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Bicicleta pintada en blanco, muy apta para el asfalto, con muy poco uso.

O quien no se conforma es porque no quiere.

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Chistes (12)

20Dic06

ChistesUna nueva ronda de chistes cuya gracia —si alguna tienen— se basa en un uso particular del lenguaje, en equívocos y ambigüedades.

En el restaurante:
-¡Camarero!, ¿podría repetir el postre, por favor?
-Por supuesto, señor. ¡El postre, el postre, el postre…!

En el restaurante:
-Tenemos un menú de nueve euros y otro de seis euros.
-¿Y qué diferencia hay?
-Tres euros.

En el restaurante:
-¿Qué va a tomar el señor?
-Una tortilla, por favor.
-¿Cómo la quiere: francesa o española?
-Me da igual, no voy a hablar con ella.

Dos niños pequeños discuten:
-No se dice yo no sabo, se dice yo no sepo.
-No se dice yo no sepo, se dice yo no sabo.
Una señora que pasaba por allí les dice:
-No se dice de ninguna de las dos maneras.
-¿Entonces cómo se dice?
-Yo no sé.
-¡Pues si no sabe para qué se mete!

Dos amigos se encuentran por la calle y le dice uno al otro:
-¿Puedo confiarte un secreto?
-Por supuesto, somos amigos.
-Necesito 6.000 euros.
-Tranquilo, como si no me hubieses dicho nada.

Uno le dice a un amigo tartamudo:
-¿Por qué no vas a una escuela de tartamudos?
-¿Y pa-pa-para qué?,… ¡si ya tarta-ta-ta-mudeo mu-muy bien!

- Papá, ¿cómo se escribe campana?
- Se escribe tal como suena.
- ¿talán talán?

Una manzana está esperando el autobús.
Llega una banana y le pregunta:
-¿Hace mucho que usted espera?
Y la manzana responde:
-No, yo siempre fui manzana.

Dos amigas tomando café:
-Oye, ¿qué es de Pilar?
-¿Depilar?, quitarse los pelos de las piernas.

En una discoteca:
-Perdone, camarero, ¿la salida?
-La rubia vestida de rojo.
-¡No, hombre! la de emergencia.
-La gorda de gafas.

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Chistes (11)

08Dic06

Reir alarga la vida

Una nueva ronda de chistes cuya gracia —si alguna tienen— se basa en un uso particular del lenguaje, en equívocos y ambigüedades

La maestra al alumno:
-No sabía que tu padre estaba en México, ¿por qué está separado de tu madre?
-Por el océano Atlántico, señorita.

La maestra al alumno:
-¿Has copiado el examen de tu compañero?
-No, señorita, me copiaría él a mi.
-Copiaste tú, porque él respondió a la tercera pregunta “no lo sé” y tú “yo tampoco”.

La maestra al alumno:
-¿Sabes nadar?
-Sí, señorita.
-¿Dónde has aprendido?
-En el agua.

La maestra al alumno:
-¿A cuántos grados hierve el agua?
-A 90 grados.
Interrumpe un compañero:
-¡Qué burro!, lo que hierve a 90 grados es el ángulo recto.

En una librería:
-¿Tienen algo de Hemingway?
-Sí, “El viejo y el mar”.
-Pues deme… “El mar”.

En una carrera:
-Papá, ¿por qué corren tanto esos señores?
-Porque al primero le dan un premio.
-Entonces, los demás… ¿para qué corren?

-Por favor, ¿me puede decir cuál es la Calle Mayor?
-No lo sé. Nunca las he medido.

Se encuentran dos amigos y le dice uno al otro:
-He soñado que ganaba 20 millones de euros como mi padre.
-¿Tu padre gana 20 millones de euros?
-No, también lo sueña.

-¿Le ha gustado mi libro? -pregunta el escritor novel.
-Su libro es bueno y original -responde el editor.
-¿Lo editará entonces?
-No.
-¿Por qué? ¿no es bueno y original?
-Sí, pero la parte que es buena no es original y la parte que es original no es buena.

La maestra al alumno:
-¿Cómo se llaman los que han nacido en Jaén?
-¿Todos?

chistes equívocos

Se trata de un vicio de dicción por el que las palabras o frases pueden tener más de un sentido o interpretación.

Los término ambiguos nos pueden llevar al equívoco.

Veamos un ejemplo:

Le miró con afecto y le volvió a acariciar el lomo. En aquellos últimos días se había convertido en un compañero inseparable con el que compartir los paseos matutinos y las íntimas y largas noches al calor de la lumbre. Él le decía un montón de cosas de aquella manera muda y especial que tenían los de su especie. Lo compartía todo y se daba todo, sin pedir nunca nada a cambio. Reposaba de nuevo en su regazo, como dormido. Lo cogió con cuidado y lo colocó junto a sus hermanos, en un estante especial de la librería. Las letras de su lomo… como que sonreían. Sin duda, sería uno de sus libros preferido.

ambigüedad equívocos

Es muy importante saber puntuar correctamente un texto.

