Ser la hostia

07Feb08

¿Sabías por qué SER LA HOSTIA es ser el colmo o lo que ya no se puede superar?

Dependiendo del tono con que se pronuncie, la intención del hablante y el contexto, tanto puede ser expresión elogiosa como insultante.

En cualquier caso, es una voz hiperbólica usada para poner de relieve una cualidad o singularidad llamativa que el sujeto posee.

Tiene su razón de ser en la comparación con la oblea u hoja delgada de masa de harina de trigo que una vez consagrada se convierte en el cuerpo de Jesucristo según el dogma católico.

Así pues, ser la hostia es el summum, el no va más, el colmo, lo máximo. Y todavía se abunda más en la exageración cuando se habla de ser la rehostia.

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Sibarita

16Oct07

Sibarita es una persona que se trata con mucho regalo y refinamiento, muy dada a placeres.

Aunque en la actualidad es un término con connotaciones positivas, en el sentido de saber disfrutar de los placeres de la vida, de ser un bon vivant, no siempre fue así. De hecho al principio significó ‘buscador de placer, depravado’.

El origen del témino lo encontamos en la antigua ciudad griega de Sybaris, situada en el golfo de Tarento. Fundada por los aqueos del Peloponeso hacia la segunda mitad del siglo VIII a C., fue un floreciente centro comercial.

Gracias a ello sus pobladores se enriquecieron y gozaron de fama de refinados y de vivir dedicados al placer de la buena mesa y a otros tipos de placeres. Incluso se llegaba a afirmar —en un exagerado uso de la hipérbole— que dormían en lechos de pétalos de rosa y que los más refinados no podían conciliar el sueño si uno de ellos estaba doblado.

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No le llega la camisa al cuerpo¿Sabías por qué NO LLEGAR LA CAMISA AL CUERPO es estar muy asustado por algo que pueda suceder?

El temor suele ser algún riesgo o amenaza a la propia vida.

No le llega la camisa al cuerpo se dice del que está tan asustado y teme tanto por su vida que es incapaz de pensar coherentemente.

Esta expresión coloquial expresa que cuando alguien tiene mucho miedo, se encoge. Así que, en sentido figurado y haciendo uso de la hipérbole, cuando alguien siente tanto miedo y se encoge tanto, podría ocurrir que una camisa que estuviera vistiendo no le llegara a contactar con la piel.

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Tantanes (5)

14Ene07

Más tantanes, basados en la exageración con fines cómicos.

Un tradicional chiste o cuento infantil en el que se escoge una cualidad —repetida indefectiblemente tres veces— y se exagera hasta lo imposible.

Era tan fea, tan fea, tan fea, que la atropelló un coche y quedó mejor.

Era tan alto, tan alto, tan alto, que en vez de café con leche tomaba café con Dios.

Era tan negra, tan negra, tan negra, que en vez de dar a luz, dio un apagón.

Era tan honrado, tan honrado, tan honrado, que encontró un empleo y lo devolvió.

Era tan deforme, tan deforme, tan deforme, que era más fácil reconocerlo por su huella digital.

Era tan feo, tan feo, tan feo, que cuando nació lo metieron en una incubadora con los vidrios polarizados.

Era una mujer tan plana, tan plana, tan plana, que cuando le salió un grano en el pecho pensó que era la teta del juicio.

Era tan tonto, tan tonto, tan tonto, que en un concurso de tontos le dieron dos medallas; una por tonto y otra por si la perdía.

Era tan boba, tan boba, tan boba, que pensaba que el sexo estaba entre el quinto y el séptimo.

Era tan feo, tan feo, tan feo, que cuando chupaba un limón, el limón le hacía muecas a él.

Era tan gordo, tan gordo, tan gordo, que el cinturón se lo ponía con un boomerang.

Era una iglesia con el techo tan bajo, tan bajo, tan bajo que el cura en vez de decir “podéis sentaros” decía “¡cuerpo a tierra!”

Era tan vago, tan vago, tan vago, que cuando iba a coger caracoles se le escapaban de las manos.

