La Luna

Colaboración de Julio Arteaga

El nombre de Luna por el que conocemos a nuestro satélite viene del latín luna con el mismo significado. En cambio se usa el término griego selenita como supuesto gentilicio de este satélite. Este nombre proviene de Selene, diosa griega asociada a la luna.

Antiguamente se asociaban los cambios de humor a las fases de la luna, así cuando alguien mostraba una psique alterada se decía de él que era un lunático.

La palabra inglesa para mes, month, proviene de moonth, una forma sajona primitiva para ‘lunación’. El mismo origen tiene moon, ‘luna’ en inglés. Ello es debido al primitivo uso de un calendario lunar en la cultura sajona, al igual que en la neerlandesa donde la palabra para luna es maan, y para mes es maand.

También emplearon calendarios lunares otras culturas. En el idioma turco, la palabra Ay, ‘mes’, también significa ‘luna’. En los idiomas chino y japonés las palabras ‘luna’ y ‘mes’ se escriben con el mismo carácter (kanji en japonés o hanzi en chino).

En castellano el primer día de la semana, el lunes, tiene su raíz en el ‘día de la luna’ o dies lunae. Esto se puede ver también en el idioma inglés, en que monday viene de moon day , en alemán donde se llama montag y en francés donde se llama lundi.

días lunes tiempo

Cuatro días

22May07

Cuatro días¿Sabías por qué se utiliza CUATRO DÍAS para expresar una cantidad muy breve de tiempo?

Se suele decir que la vida son cuatro días, y también ¡a vivir, que son dos días!

Ambas frases hechas hacen referencia a la conveniencia de disfrutar en lo posible de la vida, eludiendo complicaciones y privaciones.

Lo que ocurre es que la gente —muy libre de decir lo que quiera— suele combinar las dos frases, e incluso utilizarlas con el número tres o añadiéndoles coletillas más o menos graciosas. Así se puede oir: la vida son tres días, ¡a vivir, que son cuatro días! o ¡a vivir, que son dos días y uno llueve!

Respuesta a una consulta de mecmar

días tiempo

Las calendas, en el antiguo cómputo romano y en el eclesiástico, eran el primer día de cada mes.

Y los idus eran el día 15 de marzo, mayo, julio y octubre, y el 13 de los demás meses.

Los romanos tomaban el primer día de cada mes, entre otras cosas, como referencia para el cumplimiento de compromisos y el vencimiento de algunas deudas. De ahí que actualmente sigamos pagando la hipoteca, el crédito, la tarjeta… el primer día de mes.

Cuando se aplaza una acción sine die (sin plazo prefijado, en latín) pero que se sospecha indefinido, se suele decir con cierta ironía que se aplaza ad calendas graecas (para las calendas griegas, en latín).

Ello quiere decir que se aplaza indefinidamente, para un plazo que no ha de cumplirse, para nunca, puesto que los griegos no utilizaban las calendas para el cómputo del tiempo ni para el cumplimiento de los compromisos. Es lo mismo que decir que el asunto se aplaza con la intención de olvidarlo.

Este uso irónico que damos a la expresión, está tomado de un texto del historiador romano Cayo Suetonio Tranquilo que en Los doce Césares dice de Octavio Augusto: “Por sus cartas autógrafas se ve que en la conversación familiar se valía de muchas locuciones notables. Por ejemplo, al hablar de los malos pagadores decía: Pagarán en las calendas griegas”.

días Grecia

Martes y trece

04Oct04

La última cena - Leonardo da Vinci

¿Sabías por qué el MARTES Y TRECE es considerado como día de mala suerte?

Si hay un día nefasto entre los más nefastos días, es el martes y trece, o su equivalente anglosajón —titular de películas de terror— viernes trece.

El origen de considerar fatídico el número 13 se encuentra en la Santa Cena, en la que se reunieron 13 comensales —Jesucristo y los doce apóstoles— con el resultado de la muerte en la cruz del Maestro. Ya desde muy antiguo se ha considerado de mal agüero reunir trece comensales alrededor de una mesa, pues existía la creencia supersticiosa de que si se hacía tal cosa, uno de los comensales moriría al día siguiente.