Si lo hacemos mal, puede cambiar el sentido del mismo. Veamos unos ejemplos:

César entró sobre la cabeza, llevaba el casco en los pies, las sandalias en la mano, la fiel espada presta para el combate.

Extraña conducta, ¿no es cierto? Pero si puntuamos correctamente leeremos:

César entró, sobre la cabeza llevaba el casco, en los pies las sandalias, en la mano la fiel espada presta para el combate.

Otro ejemplo en el que la coma vale nada menos que un euro:

Café, puro y copa a un euro cada uno son… tres euros.

Café puro y copa a un euro cada uno son… dos euros.

Otro:

Dicen que el ex-presidente argentino Juan Domingo Perón escribió una carta a su esposa que se hallaba de visita en otro país. Acabó la misiva con la siguiente frase:

Evita besos y abrazos.

¿Qué pasa? ¿Había una epidemia o algo así? ¿O es que olvidó la coma tras el nombre de su esposa?

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Ambigüedad (4)

18Sep06

O también La importancia de una coma.

Se trata de, con una simple coma, dar sentido a esta frase incoherente y absurda:

“Juan tenía un caballo y la madre de Juan era también el padre del caballo”.

Este texto totalmente ambiguo nos da a entender que Juan tenía un caballo (hasta aquí bien) pero también dice que la madre de Juan era el padre del caballo de Juan (lo que ya no está tan bien).

La solución pasa por poner una coma detrás de madre, con lo que el texto queda como sigue:

“Juan tenía un caballo y la madre, de Juan era también el padre del caballo”.

Así tenemos que Juan tenía al padre del caballo, a la madre del caballo y al propio caballo.

¡Acabáramos!

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Aviso

06Sep06

Colaboración de Fernando de Trazegnies

Un texto basado en el equívoco.

A TODO EL PERSONAL

Ha trascendido que las notas adjuntas a documentos por fotocopiar, así como algunos pedidos verbales de copias, han venido causando problemas al encargado de la fotocopiadora, al extremo de hacer peligrar su hogar. Esta persona ha hecho llegar sus quejas a la Administración, razón por la cual nos vemos obligados a intervenir.Esta situación engorrosa se origina con frecuencia en el mal uso de la lengua española por parte de nuestras funcionarias. Por ello, se solicita encarecidamente al personal femenino de la institución que, cuando procedan a solicitar fotocopias, tengan a bien expresarse con propiedad y completando las frases.

A título de ejemplo, se citan algunas notas y frases recibidas recientemente:

- Por favor, Oscar, házmelo lo más de prisa posible, pues el ingeniero también está esperando.

- Oscarcito, házmelo como la otra vez, anda ¡no seas malito!

- Hazme cuatro rapidito, pero bien, como tú sabes.

- Oscar, por los dos lados, y fíjate bien que por detrás tiene que entrar todo.

- Anda Oscar, primero a mí, que lo mío es más urgente.

- Cuando la saques, que salga derechita.

- Oscarcito, despacito, pero que salga bien.

Y la más reciente, habiendo numerosos trabajos en espera:

- Oscar, ¡urgente! ¿Me la puedes meter en medio sin que nadie se entere y sacármela rapidito?

Los comentarios y explicaciones huelgan.

LA ADMINISTRACIÓN

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El término designa el uso impropio de una palabra tomada en el lugar de otra de fonética similar, con consecuencias normalmente cómicas.

Un lapsus linguae que puede ser voluntario para provocar la risa o puede ser involuntario, que es cuando tiene gracia de veras.

A continuación unos ejemplos:

Carmen Diez por carpe diem.
Columna vertical por columna vertebral.
Entre la espalda y la pared por entre la espada y la pared.
A pies juntitos por a pie juntillas.
A caspa y espada por a capa y espada.
Como los chorros del loro por como los chorros del oro.
Hernia fiscal por hernia discal.
Ponerse los pelos de gallina por piel de gallina y pelos de punta.
Estar en el candelabro por estar en el candelero.
Comida ovípara por comida opípara.
Limpia como una patera por limpia como una patena.
Nadando en la ambulancia por nadando en la abundancia.

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Chistes (10)

31Jul06

RisaChistes de equívocos, de juegos de palabras, de ambigüedades… de lenguaje, en definitiva.

En un taxi:
-A la calle Mayor.
-¿A qué altura? -pregunta el taxista.
-A ras de suelo, que tengo vértigo.

-¿Desde cuándo trabajas en esta empresa?
-Desde que me dijeron que si no lo hacía me echarían.

