Equívoco (3)
Colaboración de Aleix
En cierta ocasión en un programa de entrevistas de la televisión argentina se entrevistaba a las esposas de diversos deportistas argentinos. Un futbolista, un tenista, un golfista… Se les preguntó si realizaban algún ritual para dar suerte a sus maridos cuando habían de competir. Una se encomendaba a un santo, otra se ponía una prenda determinada, y la esposa del golfista dijo: “Pues yo, a mi marido, antes de una competición siempre le beso las pelotas”.
Se hizo un incómodo silencio.
Fin de la colaboración
Qué mal pensados ¿no? Es curioso como ante dos alternativas en un caso de ambigüedad la que primero suele acudir a la mente es la errónea.
ambigüedad confusión contexto equívocos erroresErratas (2)

Lo que hace en ocasiones una simple letra. En el día 29 de este calendario se conmemora el martirio de San Juan Autista. Un nuevo santo en el santoral.
Claro que a él le da igual, él sigue en su mundo.
errores escritura letrasFrases de famosos
A continuación una pequeña recopilación de las frases poco inteligentes que han pasado a la historia, no tanto por ser poco inteligentes sino porque sus creadores ya eran famosos cuando las pronunciaron. Y no les dejaron en muy buen lugar que digamos.
¿Alguien sabe en donde se hará el festival de Cannes de este año? (Cristina Aguilera)
Nunca en mi vida he leído un libro; no me da tiempo, prefiero comprar discos. (Victoria Adams)
Perdimos porque no ganamos. (Ronaldo)
Yo nunca he fumado marihuana porque eso da celulitis. (Valeria Mazza)
No es la contaminación la que esta dañando el ambiente. Son las impurezas que hay en nuestro aire y en nuestra agua las que lo están haciendo. (Pamela Anderson)
El fumar mata y si te mueres has perdido una parte muy importante de tu vida. (Brooke Shields)
No he cometido ningún delito, lo que hice fue no cumplir la ley. (Jennifer López)
¿Qué música me gusta? La de los CD’s. (Anna Nicole Smith)
Las películas de hoy en día son muy raras, te hacen pensar. (Britney Spears)
A veces en el fútbol, tienes que marcar goles. (Thierry Henry)
La mayoría de nuestras importaciones vienen de fuera del país. (George Bush)
Me encanta cómo escribe Vargas Llosa. No he leído nada sobre él pero le sigo. (Sofía Mazagatos)
citas equívocos erroresErratas (2)
Ciertamente relacionado con la impresión, está el tema de las erratas. Aquellos errores tipográficos, de composición o de corrección que, sin saber muy bien cómo, aparecen en la obra impresa definitiva.
Sus efectos sobre el escrito pueden llegar a ser muy curiosos, llegando incluso a desvirtuar por completo el mensaje.
Como ocurre en los siguientes ejemplos extraídos de la prensa escrita:
Daños cerebrales en el hígado.
(¿No serán celulares? ¿Es que sólo piensa en beber?)
Hernias fiscales.
(Caramba con el fisco, se mete en todas partes hasta entre las vértebras)
Heridas en el dedo derecho del pie pequeño.
(En el dedo pequeño del pie derecho, que no estamos por lo que estamos)
Condenado a un año de cáncer.
(¡Hala! Ya no les basta con la cárcel)
Aparatosas caídas en parapente que se saldan al final con varias facturas.
(Serán las facturas del médico por sanar las fracturas)
Alarmantes cifras de acoso laboral, de cuyas víctimas seis de cada cuatro son mujeres.
(Pues sí que es alarmante, sí)
Un bebé de 21 años que resulta ileso tras caer de un segundo piso.
(¿Un bebé? Si ha de tener bigote con 21 años. ¿No serán 21 meses?)
Una fuga después de una reyerta con un muerto.
(Y es que hay que ser abusón)
Una nota aclaratoria a una esquela: ha de decir socio-fundador y no sucio-fundador.
(Éste se cubrió de gloria)
Erratas
Ciertamente relacionado con la impresión, está el tema de las erratas. Aquellos errores tipográficos, de composición o de corrección que, sin saber muy bien cómo, aparecen en la obra impresa definitiva.
Sus efectos sobre el escrito pueden llegar a ser muy curiosos, llegando incluso a desvirtuar por completo el mensaje. Tal es el caso del enamorado que, escribiendo a sus padres acerca de su novia, la califica de muy puta en lugar de muy pura. O el de aquel corrector de estilo que, por desconocimiento del término empatía —estado mental en que uno se identifica con un grupo o persona—, se dedicaba a “corregir” la palabra sustituyéndola por simpatía, resultando que fulanito era simpático en vez de empático. O el de aquél empresario que demandaba en un anuncio a una secretaria con ingles en vez de con inglés. O el de aquella muchacha que demandaba empleo y ofrecía sus conocimientos y buen hacer en relaciones púbicas en lugar de relaciones públicas.