Más tarde las connotaciones negativas se extendieron a otros ámbitos y se eliminaron habitaciones de hotel con tal número e incluso pisos número 13.

Respecto al martes, se dice que el origen se encuentra en la derrota que sufrió en Játiva —en un martes— don Jaime I el Conquistador, pero el verdadero motivo se debe a su asociación con el dios Marte —dios romano de la guerra— relacionado con la sangre y la muerte.

Éstos y otros relatos o hechos diferentes han ido a concentrarse en el mismo día, del que dice el saber popular:

Llegó la hora, el martes, decís las viejas, de toda la semana el día más infortunado.
En martes ni te cases ni te embarques.
En martes ni gallina eches, ni hija cases.
En martes ni hijo cases, ni cochino mates.
En martes ni tela urdas, ni hija cases, ni las lleves a confesar que no dirán la verdad.
En martes ni tu casa mudes, ni tu hija cases, ni tu ropa tajes.

días martes suerte

Sistema solar

Las diferentes unidades de medida del tiempo y los nombres por las que las conocemos no son cosa de ayer. Desde antiguo hemos dividido el tiempo en las mismas porciones y los nombres actuales provienen de los de antaño. Y no obedecen a decisiones arbitrarias sino que están basadas en los conocimientos astronómicos de los pueblos de la Edad Antigua que han llegado hasta nuestros días a través del filtro de la roma clásica.

La diferenciación entre el día y la noche es la más obvia de realizar, siendo el siguiente paso el agruparlos en una unidad de tiempo que abarca un ciclo de luz-oscuridad. Después se unen en grupos de siete días llamados semanas (de sept, ’siete’ en latín). Y son siete los días de la semana, pues siete eran los astros móviles sobre el fondo fijo de un firmamento de estrellas que observaban los primitivos astrónomos. A saber: Mercurio, Venus, Marte, Júpiter, Saturno, Luna y Sol. Comoquiera que estos pueblos mantenían cultos politeístas, identificaron algunas de sus deidades con estos cuerpos que, majestuosamente, se desplazaban de constelación en  constelación. Por ello dedicaron un día a la honra o adoración de cada uno de ellos y, una vez completado el ciclo de siete días, volvían a repetirlo. Diferentes han sido los nombres como diferentes han sido los pueblos pero, merced al poder integrador de la cultura romana, nos han llegado hasta la actualidad con un nombre único.

El orden viene dado por proximidad y por unos valores que la antigua astronomía calculaba a partir de su posición en la bóveda celeste. Comenzaron por el más próximo a la Tierra según la concepción Toloméica del Universo, la vigente en esos días.

Así consideraban que el astro más cercano era el Sol (sol, solis, en latín) al que dedicaron el primero de los días. Nótese a este respecto que la semana comienza en domingo y acaba en sábado, día que el pueblo judío dedicaba al descanso al final de la misma. Así se dice cap de setmana,’cabeza de semana’ en catalán, al conjunto de días festivos del actual fin de semana. Algunos idiomas corroboran el origen del nombre, como es el caso del inglés sunday (dies solis, ‘día del Sol’ en latín). Posteriormente, con la cristianización del Imperio Romano se dedicó el día al Señor y le llamamos domingo (de dies Dominica, ‘día del Señor’ en latín). También se le colocó en último lugar de la semana como correspondía al día del descanso.

El siguiente astro fue el consagrado a Selene, diosa griega que simbolizaba la Luna. El lunes (dies Lunae, ‘día de la Luna’ en latín) también muestra más clara su procedencia en el monday inglés o en el montag alemán.

El martes (dies Martis, ‘día de Marte’ en latín) fue dedicado a Marte, dios romano de la guerra. El conocido por planeta rojo fue asimilado al dios guerrero precisamente por su color, el de la sangre y el fuego. El nombre de sus satélites Phobos y Deimos corresponden al de los hijos del dios, que conducían su carro de combate.

El miércoles (dies Mercurii, ‘día de Mercurio’ en latín) fue asimilado a Mercurio, dios romano de la velocidad, precisamente por ser éste el planeta con el movimiento aparente más rápido de los siete. Otras lenguas mantienen la misma raíz latina, como el dimecres catalán o el mercoledì italiano.