-¿Tiene bombillas para 220?
-Sí señor.
-¡Pasad, que hay bombillas para todos!

-El libro está agotado señorita.
-¿Sí? -contesta ella decepcionada.
-Pero le advierto que yo estoy en plena forma.

-Doctor, mi mujer me pone los cuernos y no me salen.
-¡Pero hombre! eso es en sentido figurado.
-¡Qué susto! Creí que era por falta de calcio.

Un legionario romano a otro.
-Claudius, ¿en qué año estamos?
-En el XXV.
-¡Por el culo te la hinco!

-¿En qué sueñas?
-En ser millonario, como mi padre.
-¿Tu padre es millonario?
-No, él también lo sueña.

-¿Qué tengo, doctor?
-Cefalalgia.
-¿Y eso de dónde viene?
-Del griego.

-¿Eres de dónde?
-De un lugar en el que las oraciones no terminan en adverbios -contesta engreído.
-Ok. ¿Eres de dónde, imbécil?

-Por favor, ¿la plaza Mayor?
-¿Cómo puede preguntar eso? Hasta un idiota sabe ir a la plaza Mayor.
-Basta con que me indique dónde está, no hace falta que me acompañe.

-Desde que te conozco ni fumo, ni bebo, ni como…
-¿Tanto me quieres?
-No, que me has arruinado.

Dos cazadores están en el bosque cuando uno de ellos se desmaya. No parece estar respirando y sus ojos están vidriosos. El otro hombre, nervioso, telefonea al servicio de emergencias. Dice jadeando al operador: ¡Mi amigo está muerto! ¿Qué puedo hacer?
El operador con un tono de voz calmado y suave le responde: Tranquilo, tómelo con calma, yo le ayudaré. Primero, vamos a asegurarnos que está muerto.
Se hace el silencio… luego se escucha un disparo.
De regreso al teléfono, el cazador dice: ¿Y ahora qué?

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Equívoco (2)

16Jul06

El equívoco es una situación que se produce cuando se malinterpreta un mensaje.

Ya sea en una conversación o en un escrito, si no existe una constatación enfática de aquello sobre lo que estamos hablando y se da por sabido, puede darse el caso de que el hablante lo haga sobre una cosa y el oyente crea que se refiere a otra diferente.

Tal ha sido la mecánica de incontables comedias de Hollywood en las que el actor de turno hacía gala de sus expresiones de sorpresa e incredulidad al oír a la actriz de turno hablar de su caballo cuando él creía que lo hacía sobre su padre o hablar de como acabaría con un molesto mosquito cuando él creía que hablaba de él mismo.

El siguiente ejemplo trata sobre un muchacho que, estando de viaje y sabiendo que su novia necesitaba unas gafas (lentes, anteojos, que también así se llaman) entró en una óptica para comprárselas. Vio unas cuantas, se decidió y compró unas. La dependienta las envolvió y él pagó la cuenta. Pero al marcharse, en lugar de coger su paquete con las gafas, cogió otro muy parecido que había al lado y que contenía unas bragas de fino encaje (tangas, que también así se llaman) que seguramente alguna clienta que había en la óptica se acababa de comprar. Sin darse cuenta de la equivocación le envió a su novia el paquete por correo postal junto a una carta. La novia recibió el paquete y se quedó extrañada del contenido, sobre todo cuando leyó la carta que decía:

Querida mía:

Espero que te guste el regalo que te envío, sobre todo por la falta que te hacen, ya que llevas mucho tiempo con las otras que tenías y éstas son cosas que se deben cambiar de vez en cuando.

Espero también haber acertado con el modelo. La dependienta me dijo que era la última moda y me enseñó las suyas que eran iguales.

Entonces yo, para ver si eran ligeras, cogí y me las probé allí mismo. No sabes como se rió la dependienta, porque esos modelos femeninos quedan muy graciosos en los hombres y más a mi, que sabes que tengo unos rasgos muy alargados.

Una señorita que había allí me las pidió, se quitó las suyas y se las puso para que yo viera el efecto que hacían. Las vi estupendas, me decidí y las compré.

Póntelas y enséñaselas a tu padres, a tus hermanos y, en fin, a todo el mundo, a ver que dicen.

Al principio te sentirás muy rara, acostumbrada a ir con las viejas y más ahora que has estado un tiempo sin llevar ningunas.

Si te están muy pequeñas me lo dices, que si no te van a dejar señal cuando te las quites. Ten cuidado también de que no te estén grandes, no sea que vayas andando y se te caigan.

Llévalas con cuidado y, sobre todo, no vayas a dejártelas por ahí y las pierdas, que tienes la costumbre de llevarlas en la mano para que todos admiren tus encantos.

En fin, para que te voy a decir nada más. Estoy deseando vértelas puestas, aunque cuando estás conmigo te las quitas con frecuencia.

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