Hay algunas erratas que gozan de cierta fama, como la del folletón Arroz y tartana, de Vicente Blasco Ibáñez, que en su primera edición decía: “Aquella mañana, doña Manuela se levantó con el coño (por ceño) fruncido”. O la que sufrió el poeta Garcilaso en un verso que en lugar de decir: “Y Mariuca se duerme y yo me voy de puntillas“, decía: “Y Mariuca duerme y yo me voy de putillas“.
Otras veces la errata le cuesta el empleo a su responsable, como cuenta el novelista argentino Manuel Ugarte al referirse al caso de un periodista que, al elogiar a la hija del dueño del rotativo, escribió: “Basta escribir su nombre, para que se sienta orgullosa la tonta“, cuando la que debía sentirse orgullosa era la tinta. O bien les deja en ridículo, como en el caso de un crítico que alababa el “exquisito busto (por gusto) de la condesa que conocemos tan bien todos sus amigos”.
Las erratas no respetan ni los títulos de las obras. Así, La feria de los discretos, de Pío Baroja, conoció una edición como La feria de los desiertos; un drama titulado La expulsión de los moriscos, se llevó a la cartelera como La expulsión de los mariscos; y la famosa obra de Alejandro Dumas que llegó a publicarse como La dama de las camellas (por camelias).
En Vituperio (y algún elogio) de la errata, de José Esteban, también se habla de casos excepcionales de erratas, como el caso de las obras del cardenal Bellarmin, cuya fe de erratas precisó un volumen anexo de 88 páginas. Y de un libro del poeta mexicano Alfonso Reyes que tenía tanta erratas que dijeron de él: “Nuestro amigo Reyes acaba de publicar un libro de erratas acompañado de algunos versos”.
Y de las erratas “invencibles” que se resisten a la corrección, como cierta frase que elogiaba a una dama y señalaba a un ministro el deber de recompensarle sus infinitos servicios, por lo que al salir escrito ínfimos se corrigió con peores resultados, pues apareció como infames, y al efectuar una nueva corrección sólo se empeoró la situación; se escribió íntimos.
Aunque no hace falta remontarse mucho en el tiempo; un espisodio de la serie de televisión C.S.I. llevaba por título Axfisia en vez de Asfixia. Claro que no tiene mucha importancia si lo comparamos con lo ocurrido en el mismo episodio, en el que, al inquirir sobre varias sospechosas, se pregunta: ¿Cuála de ellas? en lugar de preguntar por ¿Cuál de ellas? Recuerdo que en el colegio, frente al cuála solíamos responder: la Pascuala. Y me estoy saliendo de tema pues esto no es una errata, un lapsus linguae en el mejor de los casos; en el peor…
Hasta la próxima, salidos.
FE DE ERRATAS: No era mi intención juzgar el apetito sexual de nadie; donde dice salidos ha de decir saludos. Tan bien que estaba quedando el escrito y una errata lo desmerece, ¡qué pene más grande!
FE DE ERRATAS DE LA FE DE ERRATAS: Donde dice pene ha de decir pino.
contexto errores escrituraA la tercera va la vencida
Colaboración de Mª Cristina Álvarez
¿Sabías por qué A LA TERCERA VA LA VENCIDA es frase que indica que al tercer intento lo coronará el éxito?
Es una expresión de tono optimista que asegura que, luego de haber fracasado en dos intentos, la próxima vez se logrará lo propuesto, por lo que se exhorta a la persona a perseverar en su esfuerzo.
El origen parece estar en el vocabulario de la lucha cuerpo a cuerpo (y en otras clases de enfrentamientos), en la que el luchador que derribaba tres veces a su adversario ganaba.
Aunque algunos sostienen que, primitivamente, se consideraba ganador al que mejor se desempeñaba en un total de tres juegos.
En realidad no importa cual de las versiones es la correcta, o si ambas lo son a la vez, pues fuere como fuere siempre era el número tres el elegido.
deporte errores juegoQuedarse con la copla
¿Sabías por qué QUEDARSE CON LA COPLA es entender lo que se explica, comprender perfectamente un asunto?
También aprender de los errores.
La copla es una composición poética de arte menor, de cuatro versos y utilizada en la música popular. Por extensión se llamaron también así otras formas poéticas breves relacionadas con la música tradicional, como las seguidillas o los romancillos.
Es propio de las coplas el carácter satírico y burlón, y su uso para reprender o afear alguna conducta reprochable. Con ellas, la mala acción corre de boca en boca para vergüenza del satirizado.
Los textos suelen aludir veladamente a la identidad de la persona objeto de la copla, puesto que así resultan más ingeniosos; aunque todos —todos los que se quedan con la copla— saben a quién se refiere.
En la misma línea Echar coplas a alguien es hablar mal de él, y Andar en coplas es estar sometido a escarnio público, por lo que bien hará este individuo en quedarse con la copla y aprender de su error para no volverlo a cometer y no aparecer en nuevas coplas.
errores versosMalapropismo (2)
El término designa el uso impropio de una palabra tomada en el lugar de otra de fonética similar, con consecuencias normalmente cómicas.
