Un hito o fito es una señal clavada en el suelo que indica un límite.

Se puede señalar los límites de una propiedad o los límites de un camino colocando estacas clavadas en el suelo o piedras a intervalos regulares. De esta manera, un viajero que no conociese una región podría evitar los terrenos privados y seguir fácilmente las veredas haciendo caso de esas indicaciones, incluso en el caso de que la vegetación hubiese cubierto un itinerario poco transitado. El hito referido a un límite territorial se ha dado en llamar coto y el hito referido al límite de un sendero, mojón. Un coto privado de caza o una propiedad vallada es algo fácil de ver, así como los mojones que señalizan una carretera y que nos indican el nombre de la vía y la distancia itineraria en kilómetros.

De hito en hito (de fit a fit, en catalán) es una frase hecha que significa que ’se presta atención a una cosa, que se la mira fijamente’. Igual que debía hacer el viajero para no extraviarse: prestar atención a los hitos del borde del camino. Hito también ha adquirido el sentido figurado de meta o momento señalado. De igual modo que el renombrado viajero debía fijarse como meta el siguiente hito cuando superaba el anterior, como una especie de reto. Así podemos oír frases como: “El descubrimiento de América es un hito de la Historia”, “Su triunfo ha marcado un hito” o “Ens hem fixat una fita” (’nos hemos marcado una meta’, en catalán). También un significado de éxito, como el alcanzado al sobrepasar la meta o hito. Tal es el caso del hit parade (’desfile o relación de éxitos’, en inglés) en el que se presentan una lista ordenada de éxitos musicales.

Uno de los juegos más sencillos y más practicado en todo el mundo es el de lanzar un objeto hacia un punto señalado intentando hacerlo con puntería. Generalmente el objeto arrojadizo es una piedra y la señal una estaca, un agujero o una piedra mayor; aunque pueden ser herraduras, argollas, pelotas o bolas como en el caso del juego de la petanca, o como en cualquiera de las barracas, puestos o casetas de feria en las que nos retan a probar nuestra puntería y conseguir como premio algún osito de peluche.

De entre los cientos de nombres que, sin duda, habrá recibido este juego, nos interesan algunos: la chita, el tejo y la tángana.

Haciendo referencia a la señal contra la que se lanzaba —una piedra alargada o una tablilla colocada en vertical o una estaca— el juego recibió el nombre de hito y posteriormente de chito o chita. Los muchachos solían colocar las monedas de sus apuestas sobre el chito y las ganaba aquél que las derribaba o el que —una vez derribadas— colocaba su piedra o tejo más cerca. Comoquiera que a los adultos no les hacía gracia que los muchachos anduvieran metidos en apuestas con dinero, estos lo hacían a escondidas y jugaban a la chita callando, frase que se ha dado en utilizar para expresar que ’se hace algo con mucho silencio, con disimulo o en secreto’.

Chitón es un imperativo para demandar silencio fruto de un aumentativo de chita, es decir, con mucho secreto. E irse a chitos o andar a chitos significa, simulada y familiarmente, ‘andarse vagando, divertido en juegos y pasatiempos’. Así lo explica el maestro Correas en su Vocabulario de refranes:

“Andar a chitos. Buscar cosas vanas: chito o chita es un huesecillo o pedrezuela a que tiran los muchachos en el juego que ellos llaman de la chita: tiran con él con unas piedras llanas como ruedas, que llaman chito; cuando se concierta el juego, todos van a buscar chitos en algún arroyo o muladar o edificio caído, y los hacen de piedra, teja o ladrillo.”

También recibía el nombre de chita la taba o astrágalo de los corderos; huesecillo menudo que —a guisa de dado— se utilizaba en juegos de azar y que también se jugaba a escondidas cuando se apostaba por las mismas razones descritas anteriormente.

Haciendo referencia al objeto arrojadizo, el juego recibió posteriormente el nombre de tejo, ya que en ambientes urbanos era más habitual encontrar trozos de teja aptos para el  juego. Del arrojo, decisión e insistencia necesarias para tirar bien los tejos se pasó al sentido figurado de insinuar a una persona el interés amoroso que se tiene por ella. A la que se miraba con insistencia, se cortejaba y se rendían constantes atenciones se decía que le tiraban los tejos y tirar los tejos pasó a significar iniciar un cortejo.

