trasero frío”, proveniente del quechua, lo que significa desnudo en Ecuador), “huahua” (por nene, en Chile, proveniente del quechua), “cuate” (amigo, en México, proveniente del nahuatl), “poto” (trasero, en el Perú, proveniente del mochica). Otras palabras han tenido difusión por casi toda América española e incluso portuguesa, como “chacra” (granja o alquería, proveniente del quechua) o también “patata” o “papa” (del quechua) o “choclo” (maíz tierno, en Sudamérica, del quechua). Y hay algunas que han pasado a ser universales, pues han saltado incluso a otros idiomas, como “chocolate” (del nahuatl) o “maíz” (del taíno), “tomate” (el nahuatl), etc.
En otros casos, las palabras americanas son vocablos antiguos que no han sido sustituidos por equivalentes modernos, como sucedió en España. Este es el caso de “fierro” que se emplea todavía generalmente o de verbos como “apurar” (o “apurarse”) que todavía se usa comúnmente con el sentido de apremiar o de dar prisa o palabras como “caño” por surtidor de agua que no ha sido actualizada en “grifo” como corresponde a las modernas fuentes de agua en forma ganchuda, es decir, que se asemejan a un pico de loro o de grifo. Es interesante que la introducción de la palabra “grifo” sólo se ha producido en el caso del surtidor de gasolina, que por eso se conoce (cuando menos en el Perú) como tal y no como gasolinera. La utilización de estas palabras antiguas o con sentidos antiguos puede ser muy desconcertante desde el punto de vista del español que actualmente se habla en España. Por ejemplo, son absolutamente usuales frases como “¡Apúrate! No seas demorón” por “¡Date prisa! No seas tardón”; o también “Hay que llamar al gasfitero porque el caño de la tina se ha malogrado” por “Hay que llamar al fontanero porque el grifo de la bañera se ha estropeado”.
En la última frase citada, la palabra “gasfitero” (muy usada en el Perú) muestra otro procedimiento de adquisición de voces con una explicación sociológica interesante. A fines del S. XIX, la iluminación a gas de la ciudad de Lima había sido entregada en contrata a una compañía inglesa. Esta, a los obreros peruanos encargados del mantenimiento de las cañerías, los llamaba “gas-fitters”. Pronto fueron conocidos como “gasfiteros”. Pero cuando la electricidad desplazó al gas, la mayor parte de estas personas que quedaron desocupadas pasaron a convertirse en artesanos independientes, que arreglaban las tuberías de agua y desagüe de las casas. Y así, los fontaneros se quedaron con el nombre de gasfiteros hasta el día de hoy; aún cuando, dado que estas tuberías eran de plomo, se les llama también “plomeros”.
Una evolución semejante dio como resultado la palabra “huachimán” o “guachimán” para indicar el vigilante privado, el hombre de seguridad que se contrata directamente. Dado que muchas de las compañías mineras y otras eran americanas, éstas llamaban al vigilante: “watch-man”. El peso de las sonoridades populares indígenas transformó esta palabra inglesa en la que ahora se conoce y que, sin duda, mucha gente no informada cree que proviene del quechua.
Los tercios de Flandes se encargaron de aportar algunas nuevas palabras al español indiano que, sin embargo, no arraigaron en la Península. Estos soldados, en contacto con la lengua germánica en los Países Bajos, se apropiaron de algunos vocablos de la región, los que fueron incorporados al lenguaje militar. Es así como de la raíz del Alto Alemán Antiguo whata que significaba ‘ver’, se derivó la palabra del Antiguo Francés waitier, observar, ver, cumplir el papel de vigía. Nótese que de esa misma raíz derivan también dos palabras inglesas, watch, ‘observar’, y wait, ‘esperar’, así como await que significa ‘estar en un sitio aguardando con expectación’; todo lo cual tiene referencia con la labor de vigía militar a la que estaban acostumbrados los tercios. No es de extrañar que castellanizaran la expresión vinculando “aguardar” con waitier. Lo que dio como resultado “aguaitar”. Estos mismos soldados fueron más tarde enviados a América donde llegaron con su nuevo vocabulario militar germánico que pronto se vulgarizó y se civilizó. De esta manera, sin que en España haya echado raíces (quizá salvo en Cataluña), “aguaitar” se convirtió hasta nuestros días en una de las palabras más comunes del español indiano, con el significado de atisbar, ver a través de una ventana o de una puerta: “Hija, aguaita si ya llegaron los invitados”, “A ver, aguaita si el que está tocando la puerta es Juan”, “Aquí tienes los prismáticos: aguaita a las bañistas en la playa que están guapísimas”.
