Periodos geológicos

En el invierno de 1807 se reunieron en la Freemasons Tavern londinense de Long Acre, Covent Garden, los trece socios fundadores de la Sociedad Geológica. En unos diez años el número de socios aumentó hasta los 400 —todos caballeros por supuesto— lo que nos da una idea aproximada del interés suscitado en la época por esta rama del conocimiento.
Ellos establecieron una escala de tiempo geológico que se ha mantenido en líneas generales a pesar de los múltiples cambios introducidos que la han mejorado. Aunque no hay unanimidad en las fechas sí que existe acuerdo en dividir el tiempo geológico en bloques de años relacionados con acontecimientods o alteraciones importantes y en los propios acontecimientos. Como la edad de la Tierra es de aproximadamente 4600 millones de años, cuando se habla de tiempo geológico la unidad base es el millón de años y siempre se relaciona como “antes del presente”.
No nos interesa aquí acerca de los métodos de datación y demás técnicas empleadas por la geología y la paleontología; en cambio sí el porqué de los nombres escogidos para las diferentes eras y periodos.
Las principales eras son: Precámbrica, Paleozoica, Mesozoica y Cenozoica.
El Paleozoico se divide a su vez en diferentes periodos: Cámbrico, Ordovícico, Silúrico, Devónico, Carbonífero y Pérmico.
El Mesozoico se divide a su vez en diferentes periodos: Triásico, Jurásico y Cretácico.
El Cenozoico se divide a su vez en dos periodos: Terciario y Cuaternario.
El Terciario se divide a su vez en diferentes épocas: Paloeceno, Eoceno, Oligoceno, Mioceno y Plioceno.
El Cuaternario se divide a su vez en: Pleistoceno y Holoceno.
En cuanto a los orígenes de sus nombres, el Paleozoico hace uso de la raíces griegas paleo ‘antiguo’ y zoo ‘vida animal’, con el significado de ‘vida antigua’. El Mesozoico hace lo propio con meso ‘media’, con el significado de ‘vida media’ y el Zenocoico con el significado de ‘vida reciente’.
Como los ingleses eran los más activos en los primeros años de esta disciplina, predominan en el léxico los nombres ingleses.
Los estratos del Cámbrico se estudiaron por primera vez en Gales y tomaron su nombre de Cambria, el antiguo nombre romano de esta región de la Gran Bretaña.
El Ordovícico debe su nombre a una tribu que vivió antiguamente en Gales, los ordóvices. Las rocas que cuentan la historia de este período se encontraron y estudiaron por primera vez en Gales. Al igual que el Silúrico debe el suyo a la tribu de los silures por el mismo motivo.
El período Devónico debe su nombre a un condado. En la década de 1.830, los geólogos Adam Sedgwick y Roderik Murchison estudiaron las capas de roca arenisca, caliza y pizarra del condado de Devon, Inglaterra. Estas capas se formaron hace unos 400 millones de años. En 1.839, sugirieron la adopción del nombre Devónico para este período geológico.
El período Carbonífero debe su nombre al carbón, que inició su vida como plantas hace unos 300 millones de años, en este periodo. Cuando los árboles muertos y otros vegetales caían en los pantanos, quedaban cubiertos de lodo y con el tiempo pasaron a formar lo que llamamos turba que, al comprimirse, se convirtió en carbón.
Con el aumento de las prospecciones geológicas en otros lugares, empezaron a aparecer nombres de todas partes. El Pérmico debe su nombre a Perm, una antigua provincia rusa en los montes Urales, en la que se realizaron muchos descubrimientos relativos al periodo.
El periodo Triásico recibe su nombre del prefijo latino tri- ‘tres’, y alude a las tres diferenciadas capas de roca que se depositaron durante el mismo.
El nombre de Jurásico alude a las montañas del Jura, la cordillera que divide Francia y Suiza y que se formó durante este periodo.
El nombre Cretácico procede de la palabra latina creta ‘greda, tiza’, haciendo referencia a las capas de tiza y esquisto que en aquellos días se amontonaron sobre el lecho de los mares.
Charles Lyell —uno de los más influyentes de aquellos primeros geólogos— introdujo en sus Principios de geología, unidades adicionales conocidas como épocas o series a los que dotó de nombres de una vaguedad muy atractiva al utilizar raices griegas: paleo ‘antiguo’, eo ‘temprano’, oligo ‘pocos, pequeño’, mio ‘menos, menor’, plio ‘más’, pleisto ‘el más’, holo ‘completo, todo, entero’. Así el Pleistoceno sería “el más reciente”, el Mioceno sería “el moderadamente reciente” y el Paleoceno el “más antiguo”.
geología la Tierra poblaciones raíces tiempoEl paso del ecuador
¿Sabías por qué se utiliza la expresión EL PASO DEL ECUADOR para indicar que se ha llegado al punto medio de un empresa o proyecto?
Se refiere al ecuador terrestre, que es la línea imaginaria perpendicular al eje y equidistante de los polos, que se corresponde con la circunferencia máxima y que divide el planeta Tierra en dos mitades o hemisferios.
