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El Gran Capitán¿Sabías por qué se califican como LAS CUENTAS DEL GRAN CAPITÁN las cuentas que contienen partidas desorbitantes?

También aquellas que están hechas de modo arbitrario y sin la debida justificación.

Tras haber conquistado el reino de Nápoles para los Reyes Católicos, Gonzalo Fernández de Córdoba (1453-1515) —más conocido por el sobrenombre de El Gran Capitán— recibió de los monarcas la petición, o más bien la exigencia, de justificar los cuantiosos gastos de la campaña y éste les presentó unas controvertidas cuentas.

Es posible que la frase tenga su origen en una farsa literaria, pues son muchos los historiadores que desestiman los textos con las cuentas administrativas de la campaña, principalmente porque el lenguaje y los vocablos utilizados son propios de un siglo después.

No obstante, algunas de las cuentas en las que se inspira la locución son las siguientes:

- Doscientos mil setecientos treinta y seis ducados y nueve reales en frailes, monjas y pobres, para que rogases a Dios por la prosperidad de las armas españolas.

- Cien millones en palas picos y azadones (para enterrar a los muertos del adversario).

- Cien mil ducados en guantes perfumados para preservar a las tropas del mal olor de los cadáveres de sus enemigos tendidos en el campo de batalla.

- Ciento sesenta mil ducados en poner y renovar campanas destruidas por el uso continuo de repicar todos los días por nuevas vistorias conseguidas sobre el enemigo…

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Bisoño

07Nov06

¿Sabías por qué se califica de BISOÑO al soldado principiante?

También se dice del nuevo o inexperto en cualquier arte u oficio.

Así llamaban a los soldados españoles del siglo XVI sus colegas italianos veteranos.

El apelativo procede del vebo italiano bisognare, ‘necesitar’, y es de suponer que los soldados españoles, carentes de lo más elemental, solicitaban lo que precisaban diciendo io bisogno…, ‘yo necesito…’

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Francotirador

08Oct06

Francotirador

¿Sabías por qué llamamos FRANCOTIRADOR al combatiente que no pertenece al ejército regular?

El término francotirador suele emplearse en referencia a persona aislada que, apostada, ataca disparando un arma.

El término proviene de la voz francesa franc archers, ya que así eran conocidos los ballesteros con muy buena puntería que permanecían escondidos en lugares estratégicos de las murallas que defendían las ciudades. Los franc archers fueron muy populares en Francia desde la época tardo medieval hasta los tiempos modernos. Utilizaban como arma la ballesta, sobre todo para atacar de forma silenciosa y eficaz al enemigo durante los asedios.

Estos francotiradores formaban parte de los cuerpos policiales que dependían del gobierno local de las ciudades, pues su defensa no incumbía ni al Estado ni a la Corona, sino a las autoridades municipales.

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¿Sabías por qué ARMARSE LA DE SAN QUINTÍN es organizarse un gran altercado o reyerta?

Situaciones de gran confusión, pendencia y barullo.

Alude a la batalla de San Quintín, librada en la localidad francesa del mismo nombre, el 10 de agosto de 1557, cuando las tropas españolas comandadas por el Duque de Saboya infligieron una fulminante derrota a las tropas francesas.

La carnicería fue de tal magnitud que la imagen devino en frase hecha.

Fue en conmemoración de esta victoria que Felipe II mandó levantar el Monasterio del Escorial en forma de parrilla, símbolo del martirio del santo del día: San Lorenzo mártir.

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Fusil siglo XVIII

¿Sabías por qué decimos que LAS RECLAMACIONES AL MAESTRO ARMERO para rechazar quejas nimias a las que no se ve solución?

La frase también se usa para expresar que nadie se hace responsable del hecho negativo que se menciona.

Felipe V creó el cargo de maestro armero en 1703, cuando las picas dieron paso al fusil como arma única de la infantería, puesto que su mayor coste y sofisticación así lo requería.