Un solo ejemplo más que puede interesar a los aficionados a la gastronomía. Hay palabras que España repartió en distintos escenarios y que tomaron significados emparentados pero diferentes en cada medio cultural. Una de ellas es “escabeche”, que viene del árabe sakbay y que originalmente significó un guiso de carne con vinagre. Más tarde se comprobó que esta preparación permitía conservar muy bien el pescado y se la empleó con ese propósito utilitario. Los tercios la llevaron a Flandes, donde tuvo un gran éxito y dio origen a la palabra scavech del dialecto valón: el actual obrero del sur de Bélgica es todavía muy aficionado a este plato que forma parte de su dieta habitual y que incluso lleva a la fábrica para comerlo durante el descanso de mediodía. Obviamente, el escabeche llegó también a Indias. En la costa peruana, donde hay pescado en gran cantidad, el escabeche se transformó en un plato exquisito que se prepara no para conservar el pescado (lo que no es necesario debido a su abundancia) sino para agasajar a la familia en la reunión del domingo o como plato de fondo en un simpático almuerzo de playa. Se utiliza filetes de pescado fino, muy blanco, que se remojan en leche con ajos, luego se apanan y se fríen en la sartén; y todo ello se sirve frío, en grandes fuentes, con una salsa con mucha cebolla roja y ají en tiras, acompañado de camote sancochado.
El llamado en América “castellano” —y que podemos calificar como “español indiano”— puede representar un fascinante estudio de caso sobre la evolución de las lenguas.
Publicado originalmente el 27 de abril de 2003
alemán América cultura francés historia idiomas paísesSpanglish
El spanglish es un híbrido que hablan unos 40 millones de latinos en EEUU.
Empezó en 1848 cuando México vendió a EEUU dos terceras partes de su territorio y la gente se enfrentó a un nuevo contexto lingüístico. En los 60 lo adoptó la clase media cubana recién llegada y se extendió imparable.
Es diferente a una jerga o un dialecto, es el resultado de una mezcla cultural en el que los términos se adaptan fruto de un exceso de vocabulario.
Veamos unos ejemplos:
Voy a la washatería a lavar la ropa.
(washatería de to wash -lavar- con significado de lavandería)
Ése, los califas están muy cool.
(ése es una expresión utilizada por los chicanos que significa amigo, califas son los californianos de origen mexicano y cool significa de moda)
La marketa debería tener más safeties; ayer fue robada.
(marketa viene de market -colmado- y safeties de safety -seguridad-)
Tiene que arreglar las brekas de su carro.
(brekas por brakes, frenos)
María va a chequear al baby.
(chequear por to check, comprobar; baby, bebé)
Mi honey tiene que vacunar la carpeta por que esta muy cochina.
(honey, cariño; vacunar por to vacuum, aspirar; carpeta por carpet, alfombra)
Valer un Potosí
¿Sabías por qué VALER UN POTOSÍ es una frase que se aplica a algo o a alguien que es de mucho precio, valor o estimación?
Potosí es una ciudad de Bolivia, capital del departamento del mismo nombre, situada en la cordillera Oriental de los Andes, al pie del famoso Cerro Rico de Potosí.
El origen de esta frase se encuentra en las fabulosas minas de plata y estaño que datan de la época precolombina.
La ciudad surgió al amparo de las minas en 1544 y llegó a convertirse —con más de 150.000 habitantes en el siglo XVII— en la mayor ciudad de América.
De Potosí salían las caravanas con la plata acuñada en la gran Casa de la Moneda —considerada patrimonio de la humanidad por la Unesco— hacia el virreinato del Perú y también hacia el sur, hacia ese gran estuario que recibió el nombre de Río de la Plata por este motivo.