El paso del ecuador significa pasar de una mitad de la Tierra a la otra mitad, lo que era todo un acontecimiento para las travesías de la Antigüedad y cuya consecución se celebraba tradicionalmente. Y se sigue celebrando en la actualidad en los cruceros.
La aplicación de esta expresión se ha extendido a otros campos, siendo destacable la celebración del paso del curso medio de una carrera universitaria.
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Primavera, verano, otoño e invierno, es decir: las estaciones del año.
En latín arcaico primavera era simplemente vera. Antes de la reforma del calendario llevada a cabo por Julio César en el 45 a.C., el año empezaba en marzo y con él la primavera, la estación más importante pues suponía el inicio de una nueva vida en plantas y animales. Por ello, y para subrayar este aspecto, se llamó a este periodo primo vera, convertido en latín vulgar en primavera.
Con ese nombre se instaló en la práctica totalidad de las lengua neolatinas, excepto el francés que la llamó printemps, literalmente ‘primer tiempo’.
El antiguo nombre del verano era aestivum tempus, del que proviene el actual nombre de estío o tiempo estival. Posteriormente se creó también el compuesto veranum tempus para referirse al final de la primavera y comienzo del verano. Sin ir más lejos, en el español del siglo XVI, se mantuvo la denominación latina y se llamó primavera a la primera parte de la primavera, verano a la segunda parte de la primavera y primera del verano y estío al verano en sí.
Otoño proviene del latín autumnus, compuesto de auctus, ‘crecido’, de augere, ‘aumentar’, y annus, ‘año’.
Invierno proviene del latín hibernum, del que también proceden otros términos como hibernación, hibernal, e hibierno. Aunque después de pasar por una transformación en ivierno en el latín vulgar.
la Tierra tiempoHoy presentamos: perieco

Se dice perieco de un morador del globo terrestre con relación a otro que ocupa un punto del mismo paralelo que el primero y diametralmente opuesto a él, es decir, a 180º sobre la circunferencia del paralelo, sobre el mismo hemisferio.
Por ejemplo una persona situada a 30º de la latitud norte y a 120º de longitud oeste y otra persona situada a 30º de latitud norte y a 60º de longitud este serían periecos.
Notar que no es lo mismo que antípoda, que se dice de cualquier habitante del globo terrestre con respecto a otro que more en lugar diametralmente opuesto, es decir, atravesando el centro de la Tierra con una recta imaginaria.
En el ejemplo propuesto una persona situada a 30º de latitud norte y a 120º de longitud oeste sería antípoda de otra situada a 30º de latitud sur y a 60º de longitud este.
Ambos términos se suelen emplear en masculino y plural. Así se dice periecos y antípodas.
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Las diferentes unidades de medida del tiempo y los nombres por las que las conocemos no son cosa de ayer. Desde antiguo hemos dividido el tiempo en las mismas porciones y los nombres actuales provienen de los de antaño. Y no obedecen a decisiones arbitrarias sino que están basadas en los conocimientos astronómicos de los pueblos de la Edad Antigua que han llegado hasta nuestros días a través del filtro de la roma clásica.
La diferenciación entre el día y la noche es la más obvia de realizar, siendo el siguiente paso el agruparlos en una unidad de tiempo que abarca un ciclo de luz-oscuridad. Después se unen en grupos de siete días llamados semanas (de sept, ’siete’ en latín). Y son siete los días de la semana, pues siete eran los astros móviles sobre el fondo fijo de un firmamento de estrellas que observaban los primitivos astrónomos. A saber: Mercurio, Venus, Marte, Júpiter, Saturno, Luna y Sol. Comoquiera que estos pueblos mantenían cultos politeístas, identificaron algunas de sus deidades con estos cuerpos que, majestuosamente, se desplazaban de constelación en constelación. Por ello dedicaron un día a la honra o adoración de cada uno de ellos y, una vez completado el ciclo de siete días, volvían a repetirlo. Diferentes han sido los nombres como diferentes han sido los pueblos pero, merced al poder integrador de la cultura romana, nos han llegado hasta la actualidad con un nombre único.
El orden viene dado por proximidad y por unos valores que la antigua astronomía calculaba a partir de su posición en la bóveda celeste. Comenzaron por el más próximo a la Tierra según la concepción Toloméica del Universo, la vigente en esos días.
Así consideraban que el astro más cercano era el Sol (sol, solis, en latín) al que dedicaron el primero de los días. Nótese a este respecto que la semana comienza en domingo y acaba en sábado, día que el pueblo judío dedicaba al descanso al final de la misma. Así se dice cap de setmana,’cabeza de semana’ en catalán, al conjunto de días festivos del actual fin de semana. Algunos idiomas corroboran el origen del nombre, como es el caso del inglés sunday (dies solis, ‘día del Sol’ en latín). Posteriormente, con la cristianización del Imperio Romano se dedicó el día al Señor y le llamamos domingo (de dies Dominica, ‘día del Señor’ en latín). También se le colocó en último lugar de la semana como correspondía al día del descanso.