Los maestros armeros cuidaban del mantenimiento y la reparación del armamento de su batallón. Y a ellos acudían los soldados con sus reclamaciones cuando algún arma presentaba un fallo.

Es de suponer que la tropa acudiría constantemente al maestro armero al mínimo contratiempo con la nueva arma. Incluso por simplerías. Así que la más mínima reclamación era a él remitida.

Con el tiempo, y frente a cualquier reclamación o reproche acerca de algún asunto simple, se decía ¡a reclamar al maestro armero! como si se dijera ¿y a mí que me cuentas?

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¿Sabías por qué RETIRARSE A LOS CUARTELES DE INVIERNO es cesar en las actividades propias?

Se dice tanto si es un abandono temporal como un cierre definitivo.

La expresión es de origen militar, y hace referencia a los acantonamientos que hace un ejército en plena campaña cuando el mal tiempo obliga a suspender las operaciones en marcha.

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Criptografía

Si bien no es un juego de palabras en el sentido que damos a la expresión, no hay duda de que se juega con las palabras, se las retuerce, cifra y transforma para lograr ocultar un mensaje. Es el arte de escribir con una clave secreta o de un modo enigmático, utilizando diferentes métodos que podemos agrupar en dos:

  1. cifrado de código: En el que una sola palabra puede reemplazar a una frase completa. Este método requiere de un voluminoso diccionario para interpretar el mensaje.
  2. cifrado de claves: En el que cada una de las letras es sustituida por otra o por signo o número de acuerdo a una determinada secuencia conocida por el receptor. Hay varias claves, algunas de las cuales son:  
  • clave de ocultación: Las letras del mensaje se ocultan o se disfrazan. (por ejemplo, algunas vocales se eliminan y algunas consonantes se intercambian con otras).
  • clave de transposición: Las letras del mensaje se reordenan según una pauta convenida. (por ejemplo, SOMADEUQ LE SENREIV, por “quedamos el viernes”).
  •  clave de substitución: Las letras del mensaje se reemplazan por símbolos. (por ejemplo @+%&, por “stop”, donde @=S, +=T, %=O, &=P).
  •  clave de parrilla: El mensaje se dispersa en un párrafo escrito, como una sopa de letras, y solamente se hace visible cuando se coloca sobre el una parrilla perforada que permite ver sólo algunas letras.
  • Por supuesto que se trata de una introducción muy simplista y el tema se puede complicar mucho y tan solo citaré algunas claves clásicas:

    - Cuadro de Virgenère: Rectángulo de 729 letras encuadradas superior y lateralmente por dos alfabetos. El cifrado se iniciaba buscando la intersección de la pirmera letra del mensaje con la primera letra de una determinada palabra clave, repitiendo el proceso para cada letra, la segunda con la segunda, la tercera con la tercera… y cuando se acababan las letras de la palabra clave se retornaba a la primera.

    - Clave de Gronsfeld: Igual que el anterior, pero sustituyendo un alfabeto por las cifras del 0 al 9. En este caso se sustituye la palabra clave por un número clave.

    - Clave Playfair: Es un método sencillo pero eficaz, que consiste en formar un cuadro de cinco letras de lado con 25 letras del alfabeto (sin la K ni la w, por ejemplo). Se escoge una palabra clave que no tenga letras repetidas y se completa el cuadro con la restantes letras en orden alfabético. Supongamos que la palabra clave sea masculino; el cuadro quedaría así:

    M A S C U
    L  I N O B
    D E F G H
    J  Ñ P Q R
    T V X  Y Z

    Para cifrar el texto hay que dividirlo en grupos de dos letras y seguir la siguiente regla:

  • si ambas letras están en la misma fila, se sustituyen por las que están a la derecha. Si está al final de la línea se sustituye por la primera.
  • si ambas letras están en la misma columna se sustituyen por las inferiores. Si está al final de la columna se sustituye por la primera.
  • en otro caso se sustituyen por las letras de los angulos opuestos al rectángulo que forman, línea a línea.
  • Veamos un ejemplo:

    MÁGICO

    MA en la misma fila se sustituye por AS, GI que no comparte fila ni columna se sustituye por EO (el rectángulo formado es IOEG, por línea a la G le corresponde la E) y CO es sustituida por OG; así, la palabra cifrada sería ASEOOG.