De análogo significado es la frase Valer un Perú que también se originó en las fabulosas riquezas de oro y plata de la época precolombina que los españoles llevaron a España.
América plata valorCanadá

¿Sabías por qué se llama CANADÁ cierto país norteamericano?
En 1535 dos niños indios hurones indicaron al explorador francés Jacques Cartier el camino hacia la localidad de Stadacona (hoy Quebec), a la que se refirieron como kanata que significaba pueblo, villa en su idioma.
El mismo significado que tiene en lengua inuktitut, la lengua del pueblo Inuit.
Cartier llamó Canadá a Stadacona y, poco a poco, este nombre se fue aplicando a regiones cada vez más extensas de territorio.
En 1867, el nuevo país adoptó oficialmente el nombre de Canadá.
América idiomas nombres países¿Méjico o México?
Texto obtenido en Interner de autor desconocido
En castellano antiguo no existía el sonido actual de “j”. Palabras como “caja”, “bajo” o “jarabe” se escribían con “x”: “caxa”, “baxo”, “xarabe” y esa “x” se pronunciaba como en inglés “sh”, es decir como se pronunciaría en inglés “casha”, “basho”, “sharabe”. “México” o “Texas” se escribían (y se escriben todavía así) porque se pronunciaban “Méshico”, “Teshas”. Cuando cambió la pronunciación de “x” (”sh”) a “j”, algunas palabras (básicamente nombres propios) conservaron la “x” en su grafía aunque su pronunciación es con “j”. Por otra parte, la grafía “x” pasó a representar el sonido de “ks”, como en “examen”, “exigir”, etc. (Hay que añadir que la letra “j” tenía antiguamente el mismo sonido que la “j” inglesa, es decir, “Juan” se pronunciaba como en inglés “John”, luego pasó a pronunciarse como “sh” y finalmente como se pronuncia ahora. Es decir, tanto “x” (sh) como “j” desembocaron en el mismo sonido -la “j” actual-).
En España, se acostumbra a escribir “Méjico”, “Tejas”, “Javier” o “Jiménez” para acomodarlos a su pronunciación actual, mientras en América se suele escribir “México”, “Texas”, “Xavier” o “Ximénez”.
La Real Academia de la Lengua Española permite escribir esos nombres de las dos maneras. Lo que es un error inaceptable es pronunciar “México” o “Texas” como hacen los ingleses, es decir, “Méksico” o “Teksas”, ya que en castellano esos nombres no se han pronunciado nunca así. La pronunciación antigua de “x” en castellano como “sh” explica porque los ingleses llaman “sherry” al vino de Jerez. Por supuesto, Jerez se pronunciaba en castellano antiguo “Xerés” (Sherés).
América letras sonidoFalsas etimologías
Hay muchas etimologías erróneas que a fuerza de repetirse parecen ganar visos de credibilidad. Incluso circula por las listas de correo de Internet un texto con un compendio de ellas que podrían ser calificadas de dudosas cuando no claramente falsas. A continuación van a ser rebatidas gracias a una…
Colaboración de Francesc Ojeda
Durante la guerra de secesión, cuando regresaban las tropas a sus cuarteles sin tener ninguna baja, ponían en una gran pizarra ‘0 Killed’ (cero muertos). De ahí proviene la expresión ‘O.K.’ para decir que todo esta bien.
El origen de esta expresión es anterior a la Guerra de Secesión. Parece proceder de la campaña electoral del presidente norteamericano Martin Van Buren, que era conocido con el sobrenombre de Old Kinderhook (por el nombre de su localidad natal). Basándose en este apodo, un grupo de amigos fundó un “Club O.K.” para apoyar la campaña. Van Buren, al parecer, tenía fama de bruto y un semanario satírico publicó un chiste en que se le preguntaba por el significado de las siglas O.K. y él respondía “Oll Korrekt” (es decir, all correct: ‘todo correcto’), demostrando un craso desconocimiento de la ortografía de su lengua. La broma se popularizó y fue el origen de que se diga O.K. para indicar que todo va bien.
