¿Sabías por qué decimos que JODER LA MARRANA es crear problemas donde no los hay o poner impedimentos, llevando la contraria a algo que a los demás les parece bien?

Aunque en un principio así lo parezca, la marrana del modismo no tiene nada que ver con la hembra del marrano.

En efecto, si consultamos el diccionario, podemos leer en la segunda acepción del término: eje de la rueda de la noria.

Que recibe tal nombre porque el ruido que hace al girar se asemeja al gruñido del animal.

Así, el modismo hace referencia a la acción de poner palos o echar arena en la marrana para impedir el giro, con la intención de obstaculizar el giro y perjudicar al propietario.

Parece ser que la idea de introducción de palos o maderos junto a la idea de fastidio, trajeron de la mano el verbo joder para completar la locución.

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Colaboración de Amparo Folgado

¿Sabías por qué decimos que está A LA LUNA DE VALENCIA de quien no ha conseguido lo que esperaba o se proponía?

También se dice quedar a la luna de Valencia.

Antiguamente Valencia era una ciudad amurallada con varias puertas o torres, como las que quedan actualmente en pie (las de Quart y las de Serranos).

Al anochecer, las puertas se cerraban para seguridad de la ciudad. De ahí que los que llegaban a la ciudad cuando ya habían sido cerradas, sin posibilidad de cobijarse tras sus murallas se quedaban a dormir al raso; es decir, a la luna de Valencia.

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¿Sabías por qué se dice QUIEN SE FUE A SEVILLA PERDIÓ SU SILLA como una especie de disculpa cuando uno ocupa el lugar que otro ha abandonado?

Esta frase se utiliza como advertencia para que los que abandonan provisional y voluntariamente un cargo o lugar, no reclamen nada a su regreso si lo encuentran ocupado por otro.

Esta frase, junto a la de Santa Rita, Rita, lo que se da no se quita, son una especie de dispensa a las múltiples disputas que se dan entre niños por la posesión de un objeto o una posición privilegiada. Tanto los más mayores en su infancia como los actuales niños las siguen utilizando, como una especie de “no se admiten reclamaciones”; si querías el objeto o posición, no haberlo dado o abandonado.

La frase del título tiene su origen en un hecho histórico ocurrido en el siglo XV, durante el reinado del rey Enrique IV de Trastámara (1425-1474).

Los Fonseca eran una familia noble de origen portugués muy influyente en la Iglesia, al tener responsabilidades eclesiásticas varios de sus miembros. Alonso de Fonseca era el arzobispo de Sevilla, cuando se nombró a su sobrino —con el mismo nombre y apellido— arzobispo de Santiago de Compostela.

Cuando el joven sobrino fue a tomar posesión del arzobispado, lo encontró involucrado en unos graves conflictos que afectaban al reino de Galicia. Al no poder dominar la situación pidió ayuda a su tío y, de mutuo acuerdo, decidieron intercambias temporalmente las diócesis.

Una vez Alonso de Fonseca tío solucionó los problemas de la diócesis compostelana, volvió a Sevilla; pero el incapaz y ambicioso sobrino se negó a devolverle su silla arzobispal. No bastó un mandamiento papal para dejar las cosas en su sitio, sino que fue necesaria la intervención del rey.

Toda la historia causó un gran revuelo, que fue el que perpetuó la frase, que en realidad debería ser quien se fue de Sevilla perdió su silla, que es como aparece en las recopilaciones de dichos más antiguas.

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Ser un rollo

27Nov04

Papiros¿Sabías por qué se califica de SER UN ROLLO algo o alguien muy aburrido?

Rollo se refiere a algo que provoca aburrimiento por su duración; que se desenrolla y se desenrolla y parece no acabar. Y por extensión a una persona cuya exposición o conversación parece no tener fin.

En la antigüedad los documentos se escribían sobre piedra, como el Código de Hammurabi o un decreto de Ptolomeo V contenido en la famosa Piedra Rossetta. Más tarde se fueron desarrollando otros materiales de base, como el papiro egipcio, el pergamino y las pieles de animal.

La legendaria Biblioteca de Alejandría, que contaba con más de 700.000 volúmenes, no contenía ni un solo libro, sino rollos de papel o cuero, con textos que se desenrollaban y enrollaban a medida que avanzaba la lectura. La idea que sugiere un texto que parece no tener fin es la que, al parecer, ha ligado el rollo al aburrimiento.

También se suele oír la expresión rollo macabeo con la misma intención.

Los macabeos eran los miembros de la familia de Judas Macabeo, judíos que lucharon contra la helenización de Palestina. La historia de las vicisitudes de esta lucha están recogidas en el primer y segundo Libro de los Macabeos, que no eran tales libros sino rollos. La precisa relación de lugares, hechos, fechas, batallas, genealogías y demás profusión de datos, hacen que su lectura no sea muy amena y sí bastante pesada y tediosa, aunque no más que otros libros bíblicos.

Más recientemente la frase cambió a rollo patatero, quizás por similitud fonética, por desconocimiento acerca de los macabeos o por parecer que así lo calificado era más rollo.

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