Era un pueblo tan antiguo, tan antiguo, tan antiguo, que los semáforos eran en blanco y negro.

Era tan feo, tan feo, tan feo que los ratones le comieron el documento y le dejaron la foto.

Era tan pobre, tan pobre, tan pobre que en vez de sacar la basura, la entraba.

Era tan feo, tan feo, tan feo, que cuando nació su madre no sabía si había sido un mal parto o una buena cagada.

Era tan grande, tan grande, tan grande, que llevaba un reloj en cada brazo: uno para cada zona horaria.

Era tan gorda, tan gorda, tan gorda, que fue al cine y se sentó al lado de todos.

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Tantanes (4)

16Jul06

Más tantanes, o lo que es lo mismo, más exageraciones cómicas de gran tradición.

Era una adivina tan buena, tan buena, tan buena, que no sólo adivinaba el futuro, sino también el pretérito pluscuamperfecto del subjuntivo.

Era tan delgado, tan delgado, tan delgado, que se hizo un traje de mil rayas y le sobraron novecientas noventa y nueve.

Era tan feo, tan feo, tan feo, que fue a comprar una careta y le dieron sólo la goma.

Era un niño tan delgado, tan delgado, tan delgado, que aunque iba al colegio le ponían falta.

Era una casa tan pequeña, tan pequeña, tan pequeña, que cuando entraba el sol tenían que salirse todos.

Era un río tan estrecho, tan estrecho, tan estrecho, que sólo tenia una orilla.

Era tan gafe, tan gafe, tan gafe, que se sentó en el pajar y se clavó la aguja.

Era un corredor tan rápido, tan rápido, tan rápido, que llegaba a meta antes de que dieran la salida.

Era un niño tan feo, tan feo, tan feo, que cuando jugaban al escondite nadie lo buscaba.

Era un cartero tan lento, tan lento, tan lento, que cuando entregaba las cartas ya eran documentos históricos.

Era una mujer tan previsora, tan previsora, tan previsora, que tuvo gemelos para tener un hijo de repuesto.

Era tan alegre, tan alegre, tan alegre, que nunca comprendió la ley de la gravedad.

Era tan avaro, tan avaro, tan avaro, que no pelaba patatas, las lijaba.

Era un pueblo tan húmedo, tan húmedo, tan húmedo, que hasta las ranas tenían reuma.

Era un hombre tan tacaño, tan tacaño, tan tacaño, que no daba ni los buenos días.

Era un coche tan malo, tan malo, tan malo, que en lugar de matrícula tenía suspenso.

Era tan bajo, tan bajo, tan bajo, que no tenía sien sino “sincuenta”.

Era tan calvo, tan calvo, tan calvo, que se cayó de espaldas y se golpeó en la frente.

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El camarote de los Hnos. Marx

¿Sabías por qué PARECER EL CAMAROTE DE LOS MARX es una frase que se aplica a un local atestado, abarrotado de personal?

Ser, estar como o parecer el camarote de los hermanos Marx es una expresión que tiene su origen en una de sus películas.

Concretamente en Una noche en la ópera (1935) y en una de las más famosas escenas de la película y de toda la filmografía de los hermanos Marx.

Inicialmente, tan solo está Groucho en el camarote, pero van apareciendo sucesivamente los polizones salidos de los baúles, los fontaneros del barco y sus herramientas, los camareros con las comidas (”mec, mec” - “Y un huevo duro”, interpreta Groucho al oír los bocinazos), la señorita con la bandeja de la manicura, la limpiadora… y así hasta dieciocho personas que se mueven sin cesar en el camarote, pisándose unos a otros sin dejar de hablar: “Pasen, pasen, al fondo hay sitio todavía”. Todo ello con un aumento frenético de comicidad y surrealismo que sólo termina cuando alguien, atraído por el ruido, abre la puerta y hace que salgan —casi a presión— camareros, manicuras, fontaneros, polizones…

Y es por esta famosa escena que se califican de tal manera los locales que, al estar tan atestados de personal amenazan con reventar por la sobreocupación.

