Pasar las de San Amaro

¿Sabías por qué PASAR LAS DE SAN AMARO es pasarlo mal, con muchos problemas y penalidades?
La expresión hace referencia a San Amaro y a las vicisitudes y penalidades sufridas en su largo peregrinaje en busca del Paraíso Terrenal.
Quizá sobre la figura de un peregrino del Camino de Santiago, se aglutinaron toda una serie de tradiciones paganas cristianizadas —presentes en Galicia y Asturias— relacionadas con los viajes a las islas paradisíacas del Occidente, presentes en la mitología celta.
En Irlanda existe la figura de san Brandán, el navegante, al que también se atribuye un viaje en pos del paraíso.
Según cuenta la leyenda, San Amaro realizó un largo viaje por mar en el que visitó la Tierra Desierta, la Fuente Clara, el Mar Cuajado, la Isla Desierta y el monasterio de Valdeflores antes de arribar al Paraíso Terrenal. Al llegar se le prohibió la entrada por su condición de mortal, pero se le permitió contemplarlo por un instante a través de la hendidura de la llave. Sin embargo, durante su breve visión transcurrieron 300 años.
leyenda mar problema santo viajesPrometer el oro y el moro

Esta frase se utiliza para ponderar ciertas ofertas ilusorias y desproporcionadas.
Cuando no se cree en lo prometido por lo exagerado y fantástico de su naturaleza.
También se refiere al exagerado aprecio de lo que se espera o lo que se posee.
Existe una leyenda que narra que en tiempos del rey Juan II de Castilla, Hamet, sobrino del alcaide de Ronda llamado Abdalá, fue hecho prisionero en una redada llevada a cabo por unos caballeros cristianos de Jerez. A pesar de que Abdalá pagó el rescate exigido, los caballeros jerezanos mantuvieron preso al sobrino, exigiendo más pago en oro por su rescate.
De aquí se dijo que tales caballeros pretendían quedarse con el oro y con el moro.
leyenda reySanta Claus
¿Sabías el origen de SANTA CLAUS?
Santa Claus, Father Cristmas, Kolya, Niklas, Pezel-Nichol, Semiklaus, Svaty Mikulas, Sinterklass, Papá Noél, Baboo Natale, Knecht Ruprecht, Père Noël… son diferentes nombres para el mismo personaje patriarcal, tierno y protector que reparte regalos a todos los niños del mundo durante la noche del día de Navidad. Anteriormente se le llamó San Nicolás y mucho antes se le conoció como Señor Invierno en centro-europa.
San Nicolás, nacido en Licia (Asia Menor) a finales del siglo III, Obispo de Myra y patrono de Rusia y Grecia, fue una de las figuras más veneradas durante toda la Edad Media tanto en Oriente como en Occidente, y muy especialmente en Bari (Italia) donde se conservan sus reliquias, recuperadas de los musulmanes en 1087 por marinos italianos.
Provenía de una familia adinerada y a la muerte de sus padres se encaminó a la vida religiosa, haciéndose muy popular por su amor a los niños entre los que repartió su fortuna personal. Su fama se extendió y le fueron atribuidas historias milagrosas o de gran bondad como repartir regalos en salidas nocturnas, calmar tempestades o resucitar muertos.
Un relato destaca entre los demás y en él se reconocen algunos aspecto de la tradición. Se trata del relato de Las tres hermanas:
En la ciudad de Patara había tres niñas que no se podían casar porque eran pobres y su padre no tenía dinero para la dote. Por lo que el hombre decide venderlas cuando alcancen edad de ser desposadas.
Enterado San Nicolás acude a la casa para entregar una bolsa de monedad de oro, pero para no ser descubierto la lanza a través de la ventana y ésta cae dentro de un calcetín que la joven había colgado en la chimenea para que se secase.
El viaje se repite para cada una de las niñas cuando llega el momento.
En otras versiones el padre decide prostituirlas, la bolsa de oro son ahora lingotes y éstos son lanzados por el hueco de la chimenea.
En invieno se celebraban las saturnales o fiestas de Saturno en el Imperio Romano. Estas fiestas y ceremonias religiosas terminaban con la entrega de regalos a los niños por parte de todos. La costumbre pervivió al paso del tiempo y en cada lugar era un personaje diferente el encargado de entregar regalos: Befana, la bruja buena, los entregaba a los niños italianos, el Tió a los niños catalanes, el gigante Olentzero a los niños vascos. Y duendes, campesinos de barba blanca, carboneros y otros tenían la misma función en otros parajes. El personaje de San Nicolás hizo de aglutinador.