El jueves (dies Jovis, ‘día de Júpiter’ en latín) fue dedicado a Júpiter, el mayor de los dioses del panteón romano. El planeta que simbolizaba al dios por su tamaño y por su lento movimiento aparente, enseñoreándose del firmamento.

El viernes (dies Veneris, ‘día de Venus’ en latín) fue consagrado a Venus, diosa de la belleza, precisamente por esta cualidad, la belleza del lucero del alba. Otras lenguas mantienen la misma raíz latina como el vendredi francés o el venerdì italiano.

Y finalmente, el sábado (dies Saturnus, ‘día de Saturno’ en latín) fue asimilado a Saturno por la gran cantidad de satélites que posee, como la gran cantidad de hijos del dios de la agricultura. De nuevo podemos constatar la similitud con el saturday inglés, en donde no se cambió la denominación, como en otras lenguas, por la del sabbatum latino, que deriva a su vez del shabbath, ‘descansar’, en hebreo, y que era el día de descanso antes de que el cristianismo lo cambiase por el domingo.

Si ya se han acabado los días de la semana no ha ocurrido así con los planetas del Sistema Solar. A los descubiertos en fechas mucho más recientes se le ha seguido nombrando siguiendo la tradición clásica.

Urano fue llamado Georgium Sidus, ‘estrella de Jorge’, en latín, por su descubridor William Herschel en honor a su mecenas real Jorge III, pero posteriormente se le llamó con el nombre actual. Si tras Júpiter venía su padre Saturno, tras éste debía venir el propio: Urano, padre de los titanes y de entre ellos el más poderoso Cronos, dios griego asimilado al Saturno romano.

Neptuno es el siguiente. Hermano de Júpiter y dios de los mares, asimilado al planeta de tonos verdeazulados. Y después Plutón, hermano de Júpiter y de Neptuno, dios de los muertos y del inframundo. Nombre adecuado para el planeta más alejado del Sol, el que vaga por las más inhóspitas regiones de nuestro sistema en compañía de Caronte, su satélite.

Incluso los nombres de los satélites tienen que ver con la mitología. Ya se ha hablado de la Luna, pero quedan otros más. Por ejemplo, Phobos y Deimos —satélites de Marte— no podían tener nombres másapropiados. El astrónomo norteamericano Asaph Hall los bautizó con los nombres de Deimos, ‘Terror’ y Phobos, ‘Temor’, correspondientes a los dos hijos del dios Marte que, según explica Homero en la Ilíada, le asistían en el manejo de su carro de combate. Por su parte Caronte —satélite de Plutón— recibe su nombre del barquero que conduce las almas de los muertos a través de la laguna Estigia hasta el reino de Plutón.

Y, para finalizar, una curiosidad. El género de todos los planetas y satélites es el masculino, incluso para Venus que simboliza a una diosa; lo que se podría explicar con el género de las palabras planeta y satélite, también masculino. Pero la regla se rompe con La Tierra y La Luna, de género femenino. ¿Por qué este uso del género? Quizá la explicación al primer caso sea la comparación con una madre. Es decir, la madre Tierra que, como la propia, nos provee de cobijo y alimento y pone a nuestra disposición lo necesario para cubrir nuestras necesidades. Y quizá la explicación del segundo esté en sus fases y su ciclo de 28 días, y la relación de éste con el ciclo femenino y con los aspectos de fertilidad que lleva asociados.

Colaboración de Francesc Ojeda

En las lenguas románicas, el género de la luna es femenino, pero en muchos idiomas es masculino. El caso más conocido es el del alemán der Mond. Además, en muchos pueblos indígenas, existen mitos según los cuales la luna (el luno) baja de noche a la tierra y viola a las mujeres. Es de suponer que esta creencia ha nacido por la relación entre el ciclo menstrual y el ciclo lunar.

Publicado originalmente el 11 de octubre de 1999
Ampliado el 18 de diciembre de 2000
Ampliado el 26 de agosto de 2004

días domingo Júpiter jueves la Tierra lunes Marte martes Mercurio miércoles Neptuno Plutón Roma Saturno sábado semana Urano Venus viernes

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