También era frecuente que los muchachos, tímidos, lanzasen desviado su tejo intencionadamente para que fuera a caer a los pies de la chica que le gustaba cuando las muchachas observaban el juego. De esta manera tenían excusa para acercarse a ella al ir a recoger su tejo y poder así intercambiar miradas furtivas, sonrisas y comentarios. Esto llevaría a más de uno a afirmar que fulanito le está tirando los tejos a menganita, como una expresión literal de un hecho y no de una actitud.

Este tejo era utilizado tanto para juegos como la rayuela, la casa o la línea —en los que había que darle pequeños golpes al tejo con el pie para recorrer un dibujo o alcanzar una señal —como para arrojarlos contra una pieza o tanga con dinero encima.

Otro nombre por el que se conocía el juego era el de tanga o tángana (así, esdrújula). Y habiendo dinero de por medio es de suponer que eran frecuentes las discusiones a la hora de determinar el ganador. Y esas pequeñas trifulcas a base de insultos y empujones que no solían pasar a mayores, se dieron en llamar tánganas. Término que actualmente se usa para definir los alborotos que en ocasiones se dan en las competiciones deportivas a raíz de una jugada conflictiva y que podemos oír habitualmente en las retransmisiones de partidos de fútbol, en los que armarse una tangana es un hecho cada vez más frecuente. Pero eso sí, con la sílaba tónica en penúltimo lugar (llana y por lo tanto sin tilde).

Publicado originalmente el 02 de junio de 2004

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Él y ella

09May07

El estereotipo de siempre: como el perro y el gato. La mayoría de las veces no es así, pero la guerra de sexos es algo que siempre vende.

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A continuación unos ejemplos de ingenio verbal machista-feminista:

Él dijo: No sé por qué usas sostén; no tienes nada que poner en él.
Ella dijo: Tú usas calzoncillos, ¿verdad?

Ella dijo: Un día me iré de casa.
Él dijo: No olvides llevarte a tu madre.

Él dijo: ¿Me amas sólo porque mi padre me dejó una fortuna?
Ella dijo: No, querido. Yo te amaría sin importar quien te la dejó.

Ella dijo: ¿Cómo es que vienes a casa medio borracho?
Él dijo: No es mi culpa, se me acabó el dinero.

Él dijo: No encontrarás a otro como yo.
Ella dijo: Gracias a Dios.

Ella dijo: Salgamos a divertirnos esta noche.
Él dijo: Buena idea. El que llegue primero deja la luz de la entrada encendida.

Él dijo: ¿Por qué nunca me dices cuando tienes un orgasmo?
Ella dijo: Lo haría, pero nunca estás ahí.

Ella dijo: Necesito más libertad.
Él dijo: Te agrandaré la cocina.

Él dijo: ¿Qué harás si te dejo?
Ella dijo: Domesticaré a otro animal.

Ella dijo: ¿A quién piensas dar placer con esa miniatura?
Él dijo: A mí.

Él dijo: ¿Ensayamos una posición diferente esta noche?
Ella dijo: Buena idea; tú te paras al lado de la mesa a planchar y yo me siento en el sofá a ver televisión.

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Antes y después

Antes y después ¿de qué? Pues del inexorable paso del tiempo.

 

Antes: dos por noche
Después: dos por mes

Antes: ¡me dejas sin aliento!
Después: ¡me estás ahogando!

Antes: ¡no pares!
Después: ¡no empieces!

Antes: estar a tu lado…
Después: ¡hazte a un lado!

Antes: ¿otra vez vamos a salir?
Después: ¡nunca me llevas a ninguna parte!

Antes: me pregunto que haría sin él.
Después: me pregunto que hago con él.

Antes: erótica
Después: neurótica

Antes: parece que estamos juntos desde siempre.
Después: ¡siempre estamos juntos!

Antes: ella adora como controlo las situaciones.
Después: ella dice que soy un manipulador egomaníaco.

Antes: sí que tienes aguante, cariño.
Después: no hay quien te aguante, imbécil.