La tradición de San Nicolás arraigó especialmente en Holanda a partir del siglo XIII, llegando a nombrarle santo protector de Amsterdam. En aquellos días se le representaba con barba blanca, ornamentos eclesiásticos, montado en burro y cargando un saco con regalos para los niños buenos y varas para los desobedientes.
Hacia el siglo XVII llegaba en un barco llamado Spanje (España), con un caballo blanco y un sirviente moro llamado Zwarte Piet (Pedro el negro), que cargaba un saco con golosinas que, cuando quedaba vacío, servía para meter en él a todos los niños que se habían portado mal durante el año y entonces los llevaba a España (un castigo horrible para la época, ya que ambos países eran enemigos).
En Europa no ocurrió lo mismo debido a la tradición reformista inspirada por Lutero, que intentó sustituir al portador de regalos por el propio Niño Jesús —el Cristkind— aunque sin éxito. Aunque sí que tuvo un efecto, pues San Nicolás entregaba los regalos durante la noche del 5 al 6 de diciembre y el rápido avance de la costumbre de entregar los regalos del niño Dios en el día de Navidad, forzó que él también entregara los regalos ese día.
Cuando en 1624 los emigrantes holandeses fundaron Nueva Holanda en el continente americano —Nueva York al pasar a dominio inglés— trajeron con ellos su Sinterklaas, que luego derivó en Santa Claus por la pronunciación anglosajona y desde aquí se popularizó a todo el continente norteamericano, dejando en el camino a su sirviente moro.
Más tarde la tradición hizo el camino inverso y fue Santa Claus quién se popularizó en Europa.
La imagen de Santa Claus fue pasando por diversos estadios hasta llegar a su forma actual. En un poema de 1823 escrito por Clement C. Moore, cambió el trineo tirado por un caballo blanco por uno tirado por renos y lo describió como un tipo alegre, robusto, gordo y de baja estatura. Y situó su llegada en la vigilia de Navidad.

Posteriormente el dibujante Thomas Nast creó la imagen del personaje vestido de rojo, con gorro y botas altas que saltó a todas las revistas infantiles y periódicos de su tiempo, añadiéndole detalles como el taller del polo norte y su vigilancia sobre los niños buenos y malos de todo el mundo.
Finalmente fue la Coca Cola la que le dio su actual aspecto en 1931, al encargar a Hadbon Sundblom —dibujante de origen sueco— que remodelara el Santa Claus de Nast. Éste creó un personaje eternamente jovial, más alto, más gordinflón, cargado de años, con barba y bigotes blancos y sedosos, y con ojos pícaros y chispeantes. Mantuvo los colores rojo y blanco -que son los de la compañía- e hizo su traje más lujoso.
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¿Sabías por qué SANTA CLAUS VISTE DE ROJO Y BLANCO?
El color de su vestimenta es otro aspecto más de la evolución del icono navideño.
La leyenda de Santa Claus proviene de las que desde muy antiguo se han atribuido a San Nicolás de Bari —obispo de Myra —que entregó todos sus bienes a los pobres, distinguiéndose siempre por su generosidad hacia los niños.
En la Edad Media, la leyenda de San Nicolás arraigó de forma extraordinaria en Italia y en los estados alemanes y holandeses. Cuando los holandeses colonizaron Nueva Amsterdam —la actual isla de Manhattan— erigieron una imagen de San Nicolás e hicieron todo lo posible para mantener su culto y sus tradiciones en el Nuevo Mundo.
La devoción de los inmigrantes holandeses por el santo era tan profunda y pintoresca que el escritor norteamericano Washington Irving satirizó éstas y otras costumbres holandesas en un libro titulado Knickerbocker’s History of New York (La historia de Nueva York según Knickerbocker) publicado en 1809. En él, San Nicolás era despojado de sus atributos obispales y convertido en un hombre mayor, grueso, generoso y sonriente, vestido con sombrero de alas, calzón y pipa holandesa, que se dedicaba a arrojar regalos por las chimeneas gracias a un caballo volador que arrastraba un trineo prodigioso.