En los conventos, durante la lectura de las Sagradas Escrituras al referirse a San José, decían siempre “Pater Putatibus” y por simplificar “P.P.”. Así nació el llamar “Pepe” a los “José”.
Es una etimología muy conocida y que figura incluso en obras tan serias como el Diccionario del origen de las palabras de Alberto Buitrago y J. Agustín Torijano. No obstante, es muy dudoso que sea auténtica. El nombre José procede de Joseph (pronunciado Josef o Josep). Como en castellano esta terminación es inusual, se castellanizó eliminando la p(h) o bien, añadiendo una -e (Josepe). La última solución sólo se usa hoy en ámbitos rurales, pero es muy posible que de ella haya surgido el hipocorístico Pepe, de igual manera que Lolo de Manolo, Loles de Dolores, Meme de Remedios, etc…
En el Nuevo Testamento en el libro de San Mateo dice “es más fácil que un camello pase por el ojo de una aguja a que un rico entre al Reino de los Cielos”. El problemita es que San Jerónimo, el traductor del texto, interpretó la palabra “kamelos” como camello, cuando en realidad en griego “kamelos” es aquella soga gruesa con la que se amarran los barcos a los muelles… en definitiva el sentido de la frase es el mismo… pero cuál les parece mas coherente?…
Desde antiguo, ha sorprendido esta metáfora por su desmesura. De ahí que muchos hayan intentando buscar una explicación alternativa. La de la confusión entre kámelos, ‘camello’ y kámilos, ‘soga’, ha sido defendida, entre otros, por Unamuno. Parece, sin embargo, que se trata de una comparación usual en los países orientales. En el Corán se puede leer (sura VII, 38; traducción de J. Vernet):
“Para quienes hayan desmentido nuestras aleluyas y se hayan enorgullecido ante ellas, no se abrirán las puertas del cielo ni entrarán en el Paraíso hasta que penetre el camello por el agujero de una aguja. Así recompensaremos a los criminales.”
Cuando los conquistadores ingleses llegaron a Australia, se asombraron al ver unos extraños animales que daban saltos increíbles. Inmediatamente llamaron a un nativo (los indígenas australianos eran extremadamente pacíficos) y le intentaron preguntar mediante señas. Al notar que el indio siempre decía “Kan Ghu Ru” adoptaron el vocablo inglés “kangaroo” (canguro). Los lingüistas determinaron tiempo después el significado, el cual era muy claro, los indígenas querían decir “No le entiendo”.
Procede efectivamente de alguna lengua indígena australiana, pero se desconoce su significado.
La zona de México conocida como Yucatán viene de la conquista cuando un español le preguntó a un indígena como llamaban ellos, ese lugar… el indio le dijo: Yucatán. Lo que el español no sabia era que le estaba contestando: “no soy de aquí”.
Desconocemos el origen, pero dudamos mucho que signifique “no lo sé”. No es así como suelen nacer los topónimos.
En la antigua Inglaterra la gente no podía tener sexo sin contar con el consentimiento del Rey (a menos que se tratara de un miembro de la familia real). Cuando la gente quería tener un hijo debían solicitar un permiso al monarca, quien les entregaba una placa que debían colgar afuera de su puerta mientras tenían relaciones. La placa decía “Fornication Under Consent of the King” (F.U.C.K.). Ése es el origen de tan “socorrida” palabra.
Es cierto que en la Edad Media el ejercicio de la prostitución estuvo sometido a una meticulosa reglamentación. Esta parece ser la base de esta curiosa (y muy conocida) etimología en la que todo lo demás es falso, por no decir disparatado. Para empezar, hay una incongruencia intrínseca: se confunde la prostitución con el sexo efectuado sin interés económico. En segundo lugar, se atribuye a la monarquía inglesa un grado de despotismo jamás conocido en la historia de la humanidad. Por otro lado, ¿qué interés tendría para el rey semejante prohibición? Finalmente, la creación de nuevas palabras (como láser o radar) a partir de siglas es algo propio del siglo XX. Cualquier etimología de este tipo que sea anterior es, con toda probabilidad, falsa. El inglés to fuck está emparentado con el alemán ficken y, probablemente, con el latín fotuere.
Publicado originalmente el 18 de Diciembre de 2000
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