Woody Allen
Nació el 1 de diciembre de 1935 en Nueva York con el nombre de Allan Stewart Königsberg. Es considerado uno de los principales directores y guionistas cinematográficos contemporáneos.
Sus inicios como humorista quedan reflejados en una gran cantidad de frases sarcásticas y humorísticas y aforismos llenos de ingenio.
Algunas de ellas son:
El dinero no da la felicidad, pero procura una sensación tan parecida, que necesita un especialista muy avanzado para verificar la diferencia.
¿Es sucio el sexo? Únicamente si se hace bien.
Mi cerebro es mi segundo órgano favorito.
La última vez que estuve dentro de una mujer fue cuando visité la estatua de la Libertad.
El dinero es mejor que la pobreza, aunque sólo sea por razones económicas.
Cuando escucho a Wagner durante más de media hora, ¡me entran unas ganas de invadir Polonia!
Mis padres no solían pegarme; lo hicieron sólo una vez: empezaron en Febrero de 1940 y terminaron en Mayo del 43.
No le tengo miedo a la muerte, es sólo que no quiero estar ahí cuando me suceda.
¡Solo pido que Dios me envíe una señal clara! Como por ejemplo hacer un gran depósito a mi nombre en un banco suizo.
El sexo entre dos personas es una cosa hermosa; entre cinco es fantástico…
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La historia o la leyenda ponen, en ocasiones y en boca de famosos moribundos, frases lapidarias y de gran sabiduría.
Pero, ¿qué pasaría si las pone el humor? ¿qué podría haber dicho tal o cual persona justo antes de palmarla?
A continuación algunas de esas supuestas frases:
¿Que he bebido qué? (Sócrates)
¡Qué va! No hay demasiada pólvora. (El hombre-bala del circo)
Nena, la comida tiene un gusto algo raro. (Cualquier pariente de Lucrecia Borgia)
Le invito a cenar a mi casa Sr. Lecter. (Uno que no conocía bien al amigo Anibal)
Perdone, ¿tiene fuego? (Un bonzo)
¡Que mareo! Se me va la cabeza… (María Antonieta)
Sit, simba, sit. (El domador del circo)
¡Levantad la capota del coche! (JFK)
¡Bruto, ayuda! (Julio César)
¿Seguro que esta leona no es peligrosa? (Uno de un safari fotográfico)
¡Qué calor! (Juana de Arco)
Confío plenamente en Vd., doctor. (Un confiado)
¡Como me dé la vuelta…! (Billy el Niño)
Mi padre nunca falla. (Un hijo de Guillermo Tell)
¿Tú y cuántos más? (Un chulo de barrio)
Esperad que me ponga las botas. (General Custer)
¡Mira… sin manos…! (Un motorista novato)
¡Claro que sé conducir un bólido! (Uno que no sabía)
frases muerte palabras personajeSalvarse por los pelos
¿Sabías por qué SALVARSE POR LOS PELOS es librarse de un peligro inmediato y mortal en el último momento por un golpe de suerte?
El desempeñar el oficio de marinero no ha supuesto siempre que tal profesional supiera nadar. Es más, en siglos anteriores era bastante común que los hombres de mar supiesen apenas mantenerse a flote, pues el saber nadar no era una condición exigida para el enrolamioento.
Si un marinero caía al mar, sus compañeros intentaban izarlo a bordo lo más rápido posible para evitar el ahogamiento y, para ello lo asían de donde buenamente podían, no siendo nada raro que se asieran por los cabellos.
Así que, cuando en 1809 se dictó una orden por la que los marineros de la Marina estaban obligados a cortarse el pelo, en aras de la uniformidad o la higiene, se alzaron voces de protesta contra tal medida, esgrimiento el razonamiento de que el pelo largo era útil pues eran muchos los marineros que habían salvado la vida al asirles sus compañeros por los pelos.