La popularidad alcanzada por el llamado “guardián de Nueva York” contagió a los norteamericanos de origen inglés, que comenzaron también a celebrar su fiesta cada 6 de diciembre, y que convirtieron el Sinterklaas o Sinter Klaas holandés en el Santa Claus norteamericano.
En 1823, un poema de Clement Moore titulado A Visit of St. Nicholas (Una visita de San Nicolás) publicado en el periódico Sentinel de Nueva York, contribuyó a la evolución de los rasgos típicos del personaje. En el poema, San Nicolás aparecía sobre un trineo tirado por renos y adornado de sonoras campanillas. Su estatura se hizo más baja y gruesa, y adquirió algunos rasgos próximos a la representación tradicional de los gnomos (que según algunas viejas leyendas germánicas otorgaban premios y castigos a los niños).
En 1863, Thomas Nast —un dibujante y periodista de origen alemán— publicó en el periódico Harper’s Weekly su primer dibujo de Santa Claus, en el que lo presentaba con figura próxima a la de un gnomo, en el momento de entrar por una chimenea. Sus dibujos de los años siguientes fueron transformando sustancialmente la imagen de Santa Claus, que ganó en estatura, adquirió una barriga muy prominente y se rodeó de elementos como el ancho cinturón, el abeto, el muérdago y el acebo.
Cuando las técnicas de reproducción industrial hicieron posible la incorporación de colores a los dibujos publicados en la prensa, Nast pintó su abrigo de un color rojo muy intenso. Aunque no se sabe con certeza si fue él el primero en hacerlo, o si lo hizo por influencia de Louis Prang, un impresor de Boston que publicaba postales navideñas en que aparecía Santa Claus con su característico vestido rojo.
Durante la segunda mitad del siglo XIX se consolidó la figura de Santa Claus merced a las grandes tiradas de tarjetas de felicitación con fines publicitarios y se avanzó en el proceso de abandono de los aspectos religiosos que hasta entonces le acompañaban. Dejó de ser una figura religiosa para convertirse en un emblema cultural, celebrado por personas de credos y costumbres diferentes, que aceptaban como suyos sus abiertos y generales mensajes de paz, solidaridad y prosperidad. Dejó de ser un típico personaje de la sociedad norteamericana de origen holandés para universalizarse con su viaje de vuelta a Europa.

Para la campaña publicitaria de la empresa de bebidas Coca-Cola en la Navidad de 1931, los dirigentes de la empresa pidieron al pintor Habdon Sundblom —de origen sueco— que remodelara el Santa Claus de Nast. El artista, que tomó como primer modelo a un vendedor jubilado llamado Lou Prentice, hizo que perdiera su aspecto de gnomo y ganase en realismo. Santa Claus se hizo más alto, gordinflón, de rostro alegre y bondadoso, ojos pícaros, chispeantes y amables, con pelo cano y sedosa barba y bigote y fue vestido con un traje más lujoso de color rojo con ribetes blancos, que eran los colores oficiales de Coca-Cola. El personaje estrenó su nueva imagen, con gran éxito, y el pintor siguió haciendo retoques en los años siguientes, incorporándose a sí mismo como modelo del personaje, y a sus hijos y nietos como modelos de los niños que aparecían en los cuadros y postales.
aspecto celebración color leyenda navidad niños personajeDiada de Sant Jordi
El 23 de abril de cada año se celebra la “Diada de Sant Jordi”, día de la rosa y del libro.

Sant Jordi, patrón de Cataluña y Aragón, lo es además de Portugal, Génova, Inglaterra, Lituania, Grecia, Rusia, Georgia, Etiopía y otros lugares. Claro que allí lo conocen como Jorge (castellano), Gorka (euskera), Xurxo (gallego), Georges (francés), George (inglés), Georg (alemán), Giorgio (italiano), Georgos (griego) o Yuri (ruso). Como nombre proviene de gea y ergon, términos griegos que, unidos, significan “el que trabaja la tierra”.
El santo caballero de la Capadocia (antiguo país de Asia Menor ubicado en la actual Turquía), tribuno militar y consejero del emperador Diocleciano (284-305), se convirtió al cristianismo abandonando su carrera de soldado y repartiendo sus bienes entre los pobres. Por no abandonar sus creencias religiosas fue martirizado y decapitado en el año 303, llegando a ser uno de los más célebres mártires.
