Tocarle a uno la negra

¿Sabías por qué TOCARLE A UNO LA NEGRA es frase equivalente a tener mala suerte?
En la Roma clásica —y aún antes en la antigua Grecia— se llevaban a cabo juegos de azar por medio de habas o piedras: las blancas eran las venturosas y las negras las desventuradas.
Se consideraba al azar como expresión del oráculo, y por ello los ciudadanos llegaban a ocupar cargos públicos en la democracia griega clásica por medio de este sistema. El sorteo, la elección y la rotación garantizaban la participación de un gran número de ciudadanos en la vida política.
Covarrubias afirma en su Tesoro de la lengua castellana acerca del tema: “usóse en algunas repúblicas, y hoy día en algunas congregaciones y cabildos, votar las cosas de gracia por habas blancas y negras”. Y en una anotación de Cejador a la copla 739 del Libro del Buen Amor del Arcipreste de Hita, puede leerse lo siguiente: “el tirar a suertes es cosa viejísima, por creer que Dios manifestaba así su voluntad. Así la suerte, en frase de Platón (Leges, 6) es juicio y sentencia de Dios. Hacíase en Grecia y Roma con habas blancas y negras, v. gr., para la elección de los magistrados públicos, metiendo cada uno la suya en el cántaro y sacando al azar. La blanca era la venturosa; la negra, la desventurada.”
Frases como tener la negra, para expresar que uno se ve asediado por la mala suerte, o vérselas negras, para expresar que uno pasa por un sinfín de penalidades y adversidades para conseguir algo, tienen el mismo origen.
Grecia habas política suerteRoscón de Reyes
¿Sabías por qué se come el ROSCÓN DE REYES el dia 6 de enero?
El roscón de Reyes es un pan dulce de forma anular adornado con rodajas de fruta escarchada o confitada de colores variados que se come el día 6 de enero, el día de Reyes.
En su origen el roscón no tenía nada que ver con la festividad de la Epifanía. Aunque su origen es algo incierto, sí que se le relaciona con las tortas redondas hechas con higos, dátiles y miel, que se repartían entre los plebeyos y esclavos durante la celebración de las saturnales romanas. Durante estas fiestas era costumbre el lectisternium o banquete público en honor del dios Saturno, y las calles se llenaban de bullicio.
Ya en el siglo III, en el interior del dulce se introducía una haba seca y el afortunado al que le tocaba era nombrado rey de reyes durante un corto periodo de tiempo establecido de antemano, generalmente mientras durasen las fiestas. Si era un esclavo el que la encontraba, era premiado con la libertad durante los días que durara el festejo. Eran días de excesos en la comida y la bebida, en los que el mundo se volvía del revés: los señores servían a los esclavos y los esclavos ejercían de señores.
En el siglo IV la Iglesia institucionalizó el día de Reyes en Occidente. Cristianizó esas fiestas paganas superponiendo la fecha del nacimiento de Cristo al solsticio de invierno.
Hacia el año 1000 y en diversos lugares de Francia existía la figura de le Roi de la Fave, ‘el rey del haba’ que recaía sobre el niño más pobre de la ciudad. El protagonismo de la fiesta recaía en los más pequeños y el haba simbolizaba al Niño Jesús.
En España, fue el rey Felipe V quien introdujo este dulce que, muy pronto, se convirtió en una de las costumbres más populares. Aquel roscón carecía de simbología, llegaba a España sin el haba que fue sustituida por una moneda, pero igualmente solía cubrirse de frutas caramelizadas y se comía en la fiesta de la Epifanía.
En la actualidad la moneda ha sido sustituida por la figurita de un rey u otro objeto, pero también se ha recuperado la tradición del haba oculta. El comensal que encuentra el haba paga el roscón y el que encuentra la figurita es coronado rey por un día y tendrá suerte.

Son habas contadas
¿Sabías por qué decimos que SON HABAS CONTADAS para denotar que una cosa es cierta y clara?
Las habas fueron durante mucho tiempo el medio de echar suertes y hacer cuentas en los usos domésticos.
También se utilizaron en los ámbitos públicos, pues en algunas congregaciones o cabildos se usaron como método de votación habas blancas y habas negras, como una costumbre o práctica heredada de la democracia griega clásica.
El número total de habas no podía, logicamente, superar al de votantes, con lo que queda aclarado el carácter justo y cierto de la locución.
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