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Tantanes (3)

19Ago05

Es un juego basado en la exageración con fines cómicos. Un tradicional chiste o juego infantil en el que se escoge una cualidad —repetida indefectiblemente tres veces— y se exagera hasta lo imposible.

Era un hombre tan feo, tan feo, tan feo, que cuando murió tuvieron que recubrirlo de mortadela para que se lo comieran los gusanos.

Era un hombre tan bizco, tan bizco, tan bizco, que cuando lloraba las lágrimas le caían por la espalda.

Era un pueblo tan pobre, tan pobre, tan pobre, que en lugar de casas de putas tenía chozas de paja.

Era una mujer tan bajita, tan bajita, tan bajita, que no podía usar tampones porque se pisaba el hilo.

Era una mujer tan fea, tan fea, tan fea, que cuando nació, su madre no sabía si quedarse con ella o con la placenta.

Era un hombre tan viejo, tan viejo, tan viejo, que llegó a ver el arco iris en blanco y negro.

Era un hombre con un pene tan grande, tan grande, tan grande que tenía prepucio, pucio y pospucio.

Era un niño tan feo, tan feo, tan feo, que tenían que atarle un trozo de carne al cuello para que el perro jugara con él.

Era una mujer tan menuda, tan menuda, tan menuda, que en lugar de dar a luz sacaba chispas.

Era una mujer tan gorda, tan gorda, tan gorda, que cuando se caía de la cama lo hacía por los dos lados a la vez.

Era un bebé tan feo, tan feo, tan feo, que su madre no le daba de mamar porque lo quería sólo como amigo.

Era un hombre tan viejo, tan viejo, tan viejo, que cuando iba al colegio aún no habían clases de historia.

Era un hombre tan bajito, tan bajito, tan bajito, que cuando murió, en lugar de ir al Cielo fue al techo.

Era un hombre tan alto, tan alto, tan alto, que tropezó en un pueblo y fue a caer en otro.

Era un bebé tan feo, tan feo, tan feo, que cuando nació el doctor lo lanzó al aire y dijo: si vuela es murciélago.

Era un hombre tan viejo, tan viejo, tan viejo, que conoció al mar Muerto cuando todavía estaba enfermo.

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Tantanes (2)

15Abr05

Es un juego basado en la exageración con fines cómicos. Un tradicional chiste o cuento infantil en el que se escoge una cualidad —repetida indefectiblemente tres veces— y se exagera hasta lo imposible.

Era un príncipe tan feo, tan feo, tan feo, que Cenicienta se fue del baile a las once y media.

Era un futbolista tan malo, tan malo, tan malo, que para una vez que metió un gol, en la repetición lo falló.

Era un hombre tan tacaño, tan tacaño, tan tacaño, que cuando veía la misa por televisión y pasaban a por limosna cambiaba de canal.

Era un torero tan malo, tan malo, tan malo, que en vez de faenas hacía gamberradas.

Era un hombre tan viejo, tan viejo, tan viejo, que cuando Dios dijo “hágase la luz”, él ya debía tres meses.

Era un coche tan rápido, tan rápido, tan rápido, que se pasaba los pueblos de dos en dos.

Era un cocinero tan feo, tan feo, tan feo, que hacía llorar a las cebollas.

Era un cazador tan malo, tan malo, tan malo, que cuando iba a cazar, los conejos en lugar de esconderse iban a pedirle autógrafos.

Era un niño tan feo, tan feo, tan feo, que cuando nació le pusieron una careta de goma para enseñárselo a su madre.

Era una chica tan mona, tan mona, tan mona, que solo comía cacahuetes.

Era un ladrón tan gordo, tan gordo, que la policía no podía rodearlo.

Era una pastelería tan sucia, tan sucia, tan sucia, que el cabello de ángel tenía caspa.

Era un cirujano tan tacaño, tan tacaño, tan tacaño, que aplicaba la anestesia con un martillo.

Era un bebé tan feo, tan feo, tan feo, que su madre en vez de darle el pecho le daba la espalda.

Era una vaca tan flaca, tan flaca, tan flaca, que en lugar de leche daba pena.

Era un hombre tan tontín, tan tontín, tan tontín, que le llamaban “el campana”.

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