Insultos y tacos
Colaboración de Pablo S.
Los juramentos, los insultos y las blasfemias son recursos idiomáticos inherentes a todas las lenguas del mundo. Los temas más recurrentes en la creación de tacos e insultos son tres: los que se refieren a blasfemias, los de acepción sexual y los de contenido escatológico.
Dependiendo de cada cultura su empleo varía de forma considerable. En la mayoría de los países su grado de utilización está íntimamente relacionado con el nivel cultural y social del hablante. Sin embargo, existen territorios —España sobre todo— en los que el respeto hacia el interlocutor se relaja cada vez más, lo que produce que los tacos tengan mayor aceptación. Algo impensable en cualquier otro país del mundo, donde su uso se restringe a los jóvenes o a las situaciones en las que hay un alto nivel de confianza entre los hablantes.
Alemanes, portugueses, holandeses, flamencos y franceses suelen ser los más recatados. Pero dentro de estas lenguas existen ciertas particularidades, como la de los franceses de origen árabe, que hacen que la incorrección alcance cotas muy altas al incorporar expresiones xenófobas. Un ejemplo: Je nique ta race, ‘maldigo tu raza’, una frase que es usada ante contratiempos banales.
Los anglófonos son, en general, bastante malhablados pero poco originales. En ese aspecto, holandeses y flamencos son muy imaginativos. En Amsterdam, un ciudadano enojado le deseará finamente que le sodomicen, sodemieter op!; y en Amberes tal vez oiga que es un klootzak, ‘escroto’. ¿Y los más comedidos? Los japoneses, y en especial las mujeres, que siguen desempeñando un papel ancestral de virtud, sumisión y mesura. Ni siquiera los jóvenes nipones se sueltan la melena. En el país del sol naciente, donde el respeto cimenta la convivencia, los tacos apenas existen y son casi de uso exclusivo de maleantes.
Españoles, franceses, alemanes, británicos, turcos e italianos consideran como un grave ataque a su persona ser tratados de hijos de puta. También es común a todos ellos el enfado si se hace referencia a una supuesta homosexualidad. En cuanto al insulto dirigido a mujeres, lo que no es tolerable en ningún caso es ser comparada con una prostituta.
A partir de estas generalidades, las sensibilidades varían. Un italiano perderá los nervios si se le trata de cornuto o si se meten con su hermana; un holandés no soporta que alguien le desee que se muera de una enfermedad; y para un turco la mayor afrenta será llamarle burro y meter en esta categoría a su padre, esek oglu esek. En el caso de los árabes la situación se complica en el momento en el que se maldice la religión de la madre, nâal din mouk o cuando se le insinúa ser un wald al harem, ‘hijo de lo ilícito’.
También existen insultos que, siendo menos ofensivos, resultan graciosos: en estas lides los más originales son los belgas flamencos, que comparan al adversario con un smeerlap, ‘trapo sucio’. O los italianos que, no contentos con maldecir a los muertos de uno, su maldición salpica hasta a los muertos de los muertos: I muort’ e chi t’e muort.
En cuanto a los tacos o palabras de mal gusto utilizadas para mostrar cierta disconformidad ante una situación concreta, la mayoría de las lenguas europeas opta por expresarla mediante una sonora alusión a las heces: mierda en castellano, shit en inglés, merde en francés y scheisse en alemán. También se decantan por ella los árabes que exclaman jra.
Por contra, los italianos emplean a menudo la palabra relativa al pene, en su versión coloquial y en sus distintos dialectos: cazzo, minchia, para expresar la sorpresa o el enfado.
Sólo los anglófonos se asemejan más a los españoles y muy a menudo no pueden evitar colar en cualquier frase una referencia al acto sexual, su fuck que se corresponde con nuestro joder.
Fin de la colaboración
Para ilustrar el tema nada mejor que una muestra del ingenio patrio.

Calentársele a uno la boca

¿Sabías por qué decimos que CALENTÁRSELE A UNO LA BOCA es acalorarse en una discusión poco a poco hasta acabar por prorrumpir en palabras descompuestas?
También se dice del que se explaya hablando acerca de algún punto y sin miramiento ni diplomacia.
Es una frase tomada de los caballos que, por calentárseles la boca, se desbocan.
El bocado es la parte del freno que entra en la boca de la caballería. Por su uso, la caballería puede hacerse insensible al freno y dispararse, perdiendo el jinete el control sobre ella.
Por extensión, del hombre que habla así, sin medida y perdiendo el control, se dice de él que se le ha calentado la boca.
animales enfado





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