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Melancolía

06Ago06

Melancólica¿Sabías por qué llamamos MELANCOLÍA a la tristeza vaga, profunda, sosegada y permanente?

Esta tristeza, nacida de causas físicas o morales, hace que no encuentre quien la padece gusto ni diversión en nada.

Proviene de una latinización del término griego melagkholía, compuesto de melas, ‘negro’, y kholé, ‘bilis’, con el significado de ‘bilis negra’, también llamada ‘atrabilis’.

Este concepto ya era utilizado por la escuela médica hipocrática para explicar estos estados depresivos profundos, que antiguamente se atribuían a la bilis negra, uno de los humores del cuerpo humano.

sentimientos

Espárragos trigueros

Son frases utilizadas para echar a una persona de un lugar o apartarla del trato con desaire; cuando, hartos del fastidio que representa su presencia o sus comentarios, nos deshacemos del indeseable de manera desabrida.

Todas las locuciones tratadas a continuación son eufemismos de mandar a tomar por el culo o mandar a la mierda, y con ellas se pretende mantener alejado y ocupado el mayor tiempo posible —quizás en una tarea inútil o desagradable— al pelma objeto de nuestro trato desconsiderado.

Vete a freír espárragos es una frase documentada ya en el siglo XIX en el que se decía anda a freír espárragos o anda a esparragar; esto es, a coger espárragos. La expresión procede en última instancia del proverbio latino Citius quam asparagi coquantur, ‘en lo que tardan en cocer los espárragos’ en latín, y que hace referencia a un tiempo brevísimo, ya que el espárrago debe ser retirado del fuego al primer hervor. Entonces, si lo que se pretende es mantener ocupado el mayor tiempo posible al individuo molesto, o se le manda a recogerlos o a freírlos, en una confusión significativa enviando a freír algo que se ha de hervir, en la línea de algo inútil como la del que asó la manteca.

Y no sólo se le manda a freír espárragos, también a freír churros (lo que es más lógico) y a freír monas (tarea tan inútil como complicada). También es usual que al indeseable se le diga: ¡vete a hacer puñetas! o ¡vete a hacer gárgaras!

Las puñetas son las bocamangas de bordados y puntillas que adornan algunas togas. En su edición del año 1737, el Diccionario de la Lengua Castellana define el término puñetes como: “… lo mismo que axorcas u otro adorno de los puños.”

La confección de aquellos adornos realizados con hilo formando un tejido calado, se realizaba a mano en una tarea artesanal de encaje que requería mucho tiempo, justo el que deseamos vernos libre de la compañía del pelma. Además, ocurría que la mayor parte de estas labores se realizaba en los conventos, con lo que todo quedaba arreglado si además era de clausura y nos librábamos de su presencia por siempre jamás.

Lo de mandar a hacer gárgaras tiene el mismo significado: el de enviar al indeseable a realizar una actividad que le tenga entretenido alguna temporada; en este caso realizando enjuagues, manteniendo el líquido en la garganta y haciendo vibrar el velo del paladar y la laringe. De esta guisa está incapacitado para hablar y, por ende, para fastidiarnos con su cháchara. Aunque no sería descabellado suponer en el origen de la frase su utilización para deshacerse del que ha blasfemado o ha dicho algo inconveniente o ridículo.

También se le puede mandar a la porra. Siendo la porra una especie de bastón, terminado en un gran puño de plata, que llevaba el tambor mayor de los antiguos regimientos de los siglos XVII y XVIII. Cuando las tropas acampaban, se clavaba el bastón en el suelo para señalizar el punto de reunión. Y allí eran enviados los soldados arrestados: ¡a la porra! Posteriormente, el oficial de guardia pasaba a recoger a los arrestados y a encomendarles tareas de castigo que les tenían ocupados mucho tiempo.

También se puede mandar a alguien al guano y, sabiendo que el guano es la acumulación de excrementos de las gaviotas y otras aves marinas, el aspecto eufemístico queda aclarado. También se le puede mandar a paseo (cuanto más largo mejor) a freír morcillas o, en un tono más clásico, mandarlo al infierno.