Antes: ¡al fin solos!
Después: ¡al fin solo!

Antes: pobre, tropezaste con esa piedra mala ¿te hiciste daño?
Después: ¿otra vez tropezaste? ¡serás torpe!

Antes: anoche lo hicimos en el sofá.
Después: anoche dormí en el sofá.

Antes: había una vez…
Después: fin…

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Cortes

18Abr07

Una serie de respuestas para enfriar los ánimos del pesado ligón de turno. O de la pesada ligona de turno.

 

-¿Me puedes dar tu nombre?
-¿Por qué? ¿No tienes tú uno?

-¿No te he visto en otro lado?
-Sí. Por eso ya no voy allí.

-Así es que… ¿a qué te dedicas?
-Soy travesti.

-Al fin encuentro una persona interesante con quien hablar.
-Pues tienes más suerte que yo.

-¿Dónde has estado toda mi vida?
-Donde estaré el resto de tu vida: en tus sueños.

-¿Saldrías conmigo el sábado?
-Lo siento, pero me va a doler la cabeza el fin de semana.

-Tu rostro hace que la gente se vuelva a mirarte.
-Y el tuyo hace que se me revuelva el estómago.

-Vamos, no seas tímida. Dime algo.
-Ok. ¡Lárgate!

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Amor platónico

23Nov06

¿Sabías por qué llamamos AMOR PLATÓNICO a la relación de enamoramiento idealizada y carente de contenido sexual?

El origen de la expresión se encuentra en los Diálogos de Platón.

En El banquete (s. IV aC), Platón expone la teoría del amor puro, como concepción espiritual y universal de esta pasión del alma humana, como un estado semidivino “que proporciona paz a los hombres, la calma al mar, el silencio a los vientos y el sueño a los dolientes”.

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Anillos de boda¿Sabías por qué los novios intercambian los ANILLOS DE BODA durante la ceremonia nupcial?

El anillo, como objeto circular, ha sido desde antiguo símbolo de unidad y eternidad.

En la antigüedad, cuando la vida era más dura y la esperanza de vida más corta, los maridos celebraban un rito para asegurarse que los espíritus de sus mujeres no les dejarían demasiado pronto. Ataban los tobillos y muñecas de la mujer con cuerdas de hierba con la pretensión de mantener el espíritu dentro del cuerpo.

Con el correr de los años y la evolución de las creencias religiosas, las cuerdas fueron evolucionando hasta atar solamente un dedo por medio del anillo, que poseía toda la carga simbólica antes mencionada.

Las romanas acostumbraban a entregar a sus novios el annulus sponsalitius que durante el siglo II pasa a ser de oro, por ser un metal más duradero.

Tal simbolismo fue incorporado al ritual religioso por la Iglesia, cosa que ocurrió durante el siglo V.

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Rompehielos

17Nov05

Rompehielos

No son citas, ni aforismos y ni mucho menos chistes, pero en cierta manera suponen un juego de lenguaje.

Son unas frases cortas, llenas de gracia y de ingenio que sirven para lo que propio nombre indica “para romper el hielo” en un primer contacto hombre-mujer.

Gracias a ellas se puede salvar esa situación de “vacío” entre dos desconocidos, y, si la cosa va bien, puede allanar el camino para la conquista. Y algunas sirven, con o sin cambios, para que las usen también las chicas, que los tiempos han cambiado mucho.

La elección de la frase adecuada depende del momento y de las personas. Por supuesto que no están garantizadas y no se admitirán reclamaciones.

Colaboración de Mario Avalos

¿Crees en el amor a primera vista o tengo que volver a pasar delante de ti?

Puede que no sea el tipo más guapo del local, pero soy el único que te está hablando.

Qué bonitas piernas… ¿A qué hora abren?

Realmente estoy luchando contra la necesidad de hacerte esta noche la mujer más feliz del mundo.

¿Bailas? ¿No? Entonces… de follar ni hablamos, ¿no?

Si estás buscando el tocador de señoras, no busques más: soy yo.

Mátame si no te sirvo, pero primero pruébame.

Estoy buscando diosa para una nueva religión… y acabo de elegirte.