Una de estas quejas está recogida en una carta conservada en los archivos de la Marina, y que los artilleros de Marina Manuel Calderón y Manuel Morales dirigieron al rey José I: “Que siendo todo su estar en la mar embarcados y a cada instante vense en el eminente riesgo de poderse ahogar; y no teniendo el pelo por dónde comúnmente se favorecen asiéndose de él;… …Pues no es costumbre a los Marineros por la expuesta causa se les haya nunca cortado el pelo; y que les pueda servir de engancho o agarradero en caso de peligrar en su destino enla mar…”
Una Real Orden expedida en el mismo año derogó la medida de la obligatoriedad de cortarse el pelo.
agua mar muerte peligro riesgo suerteDía de los Santos Inocentes
¿Sabías qué se celebra el 28 de diciembre, DÍA DE LOS SANTOS INOCENTES?
En esta festividad se suelen gastar bromas —generalmente de buen gusto— entre las que destaca colgar un monigote o llufa en la espalda del embromado, que así cargará con él sin enterarse.
Esta festividad tiene un origen religioso, pues se conmemora la matanza en Belén de los niños menores de dos años por orden del rey Herodes, que pretendía evitar así su destronamiento a manos del Mesías, tal como anunciaron los profetas y recoge el Evangelio de San Mateo.
Pero durante la Edad Media esta festividad asimiló la fiesta de carácter pagano denominada Fiesta de los locos —que también se desarrollaba entre la Navidad y el Año Nuevo— para evitar así la interrupción de las celebraciones cristianas.
Con el paso del tiempo, el carácter religioso de este día quedó relegado a un segundo plano frente al protagonismo que adquirieron las bromas y tomaduras de pelo de la festividad pagana.
En los países anglosajones se celebra el 1 de abril con el nombre de Fool’s Day, desprovisto totalmente de tradición religiosa.
belén diversión muerte navidad niños reyEpitafios (4)

La Muerte es una cosa muy seria. Pero como ocurre con todas las cosas serias, no está de más tomarlas a broma de vez en cuando.
A continuación unos epitafios en clave de humor:
a un boxeador invicto: Por fin te tumbaron.
a un mecánico: Era de una pieza.
a un bailarín de break-dance: ¿Te vas a estar quieto?
a un payaso: Murió de risa.
a una enamoradiza: Éste fue su último suspiro.
a los 3 mosqueteros: Todos para una (tumba).
a uno con doble personalidad: Descansen en paz.
a un músico: Con la música a otra parte.
a un jardinero: A criar malvas.
a un muero de hambre: Por fin fiambre.
a un cabezón: ¿Ves como sí que estaba cargada?
a un nuevo rico: Me mudé al otro barrio.
a un pobre: Ahora estoy tieso del todo.
a uno que seguía un régimen de adelgazamiento: Me he quedado en los huesos.
a un arqueólogo: Dentro de mil años excavad aquí.
a un fan de Mecano: No es serio este cementerio.
a un habitual de hotel: No molestar.
frases muerte sepulturaLos muertos y la cosmética
La Muerte es el enigma definitivo. Y como gran misterio que es, siempre ha inquietado al hombre y le ha llevado a proponer respuestas a la pregunta de ¿qué hay más allá? Y para contestar a esta pregunta y dar sentido a otras necesidades, se han formulado creencias, filosofías y religiones y, en ellas, siempre se ha tratado con respeto a los muertos, conocedores de la respuesta. Con respeto y con miedo.
Miedo a que el espíritu del difunto no desee abandonar el mundo e intente poseer otro cuerpo. Miedo a que los malos espíritus perturben el descanso del fallecido. Miedo a que regrese de entre los muertos para importunar a los vivos. Dando lugar estas creencias a múltiples costumbres y tradiciones.
Cuando alguien fallece lo primero que se hace es cerrarle los ojos. Con ello se pretende evitar que el difunto escoja al siguiente en morir y se establece una frontera entre lo muerto y lo vivo, de la misma manera que al cubrir el cadáver con una sábana o tela.