Un lapsus linguae que puede ser voluntario para provocar la risa o puede ser involuntario, que es cuando tiene gracia de veras.
A continuación unos ejemplos:
Carmen Diez por carpe diem.
Columna vertical por columna vertebral.
Entre la espalda y la pared por entre la espada y la pared.
A pies juntitos por a pie juntillas.
A caspa y espada por a capa y espada.
Como los chorros del loro por como los chorros del oro.
Hernia fiscal por hernia discal.
Ponerse los pelos de gallina por piel de gallina y pelos de punta.
Estar en el candelabro por estar en el candelero.
Comida ovípara por comida opípara.
Limpia como una patera por limpia como una patena.
Nadando en la ambulancia por nadando en la abundancia.
Pedantes
El término pedante tiene una acepción, ya en desuso, que alude al maestro que enseñaba a los niños la gramática yendo a las casas.
Como iba a pie (del latín pes, pedis) se le calificaba de pedante (del italiano pedante).
Pero, con el tiempo, el término paso a tener una consideración peyorativa. Así, llamamos pedante a la persona engreída y que hace inoportuno y vano alarde de erudición, téngala o no en realidad.
Por ello podemos calificar de pedantes a…
… el que va al banco, no a abrir una cuenta sino a aperturarla.
… el fontanero que, después de arreglar la tubería, te cuenta que estaba obstruccionada en vez de obstruida y te cobra por el palabro otros 40 euros.
… los informáticos que, en vez de encender el ordenador, lo reinicializan.
… los que no llaman casa a su casa, sino residencia.
… los que llaman a la pareja de alguien compañero/a sentimental.
… los que no tienen problemas, sino problemáticas.
… los que posicionan (ponen) sus toallas en la playa.
… los que recepcionan (reciben) un envío.
… los que audicionan (oyen) un CD.
… los que visionan (ven) una película.
… los políticos que hablan de legitimizar (legitimar) a los que nos influencian (influyen) con intencionalidad (intención), basamentándose (basándose) en que hay demasiada permisibilidad (permisividad), pero sin concretizar (concretar) medidas.
errores imposible palabrasEquívoco (2)
El equívoco es una situación que se produce cuando se malinterpreta un mensaje.
Ya sea en una conversación o en un escrito, si no existe una constatación enfática de aquello sobre lo que estamos hablando y se da por sabido, puede darse el caso de que el hablante lo haga sobre una cosa y el oyente crea que se refiere a otra diferente.
Tal ha sido la mecánica de incontables comedias de Hollywood en las que el actor de turno hacía gala de sus expresiones de sorpresa e incredulidad al oír a la actriz de turno hablar de su caballo cuando él creía que lo hacía sobre su padre o hablar de como acabaría con un molesto mosquito cuando él creía que hablaba de él mismo.
El siguiente ejemplo trata sobre un muchacho que, estando de viaje y sabiendo que su novia necesitaba unas gafas (lentes, anteojos, que también así se llaman) entró en una óptica para comprárselas. Vio unas cuantas, se decidió y compró unas. La dependienta las envolvió y él pagó la cuenta. Pero al marcharse, en lugar de coger su paquete con las gafas, cogió otro muy parecido que había al lado y que contenía unas bragas de fino encaje (tangas, que también así se llaman) que seguramente alguna clienta que había en la óptica se acababa de comprar. Sin darse cuenta de la equivocación le envió a su novia el paquete por correo postal junto a una carta. La novia recibió el paquete y se quedó extrañada del contenido, sobre todo cuando leyó la carta que decía:
Querida mía:
Espero que te guste el regalo que te envío, sobre todo por la falta que te hacen, ya que llevas mucho tiempo con las otras que tenías y éstas son cosas que se deben cambiar de vez en cuando.
Espero también haber acertado con el modelo. La dependienta me dijo que era la última moda y me enseñó las suyas que eran iguales.
Entonces yo, para ver si eran ligeras, cogí y me las probé allí mismo. No sabes como se rió la dependienta, porque esos modelos femeninos quedan muy graciosos en los hombres y más a mi, que sabes que tengo unos rasgos muy alargados.
Una señorita que había allí me las pidió, se quitó las suyas y se las puso para que yo viera el efecto que hacían. Las vi estupendas, me decidí y las compré.
Póntelas y enséñaselas a tu padres, a tus hermanos y, en fin, a todo el mundo, a ver que dicen.
Al principio te sentirás muy rara, acostumbrada a ir con las viejas y más ahora que has estado un tiempo sin llevar ningunas.
Si te están muy pequeñas me lo dices, que si no te van a dejar señal cuando te las quites. Ten cuidado también de que no te estén grandes, no sea que vayas andando y se te caigan.
Llévalas con cuidado y, sobre todo, no vayas a dejártelas por ahí y las pierdas, que tienes la costumbre de llevarlas en la mano para que todos admiren tus encantos.
En fin, para que te voy a decir nada más. Estoy deseando vértelas puestas, aunque cuando estás conmigo te las quitas con frecuencia.
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