    Para descifrar se sustituye a la izquerda y hacia arriba, invirtiendo el proceso.

    Probemos a descifrar el siguiente mensaje con la misma palabra clave:

    FAVD ADFNMÑF II GM FNEOANI EF EFCUNEÑUP, UMIMHNC.

    ¿Y la siguiente con la palabra clave hipotecas?

    CBPB PBREHCÑ MCBZDPB UHV JSATF.

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    ¿Sabías por qué la afirmación NO HAY MOROS EN LA COSTA significa que no hay peligro ninguno?

    También existe la frase contraria haber moros en la costa con el significado de ‘peligro’.

    Antes de ser expulsados por los Reyes Católicos, los moros asolaban las costas mediterráneas atacando por sorpresa, cogiendo cautivos por los que pedir rescate y sembrando la destrucción.

    Ello obligó a la instalación de atalayas para poder divisar al enemigo en la distancia y poder poner tierra por medio. Al detectar al enemigo se encendían hogueras y se avisaba al girto de ¡moros en la costa!

    La frase también era usada por las patrullas costeras, que se daban el relevo con la frase no hay moros en la costa, es decir, ’sin peligro, sin novedad’.

    Este mismo hecho ha dado lugar a otra fase: como si hubiera moros en la costa quiere decir que se recomienda ser prudente, andar con tiento y cautela, ya que se sospecha de un peligro.

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    ¿Sabías por qué PONER LOS PIES EN POLVOROSA es una expresión alude al hecho de huir con rapidez?

    Hay una versión, un tanto pintoresca, que remite el origen del dicho a un hecho histórico.

    Allá por el siglo IX, Alfonso III, el Magno, rey de Asturias —preocupado por las incursiones de los moros en su territorio— libró una dura batalla contra los sarracenos del emir de Córdoba en un lugar cercano al río Órbigo, provincia de Palencia, en los campos de Polvorosa (Pulvararia o Pulveraria, en latín). Ayudado por un eclipse que facilitó la sorpresa del ataque, consiguió una gran victoria y sus enemigos huyeron precipitadamente; es decir, pusieron pies en polvorosa.

    No obstante, también puede pensarse que la frase se originó en la jerga de los delincuentes de los siglos XVI y XVII, en la llamada germanía (la lengua de los germanos, ‘hermanos’), en la que polvorosa significaba ‘calle’. Algunos, más escépticos y seguramente más prácticos, remiten al rastro de polvo que va dejando quien huye velozmente.

    La primera versión la divulgó Sbarbi en El Averiguador Universal, en el que, además de citar la polvareda que levanta el que huye y el lenguaje de germanía, considera más probable la versión de Alfonso III. Esta versión fue recogida posteriormente y dada por cierta en otras obras, como en Del dicho al hecho de Esteban Giménez.

    Pero otros estudiosos como Julio Casares, José María Iribarren y Pancracio Celdrán dan como verdadera la explicación de que polvorosa es el nombre que se le da al camino o senda en el lenguaje de germanía; pues era un habitual mecanismo la sustitución de un sustantivo por un adjetivo que expresara una cualidad principal.

    Entonces la calle era llamada polvorosa en alusión al polvo que en el camino abunda. Y la frase refiere la polvareda que levanta al huir el pícaro que, sin oficio ni beneficio, vive a salto de mata del producto de sus robos, presto a echar a correr en cuanto se advierte su presencia.

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    ¿Sabías por qué SABER LO QUE VALE UN PEINE es una expresión que se utiliza a modo de aviso o advertencia?

