¿Sabías por qué METERSE EN LA BOCA DEL LOBO es meterse en una situación comprometida y peligrosa de una manera un tanto inconsciente y despreocupada?

La frase alude a una conocida fábula en la que se relata la historia de un lobo al que se le queda un hueso clavado en la garganta.

Como no puede quitárselo le pide ayuda a una cigüeña, que mete su cuello dentro de la cabeza del lobo y le extrae el hueso. A cambio le pide una recompensa. El lobo —en la versión de Félix María Samaniego— responde lo siguiente:

“¿Tu salario? Pues ¿qué más recompensa
que el no haberte causado leve ofensa,
y dejarte vivir para que cuentes
que pusiste tu vida entre mis dientes?”

La moraleja de la historia, según la misma versión, es la siguiente:

Haz bien, dice el proverbio castellano,
y no sepas a quién; pero es muy llano
que no tiene razón ni por asomo:
Es menester saber a quién y cómo.

También, cuando se quiere aludir a una oscuridad muy grande o se quiere expresar la negrura de una situación, se acude a la comparación popular oscuro como boca de lobo.

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¿Sabías por qué MATAR LA GALLINA DE LOS HUEVOS DE ORO significa agotar o perder, por abuso, una fuente de riqueza?

También se dice del que por buscar un negocio menor desatiende otro de más importancia.

El origen se encuentra en un antiguo cuento que narra la historia de un hombre que poseía una maravillosa gallina que cada día le ponía un huevo de oro.

Guiado por la avaricia y suponiendo que el interior del animal estaría lleno del preciado metal, mató a la gallina, para encontrarse con la cruel realidad: por dentro era igual a las demás gallinas.

La moraleja de esta historia es que no se debe uno dejar llevar por la impaciencia y la avaricia, y que hay que respetar el ritmo natural de las cosas.

Entre sus muchas versiones podemos encontrar la que Samaniego relata en sus Fábulas (1781):

Érase una gallina que ponía
un huevo de oro al dueño cada día.
Aun con tanta ganancia mal contento,
quiso el rico avariento
descubrir de una vez la mina do oro
y hallar en menos tiempo más tesoro.
Matóla, abrióle el vientre de contado;
pero después de haberla registrado,
¿qué sucedió?, que muerta la gallina,
perdió su huevo de oro y no halló mina.
¡Cuántos hay que teniendo lo bastante,
enriquecerse quieren al instante,
abrazando proyectos
a veces de tan rápidos efectos,
que solo en pocos meses,
cuando se contemplaban ya marqueses
contando sus millones,
se vieron en la calle sin calzones!

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¿Sabías por qué decimos QUIÉN LE PONE EL CASCABEL AL GATO para expresar que nadie se va a ofrecer como voluntario para una empresa muy arriesgada?

La frase se refiere a la impotencia de los más débiles para tomar precauciones frente a aquellos más fuertes que abusan de ellos. También para referirse a la realización de una tarea complicada o peligrosa, para la que es prácticamente imposible encontrar un ejecutor.

El origen de esta expresión parece estar en un cuento popular, recopilado en el siglo XIV en el Libro de los gatos, que es un manuscrito que se encuentra en la Biblioteca Nacional, cuyo cuento número 55 lleva por título De los mures con el ratón, y narra así:

Los mures una vegada llegáronse a consejo et acordaron como se podrían guardar del gato; et dixo el uno que era mas cuerdo que los otros: Atemos una esquila al pescuezo del gato et podernos hemos muy bien guardar del gato; que cuando el passare de un cabo al otro, siempre oyremos la esquila. Et aqueste conseio pligo a todos; más dixo uno: Verdat es; mas ¿quién atará la esquila al pescueso del gato? Et respondió el uno: Yo no. Respondió el otro: Yo no; que ni por todo el mundo yo non querría llegar a él.

La historia tiene diferentes versiones pero todas con la misma moraleja. Samaniego, en la Fábula VIII, lo narra así:

Desde el gran Zapirón, el blanco y rubio,
que después de las aguas del diluvio
fue padre universal de todo gato,
ha sido Miaurgato
quien más sangrientamente
persiguió a la infeliz ratuna gente.
Lo cierto es que, obligada
de su persecución la desdichada
en Ratópolis tuvo su congreso.
Propuso el elocuente Roequeso
echarle un cascabel, y de esta suerte
al ruido escaparían de la muerte.
El proyecto aprobaron uno a uno.
¿Quién lo ha de ejecutar? Eso ninguno.
“Yo soy corto de vista.”Y yo muy viejo.”
“Yo, gotoso”, decían. El consejo
se acabó como muchos en el mundo.
Proponen un proyecto sin segundo.
Lo aprueban. Hacen otro. ¡Qué portento!
¿Pero la ejecución? ¡Ahí está el cuento!

Y Lope de Vega lo versionó así:

Juntáronse los ratones
para librarse del gato;
y después de largo rato
de disputas y opiniones,
dijeron que acertarían
en ponerle un cascabel,
que andando el gato con él,
librarse mejor podrían.
Salió un ratón barbicano,
colilargo, hociquirromo
y encrespando el grueso lomo,
dijo al senado romano,
después de hablar culto un rato:
- ¿Quién de todos ha de ser
el que se atreva a poner
ese cascabel al gato?

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