También se le puede mandar al carajo, al pedo, al quinto pino, a tomar por saco, a cagar a la vía (con la secreta esperanza de que el tren le arrolle en plena faena), al cuerno, y otras mil maneras consagradas por el humor popular, fecundo en esto como en tantos otros aspectos.

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Hacer pucheros

24Jun06

Haciendo pucheros

¿Sabías por qué HACER PUCHEROS es sollozar?

Se dice hacer pucheros de los sollozos, lloriqueos y gestos que hacen las ciaturas para romper el llanto.

También del resultado de los esfuerzos por contenerse y no romper a llorar.

Existen varias explicaciones aunque todas remiten a la asimilación a un puchero, ‘vasija de panza abultada y cuello ancho con una o dos asas’.

Se alude a una costumbre de la Roma clásica consistente en asir a los niños por las orejas —como quien sujeta un puchero por sus asas— con la intención de regañarles, lo que provocaba el llanto en ellos.

También a la más cercana costumbre de reprender a un niño asiéndolo o tirándole de la oreja (como si fuera un asa), a la que éste respondía invariablemente con el inicio de un llanto.

Aunque la explicación que goza de mayor aceptación es más simple: al contener el inicio del llanto, los carrillos se hinchan y le dan al rostro un aspecto más rollizo, como un puchero. Además se acompaña este gesto con una serie de ruiditos, gimoteos entrecortados y sollozos balbucientes in crescendo, lo que evoca los ruidos propios de la olla cuando rompe a hervir.

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Llorar la carta

08Feb06

¿Sabías por qué LLORAR LA CARTA es hacer un despliegue de las desdichas propias para obtener algo a cambio?

Se refiere a una forma de pedir dinero que era habitual en el Buenos Aires de antaño.

Consistía en que una persona pobremente vestida y acompañada por un par de criaturas llamaba a la puerta de una casa, entregando al que le atendía una carta firmada por algún personaje conocido.

En la misiva se describía, con todo lujo de detalles, las miserias y desgracias acaecidas al portador y la penosa situación de la familia; se solicitaba ayuda y se relacionaba a los que habían contribuido a paliar sus penas y las cantidades que habían aportado.

Mientras el dueño de la casa iba leyendo, los visitantes se lamentaban y lloraban a coro.

¿Quién se resiste a eso?

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Nostalgia

28Ene06

¿Sabías por qué llamamos NOSTALGIA a la pena de verse ausente de la patria?

Colaboración de Chema Abarca

También es la tristeza melancólica originada por el recuerdo de una dicha perdida.

El término nostalgia (del griego nostos, ‘retorno’, y algos, ‘dolor’) fue acuñado en 1688 en la Universidad de Basilea para definir el síndrome de añoranza y alienación que afectaba a los belicosos mercenarios suizos cuando estaban lejos de su hogar.

Llegaban al Vaticano, para formar parte de la Guardia Suiza, sin hablar italiano y pasando buena parte de su primer contrato bienal en el aislamiento del cuartel, lo que contribuía a esa especial tristeza.

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Un eufemismo es una palabra o frase que expresa con suavidad o decoro ideas cuya franca expresión se considera malsonante.

Se puede decir que alguien “no es joven” para decir que es viejo sin decirlo y así no ofenderle.

Se dice “empleada del hogar” por sirvienta o criada, “anciano” o “de la tercera edad” por viejo, “hombre de color” por hombre de raza negra, “sin techo” por vagabundo, “necesitado” por pobre, “país del tercer mundo” por país subdesarrollado, “paciente” por enfermo y así muchas más.

Con los tacos e insultos suele pasar algo parecido. Lanzamos una imprecación pero pretendemos ser educados al mismo tiempo, con lo que se producen exclamaciones del siguiente tipo: ¡Córcholis! ¡Caracoles! ¡Jobar! ¡Mecachis! ¡Jopé! ¡Jolines! ¡Ospá! ¡Mecagüen! …

El lenguaje políticamente correcto es una extensión del eufemismo. Se trata de un “invento” de finales del siglo XX y es una retórica plagada de eufemismos, que pretende no ser ofensiva con nadie, ya sea persona o entidad. Su principal característica es la no discriminación de sexos y razas, ya sea en cuanto a las palabras como en cuanto a las actitudes.