    Más aún, a modo de amenaza al que va a recibir su merecido.

    Saber lo que vale un peine o Enterarse de lo que vale un peine es una locución equivalente a Saber lo que es bueno utilizada en su peor sentido, es decir, uno puede saber lo que es bueno cuando conoce algo realmente agradable o positivo (Prueba mi cocido y vas a saber lo que es bueno) o cuando conoce el aspecto desagradable o incómodo de algo que no lo era (Ahora estás bien, pero como te trasladen a la nueva fábrica vas a saber lo que es bueno).

    En el Gran Diccionario de Refranes de Sbarbi se lee: “Cuando Fernando VI ordenó que el ejército español llevara el pelo con cuatro órdenes de bucles, coleta y polvos, se llamó camaradas de peine a los soldados que ayudaban a peinar a sus compañeros, ya que a los soldados les era imposible manejar por sí solos los canutos de hojalata de que se servían para formar los bucles, y porque se exponían a ensuciarse el vestuario con el sebo y la harina que tenían que manejar.”

    “Hoy —añade— se aplica aquél nombre a las personas que andan muy unidas, y especialmente a las que se conciertan para algún fin particular, no siempre bueno.”

    En el Diccionario de Autoridades se lee que: “Saber cuántas púas tiene un peine. Frase con que se da a entender que alguno es bastantemente astuto y cuidadoso en los negocios que maneja y que no se dejará engañar de otros.”

    En Frases con historia de José Luis García, se comenta que: “No encaja el sentido de amenaza y este otro más bien elogioso de astucia. Pero no siempre esta astucia se tomaba en sentido elogioso. Hay que tener en cuenta que peine, en Pérez Galdós, es persona astuta y desaprensiva, tunante, bribón, pícaro. Expresiones como ¡peines y peinetas! o ¡no conoces tú el peine! o ¡por vida del santísimo peine!, nos indican que esta palabra pasó a ser utilizada como reniego (Fortunata y Jacinta II, cap. 6). Ya pareció el peine, significaba que ya se había descubierto al presunto autor de una fechoría. Este deslizamiento de sentido podría explicar el significado de amenaza asociado a peine, que tiene hoy la expresión Te vas a enterar de lo que vale un peine.

    A la vista de lo aquí comentado parece claro el camino seguido en la asimilación de significado. Los soldados se peinaban entre ellos y se les conocía como camaradas de peine. Estos soldados, amigos y camaradas inseparables, participaban sin duda en muchas correrías, pendencias o peleas. Incluso en requisas y altercados con armas, lo que les ganó fama de apandillarse para fines no demasiado buenos como se lee en Sbarbi.

    Por otro lado tenemos la imagen visual de un peine, con todas sus púas iguales y unidas. Imagen fácilmente asimilable al grupo de camorristas, pares entre ellos e igualmente unidos. No en vano consta en el DRAE, en la novena acepción de púa: coloq. Persona sutil y astuta. En sentido peyorativo. Joaquín es buena púa.

    Aquí observamos la asimilación a peine o a púa a una persona astuta y pendenciera y a su actuación en grupo con otros iguales a él.

    Pero no solamente se aplica la imagen a personas; dentro del mismo ámbito del ejército se aplica a los cargadores de ciertas armas de fuego, que agrupan los proyectiles, iguales entre sí como las púas. Así en el DRAE, en la cuarta acepción de peine consta: En algunas armas de fuego, pieza metálica que contiene una serie de proyectiles.

    Y sin abandonar el ejército y en clara aplicación de la anterior definición, se dice que durante las contiendas españolas de finales del s.XIX en tierras africanas, era habitual que los soldados llamaran peine al cargador del fusil máuser de cinco balas por su semejanza con el mismo. Más de uno iniciaría sus ráfagas con amenazas del estilo de: “Vas a saber…”, “Ahora verás…”, “Te vas a enterar de…”, “…lo que vale un peine.

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