El siguiente astro fue el consagrado a Selene, diosa griega que simbolizaba la Luna. El lunes (dies Lunae, ‘día de la Luna’ en latín) también muestra más clara su procedencia en el monday inglés o en el montag alemán.
El martes (dies Martis, ‘día de Marte’ en latín) fue dedicado a Marte, dios romano de la guerra. El conocido por planeta rojo fue asimilado al dios guerrero precisamente por su color, el de la sangre y el fuego. El nombre de sus satélites Phobos y Deimos corresponden al de los hijos del dios, que conducían su carro de combate.
El miércoles (dies Mercurii, ‘día de Mercurio’ en latín) fue asimilado a Mercurio, dios romano de la velocidad, precisamente por ser éste el planeta con el movimiento aparente más rápido de los siete. Otras lenguas mantienen la misma raíz latina, como el dimecres catalán o el mercoledì italiano.
El jueves (dies Jovis, ‘día de Júpiter’ en latín) fue dedicado a Júpiter, el mayor de los dioses del panteón romano. El planeta que simbolizaba al dios por su tamaño y por su lento movimiento aparente, enseñoreándose del firmamento.
El viernes (dies Veneris, ‘día de Venus’ en latín) fue consagrado a Venus, diosa de la belleza, precisamente por esta cualidad, la belleza del lucero del alba. Otras lenguas mantienen la misma raíz latina como el vendredi francés o el venerdì italiano.
Y finalmente, el sábado (dies Saturnus, ‘día de Saturno’ en latín) fue asimilado a Saturno por la gran cantidad de satélites que posee, como la gran cantidad de hijos del dios de la agricultura. De nuevo podemos constatar la similitud con el saturday inglés, en donde no se cambió la denominación, como en otras lenguas, por la del sabbatum latino, que deriva a su vez del shabbath, ‘descansar’, en hebreo, y que era el día de descanso antes de que el cristianismo lo cambiase por el domingo.
Si ya se han acabado los días de la semana no ha ocurrido así con los planetas del Sistema Solar. A los descubiertos en fechas mucho más recientes se le ha seguido nombrando siguiendo la tradición clásica.
Urano fue llamado Georgium Sidus, ‘estrella de Jorge’, en latín, por su descubridor William Herschel en honor a su mecenas real Jorge III, pero posteriormente se le llamó con el nombre actual. Si tras Júpiter venía su padre Saturno, tras éste debía venir el propio: Urano, padre de los titanes y de entre ellos el más poderoso Cronos, dios griego asimilado al Saturno romano.
Neptuno es el siguiente. Hermano de Júpiter y dios de los mares, asimilado al planeta de tonos verdeazulados. Y después Plutón, hermano de Júpiter y de Neptuno, dios de los muertos y del inframundo. Nombre adecuado para el planeta más alejado del Sol, el que vaga por las más inhóspitas regiones de nuestro sistema en compañía de Caronte, su satélite.
Incluso los nombres de los satélites tienen que ver con la mitología. Ya se ha hablado de la Luna, pero quedan otros más. Por ejemplo, Phobos y Deimos —satélites de Marte— no podían tener nombres másapropiados. El astrónomo norteamericano Asaph Hall los bautizó con los nombres de Deimos, ‘Terror’ y Phobos, ‘Temor’, correspondientes a los dos hijos del dios Marte que, según explica Homero en la Ilíada, le asistían en el manejo de su carro de combate. Por su parte Caronte —satélite de Plutón— recibe su nombre del barquero que conduce las almas de los muertos a través de la laguna Estigia hasta el reino de Plutón.
Y, para finalizar, una curiosidad. El género de todos los planetas y satélites es el masculino, incluso para Venus que simboliza a una diosa; lo que se podría explicar con el género de las palabras planeta y satélite, también masculino. Pero la regla se rompe con La Tierra y La Luna, de género femenino. ¿Por qué este uso del género? Quizá la explicación al primer caso sea la comparación con una madre. Es decir, la madre Tierra que, como la propia, nos provee de cobijo y alimento y pone a nuestra disposición lo necesario para cubrir nuestras necesidades. Y quizá la explicación del segundo esté en sus fases y su ciclo de 28 días, y la relación de éste con el ciclo femenino y con los aspectos de fertilidad que lleva asociados.
Colaboración de Francesc Ojeda
En las lenguas románicas, el género de la luna es femenino, pero en muchos idiomas es masculino. El caso más conocido es el del alemán der Mond. Además, en muchos pueblos indígenas, existen mitos según los cuales la luna (el luno) baja de noche a la tierra y viola a las mujeres. Es de suponer que esta creencia ha nacido por la relación entre el ciclo menstrual y el ciclo lunar.
Publicado originalmente el 11 de octubre de 1999
Ampliado el 18 de diciembre de 2000
Ampliado el 26 de agosto de 2004






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