Son numerosas las leyendas sobre el personaje del que pocos datos reales se conocen. De culto mucho más antiguo en Oriente, fue durante la Edad Media cuando fue muy venerado en Occidente y gozó de popularidad entre la gente de armas precisamente por el hecho de haber sido caballero.
No solamente se le rendía culto religioso, incluso se instituyeron órdenes de caballería bajo su advocación. Estas órdenes tomaron parte en las cruzadas en numerosas ocasiones, lo que favoreció un intercambio cultural y el hecho de que muchas leyendas de origen oriental se adaptaran a la realidad cristiana occidental. El fin principal de estas historias era la exaltación del cristianismo por encima de todo, por lo que la Iglesia fue permisiva y no tuvo en cuenta la veracidad de tales historias.
Según el Costumari català de Joan Amades, llegaron a escogerle como patrón de la caballería y de la nobleza catalana por la ayuda que prestó al rey Pere I en al año 1094, quien ganó una batalla contra los sarracenos tras invocar al santo. Otra leyenda narra que el Conde de Barcelona, Borrell II, recobró la capital con tan solo nueve hombres que acudieron a su llamada a las montañas de Manresa y la ayuda del santo que, entre jirones de nubes, cabalgando un caballo blanco y blandiendo un relámpago por espada, los guió en la lucha.

Un feroz dragón exigía a los habitantes del pueblo de Montblanc que le proporcionasen alimento a diario. Como no tenía suficiente con los animales que le ofrecían y quería comer más, la gente del pueblo se vio obligada a realizar un sorteo diario entre los habitantes para elegir una víctima para el sacrificio. Un día le tocó a la princesa, pero justo cuando el dragón estaba a punto de devorarla en la puerta de su cueva, apareció un caballero desconocido llamado Jordi que luchó con el feroz dragón y le dio muerte. De la sangre vertida por el dragón brotó un rosal de rosas rojas y el caballero le regaló una a la princesa como prueba de amor.
El 23 de abril no sólo se veneraba al santo en el altar, también se realizaban fiestas profanas, como las justas caballerescas y torneos que el estamento militar de la nobleza catalana organizaban en la plaça del Born de Barcelona y en las que las damas eran obsequiadas con una rosa por su caballero.
Aunque fue una costumbre elitista en un principio, se trasladó al resto de la sociedad con el paso de los años gracias a la barcelonesa Fira dels enamorats (Feria de los enamorados) en el siglo XV, cuando se repartían rosas entre todas las señoritas que asistían a la función religiosa celebrada en el Palau de la Generalitat.
El simbolismo de la rosa roja es la pasión, la espiga de trigo la fecundidad, y la senyera (bandera catalana) el patronazgo del santo.
Mucho más tarde, el escritor y editor valenciano afincado en Barcelona, Vicente Clavel Andrés, vicepresidente de la Cámara Oficial del Libro de Barcelona, propuso al gobierno central la idea de la celebración de una fiesta del libro para animar la lectura. El 6 de febrero de 1926, el gobierno español presidido por Miguel Primo de Rivera lo acepta y el rey Alfonso XIII firma el Real Decreto que instituye la “Fiesta del Libro Español” para el día 7 de octubre en conmemoración del nacimiento de Miguel de Cervantes (bautizado el 9 de octubre de 1547 como consta en su acta bautismal), aunque el año 1930 se trasladó al 23 de abril, día de su muerte.
En un 23 de abril, además de Cervantes (7/10/1547-23/4/1616) también murieron escritores como Josep Pla (8/3/1897-23/4/1981) y William Shakespeare (26/4/1564-23/4/1616).
En el año 1995, la Unesco instituye el 23 de abril como “Día Mundial del Libro y de los Derechos de Autor”.
Así, el 23 de abril y en celebración de la tradición, el enamorado le regala una rosa a su enamorada y ella le regala un libro a él. Aunque en los últimos años y en busca de una mayor beneficio económico, se pretende que sea el día de la expresión del sentimiento amoroso (ya que el 14 de febrero y San Valentín tienen un arraigo más universal); así se regalan rosas no sólo a la pareja sino a quien se quiere en un sentido más amplio (madres, hijas…) y a quien se aprecia (amigas, compañeras de trabajo…) y se regalan libros no solo a él sino también a ella. Y se ha exportado la tradición a otros países. Cosas de la globalización.
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