Velar al muerto significa hacerle compañía desde el momento de la muerte hasta recibir sepultura a la luz de las velas repartidas por la viuda, el viudo o los familiares, evitando así que malos espíritus le importunen. Siendo otra señal de duelo el vestir alguna prenda de luto.
El color del luto es el negro a partir del siglo XI —antes era el blanco— y obedece a la necesidad de los vivos de ocultarse a los muertos. Con la muda del atuendo habitual buscaban un doble fin: desorientar al muerto haciendo irreconocible al vivo —evitando así que el alma del difunto penetrara en el cuerpo de los vivos— y apartar a los dolientes del resto de la sociedad para no contaminarla con la impureza que suponía la muerte. Algunos pueblos primitivos usan el color blanco embadurnándose el cuerpo con yeso o con cenizas a fin de disfrazarse de espíritus y desorientar a los intrusos del más allá.
Una vez amortajado el cadáver recibe sepultura bien envuelto el tela o, si su economía lo permite, en un ataúd. Ya hacia el cuarto milenio antes de Cristo los sumerios metían a sus difuntos en cestos de juncos movidos por el miedo al regreso y se debe entender este hecho como un antecedente del ataúd. En algunos pueblos del norte de Europa se decapitaba el cadáver y se le amputaban los pies para evitar que persiguiese a los vivos. Y aunque enterrarlo bajo metro y medio de tierra podía ser suficiente, se le encerró en una caja, se le clavó una tapa con un número exagerado de clavos y se cegó la entrada de la tumba con una pesada lápida.
En Roma se enterraba al atardecer y, para despistar al muerto se llegaba al cementerio ya anochecido y se encendían antorchas tanto para alumbrarse como por ser el fuego un elemento parejo a la muerte. De hecho la palabra funeral proviene del latín funus, ‘tea encendida’.
Colocar flores en las sepulturas se interpreta como el deseo de proporcionar algo vivo en recuerdo del difunto y la corona de flores tenía también la misión de barrar el paso al espíritu e impedirle volver del mundo de los muertos.
Creencia muy arraigada era la que contemplaba que el alma que carecía de tumba erraba por la tierra y podía atormentar a los mortales enviándoles males o atormentándoles con sus apariciones. Y no bastaba con enterrar el cuerpo, se debían observar ritos. La eventualidad de ser indebidamente enterrado atemorizaba a los vivos y se temía más que a la muerte misma. En la Ilíada, Héctor ruega a su vencedor para que no le prive de sepultura:
“Te imploro no entregues mi cuerpo a los perros junto a los barcos griegos; acepta el oro que te ofrecerá mi padre y devuélvele mi cuerpo para que los troyanos me ofrezcan mi parte en los honores.”
La posesión por parte de un espíritu maligno o un alma atormentada ha sido un temor ancestral y diversas han sido las artimañas para protegerse de tal eventualidad. Las primeras proceden seguramente del Neolítico y se pueden observar en la actualidad en las tribus más atrasadas del África profunda o del Amazonas. Consisten en la automutilación y colocación de objetos mágico-religiosos en los orificios del cuerpo por los que podían penetrar los malos espíritus. A ese fin se agujereaban los extremos de las orejas para colgar de ellas talismanes, y también las aletas de la nariz o los labios.
Los pendientes pasaron a ser de oro, ya que al fetichismo se le unía el prestigio del metal, y si el pendiente era un aro se interpretaba en el mundo antiguo como sumisión a Dios.
El hombre del Neolítico acostumbraba a pintarse la cara y el cuerpo con significado mágico-religioso, como una forma de disfrazarse y ocultarse a los malos espíritus y a no ser reconocido tras la máscara. Después de ello, el maquillaje estuvo presente en todo el mundo antiguo. Los reyes se presentaban ante su pueblo maquillados, las mujeres podían aparecer en público desnudas, pero no sin pintarse y en Egipto nadie era enterrado sin útiles cosméticos. Hombres y mujeres pintaban sus labios de color rojo pálido por imperativo de la moda egipcia y por la supersticiosa creencia de que no es posible la muerte si los labios están rojos.