La abogado deja paso a la abogada y la fiscal a la fiscala, la médico a la médica y la concejal a la concejala. Los niños de la clase pasan a ser los niños y niñas de la clase o, peor aún, los niños/as de la clase y las A.P.A. (Asociaciones de Padres de Alumnos) pasan a ser las A.M.P.A. (Asociaciones de Madres y Padres de Alumnos/as).

En su mayor apogeo no era raro leer escritos tal que así: “Distinguidos/as padres/madres: Convocamos la reunión para hablar juntos/as de nuestros/as hijos/as…”

En la actualidad ha surgido la utilización del símbolo “@” como sustitutivo del género al simbolizar la “a” y la “o” en una sola grafía. Da un toque de modernidad y obvia el engorro de la repetición de letras y palabras.

Como curioso ejemplo de lo anteriormente expuesto, se puede leer a continuación el cuento de Caperucita roja, escrito en un lenguaje políticamente correcto, para disfrute de todos/as los/as niños/as políticamente correctos/as.

Caperucita Roja vista por Gustavo Doré

EL CUENTO DE CAPERUCITA ROJA EN LENGUAJE POLÍTICAMENTE CORRECTO PARA NIÑOS/AS POLÍTICAMENTE CORRECTOS/AS

Érase una vez una persona de corta edad llamada Caperucita Roja que vivía con su madre en la linde de un bosque. Un día, su madre le pidió que llevase una cesta con fruta fresca y agua mineral a casa de su abuela, pero no porque lo considerara una labor propia de mujeres, atención, sino porque ello representaba un acto generoso que contribuía a afianzar la sensación de comunidad. Además, su abuela no estaba enferma; antes bien, gozaba de completa salud física y mental y era perfectamente capaz de cuidar de sí misma como persona adulta y madura que era.

Así, Caperucita Roja cogió su cesta y emprendió el camino a través del bosque. Muchas personas creían que el bosque era un lugar siniestro y peligroso, por lo que jamás se aventuraban en él. Caperucita Roja, por el contrario, poseía la suficiente confianza en su incipiente sexualidad como para evitar verse intimidada por una imaginería tan obviamente freudiana. De camino a casa de su abuela, Caperucita Roja se vio abordada por un lobo que le preguntó qué llevaba en la cesta.

Un saludable tentempié para mi abuela quien, sin duda alguna, es perfectamente capaz de cuidar de sí misma como persona adulta y madura que es -respondió.

- No sé si sabes, querida -dijo el lobo-, que es peligroso para una niña pequeña recorrer sola estos bosques. 

Respondió Caperucita: 

Encuentro esa observación sexista y en extremo insultante, pero haré caso omiso de ella debido a tu tradicional condición de proscrito social y a la perspectiva existencial -en tu caso propia y globalmente válida- que la angustia que tal condición te produce te ha llevado a desarrollar. Y ahora, si me perdonas, debo continuar mi camino. 

Caperucita Roja enfiló nuevamente el sendero. Pero el lobo, liberado por su condición de segregado social de esa esclava dependencia del pensamiento lineal tan propia de Occidente, conocía una ruta más rápida para llegar a casa de la abuela. Tras irrumpir bruscamente en ella, devoró a la anciana, adoptando con ello una línea de conducta completamente válida para cualquier carnívoro. 

A continuación, inmune a las rígidas nociones tradicionales de lo masculino y lo femenino, se puso el camisón de la abuela y se acurrucó en el lecho. 

Caperucita Roja entró en la cabaña y dijo: 

Abuela, te he traído algunas chucherías bajas en calorías y en sodio en reconocimiento a tu papel de sabia y generosa matriarca.

Acércate más, criatura, para que pueda verte -dijo suavemente el lobo desde el lecho.