Perdona, ¿no estás algo cansada?… como estuviste dando vueltas en mi cabeza todo el día…

Mañana me meto a cura… ¿Me ayudas a disfrutar la última noche?

¡Uy, qué perrito más encantador! ¿Tiene número de teléfono?

Mañana… ¿Te despierto con el codo o con el teléfono?

¿Te estudio o te trabajo?

Bonitos pantalones, quedarían muy bien en el suelo de mi dormitorio.

Discúlpame… ¿Tienes hora?… es que el reloj se me paró cuando te vi.

Hola, soy nuevo en la ciudad, ¿me puedes decir dónde queda tu apartamento?

Estoy buscando el 1/2 de llevarte a mi 1/4.

¿Te importa si compartimos el taxi hacia mi casa?

¿Quieres ver mi mesita de noche?

Hola, estoy realizando un estudio para ver cuántas mujeres tienen aretes en los pechos, ¿me dejas ver?

Si quisieras podría sacarte de mi sucia lista de fantasías.

Bonita blusa, ¿puedo hablarte sin ella?

Perdí mi número de teléfono, ¿me das el tuyo?

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Cornudo¿Sabías por qué PONER LOS CUERNOS es ser infiel a la pareja?

Entre las diferentes acepciones de cuerno que encontramos en el diccionario, aparece: fig. Faltar la mujer a la fidelidad conyugal. Actualmente se usa sin distinguir el sexo del adúltero, pero es importante para retroceder hasta el origen hacer la distinción.

Así, poner los cuernos es un giro lingüístico que se aplica actualmente con el significado de ser infiel a la pareja, aunque en un principio se refirió a la infidelidad femenina dentro del matrimonio, y en algunos aspectos a la infidelidad consentida, como fuente de ingresos familiares. Como dice el saber popular: “los cuernos son como los dientes, duelen al salir pero sirven para comer”.

Aunque hoy su significación no importa y se utiliza como cualquier otro insulto, se llamaba cabrón al marido que consentía en el adulterio de su mujer, posiblemente en comparación con el comportamiento del macho cabrío. Y de ahí que poner los cuernos pasase a ser un sinónimo de cabrón y de cornudo. Este último calificativo estaba recogido en el código penal y su uso podía estar penalizado. Era una de las palabras mayores junto a gafo (leproso), sodomético (sodomita), traidor, hereje y puta (dicho a una mujer casada). Todas eran consideradas palabras injuriosas y ofensivas si se pronunciaban en público y podían dar lugar a un proceso judicial.

En el Vocabulario de Refranes del maestro Correas al respecto de encornudar o llamar cornudo, se hace referencia al cuco o cuclillo, del que dice un antiguo cantar:

Soy de la opinión del cuco,
pájaro que nunca anida;
pone el huevo en nido ajeno
y otro pájaro lo cría.

Este pájaro —que es tan cómodo que no se molesta en incubar sus huevos, sino que las hembras los depositan en otros nidos de pájaros con huevos de parecido tamaño y color para otra ave los empolle— tiene un comportamiento sexual peculiar debido al hecho de que existen bastante más machos que hembras (proporción de 1 a 10). Por ello cada hembra se aparea con varios machos. Por ello también se llamó cuclillo al marido engañado, aunque el apelativo no perduró como el de cabrón.

Sebastián de Covarrubias dice: “El cornudo que no es sabidor ni consiente en que le ponga su mujer los cuernos, como no tiene culpa, no se le da pena; aunque el otro se quejaba, y quedó en proverbio tras cornudo apaleado.”

Queriendo castigar la justicia al consentidor y al que sin consentir pecaba de exceso de bondad o falta de precaución, se le mandaba emplumar y se le ponía unos cuernos de pluma en la cabeza a la manera del cuclillo. Con el tiempo, para aumentar la afrenta, se fueron aumentando éstos hasta formar una enramada como la que luce el ciervo en su testuz. Se le obligaba a pasear por las calles de la población remedando el canto de “cucú” mientras su desleal esposa le azotaba. Ella, a su vez, recibía azotes del verdugo. De ahí nació la expresión además de cornudo, apaleado.

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