El mismo cuento se le puede aplicar a la pintura de ojos y a los tatuajes con los que algunos aborígenes maoríes adornan su cuerpo. Incluso al gesto de cubrir el bostezo con la mano, ocultando la desmesurada y prolongada abertura de la cavidad bucal. E incluso el cubrimiento de las partes íntimas obedece no tanto a un sentimiento de pudor como a una maniobra de protección de otros posibles orificios de entrada del cuerpo o contra el mal de ojo sobre tan delicadas partes de la anatomía.
Publicado originalmente el 17 de febrero de 2002
costumbre miedo muerte sepultura significado supersticionesMatar al mensajero
¿Sabías por qué MATAR AL MENSAJERO es acusar a una persona que nos da una mala noticia de ser el causante de la misma?
Los mensajeros de la Antigüedad se exponían a perder la vida cuando llevaban noticias infortunadas a los poderosos.
Muchas crónicas y obras literarias dan testimonio de ello: promesas de oro y perlas si las nuevas son las que se esperan ansiosamente y azotes, tortura y muerte en el caso contrario.
En la Edad Media era costumbre azotar al mensajero portador de malas noticias, aunque ya no se le daba muerte.
Actualmente matar al mensajero no pasa de ser una frase hecha que alude a la indignación que provocan quienes dan a conocer malas noticias, aunque esa indignación yerre el blanco.
mensajes muerteDar la puntilla
¿Sabías por qué DAR LA PUNTILLA es rematar un asunto, darlo por terminado?
También causar a alguien un daño moral irreparable o definitivo.
La expresión se usa para expresar la acción de finiquitar, acabar, humillar, hundir o vencer en cualquier asunto que se prolonga mucho, mediante un gesto definitivo, rápido y preciso.
La frase alude a un lance del toreo que consiste en rematar al animal, con un puñal corto, mediante un golpe seco y fuerte en la cerviz.
muerteHa pasado un ángel
¿Sabías por qué se dice que HA PASADO UN ÁNGEL cuando en medio de una animada charla se hace de repente el silencio?
Con esta frase se da pie a reanudar la conversación, trivializando el silencio.
La costumbre tiene su origen en la Roma clásica.
Los romanos tenían junto al fuego de sus casas representaciones de Lares y Menes —dioses menores protectores del hogar— que simbolizaban la participación y permanencia en la vida diaria, de los muertos de la familia, a los que se profesaba un gran respeto.
Cuando se mencionaba el nombre de un difunto, todos mantenían un silencio respetuoso antes de proseguir la charla; algo parecido al “minuto de silencio” actual para honrar a uno o varios difuntos.
Al pasar esta costumbre por el tamiz cristiano, se habló de ángel, para referirse con respeto al momento del tránsito del alma del difunto.
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La frase expresa la idea de que, tarde o temprano, le llega a todo el mundo la hora de sufrir y padecer.
Se refiere al hecho inapelable de que quien la hace la paga y recibe su merecido.
Ya dice un proverbio: No hay plazo que no se cumpla ni deuda que no se pague.
Con esta expresión se alude metafóricamente a la matanza del cerdo que, tradicionalmente, tiene su inicio en muchos lugares el 11 de noviembre, festividad de San Martín de Tours. A estos animales, que han estado todo el año viviendo encenagados y en la holganza, cuidando sus dueños sólo de cebarlos, les llega su fin en la época de la matanza.
Antiguamente se decía: A cada puerco le viene su San Martín, y así consta en el Vocabulario del maestro Correas, que al respecto dice:
“… castiga a los que piensan que no les ha de venir su día, y llegar al pagadero. Por San Martín se matan los puercos, y de esto se toma la semejanza, y conforme con el otro que dice: No hay plazo que no llegue.”
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