¡Oh! -repuso Caperucita-. Había olvidado que visualmente eres tan limitada como un topo. Pero, abuela, ¡qué ojos tan grandes tienes!

- Han visto mucho y han perdonado mucho, querida.

- Y, abuela, ¡qué nariz tan grande tienes!… relativamente hablando, claro está, y a su modo indudablemente atractiva.

- Ha olido mucho y ha perdonado mucho, querida.

- Y… abuela, ¡qué dientes tan grandes tienes! 

Respondió el lobo: 

- Soy feliz de ser quien soy y lo que soy -y, saltando de la cama, aferró a Caperucita Roja con sus garras, dispuesto a devorarla. 

Caperucita gritó; no como resultado de la aparente tendencia del lobo hacia el travestismo, sino por la deliberada invasión que había realizado de su espacio personal. 

Sus gritos llegaron a oídos de un operario de la industria maderera (o técnico en combustibles vegetales, como él mismo prefería considerarse) que pasaba por allí. Al entrar en la cabaña, advirtió el revuelo y trató de intervenir. Pero apenas había alzado su hacha cuando tanto el lobo como Caperucita Roja se detuvieron simultáneamente. 

- ¿Puede saberse con exactitud qué cree usted que está haciendo? -inquirió Caperucita. 

El operario maderero parpadeó e intentó responder, pero las palabras no acudían a sus labios. 

- ¿Se cree acaso que puede irrumpir aquí como un Neandertalense cualquiera y delegar su capacidad de reflexión en el arma que lleva consigo? -prosiguió Caperucita-. ¡Sexista! ¡Racista! ¿Cómo se atreve a dar por hecho que las mujeres y los lobos no son capaces de resolver sus propias diferencias sin la ayuda de un hombre? 

Al oír el apasionado discurso de Caperucita, la abuela saltó de la panza del lobo, arrebató el hacha al operario maderero y le cortó la cabeza.

Concluida la odisea, Caperucita, la abuela y el lobo creyeron experimentar cierta afinidad en sus objetivos, decidieron instaurar una forma alternativa de comunidad basada en la cooperación y el respeto mutuos y, juntos, vivieron felices en los bosques para siempre.

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¿Sabías por qué HACER DE TRIPAS CORAZÓN es esforzarse por disimular el miedo, el cansancio o la tristeza, para seguir actuando con naturalidad?

Hace referencia a aquellas situaciones en las que el corazón, figuradamente hablando, está roto.

Desde antiguo se ha considerado al corazón como órgano depositario de las emociones.

El hecho de que su ritmo se viese acelerado por situaciones como el miedo, el amor o el peligro y que se mantuviese calmo en situaciones de tristeza o languidez, llevó a tal creencia.

Aún hoy, que se sabe que el corazón no es recipiente de ningún sentimiento, se le sigue considerando —en un sentido figurado— como depositario del amor, el valor y los buenos sentimientos, por poner algunos ejemplos.

Pues bien, cuando se pasa por una situación de fuerte carga sentimental y no se debe hacer caso a los sentimientos para poder seguir adelante, se dice que se hace de tripas corazón, queriendo expresar que otras visceras (o tripas) han de ocupar su lugar y seguir cumpliendo con su función, pero sin la carga añadida del sentimiento.

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Sonrisas y lágrimasLa risa y el llanto son expresiones de los sentimientos humanos, que se manifiestan en el lenguaje por medio de multitud de modismos. Por haber, hay risa de hiena, sardónica, de imbécil, estentórea… y lágrima fácil, lágrimas de cocodrilo o de Magdalena.

Respecto a la risa, son corrientes la expresiones que hacen referencia a la carcajada sin freno. Como por ejemplo “desternillarse”. Es frecuente oír desternillarse de risa o decir me desternillo, aunque hay quien dice “destornillo” erróneamente, quizás por sonarle mejor.

Si buscamos en el diccionario, leemos que las “ternillas” son cartílagos. ¿A qué cartílagos hace referencia la expresión? Es posible que a ninguna ternilla en particular y que la frase se refiera a todas ellas como en la expresión me descoyunto de risa, en la que la acción de descoyuntar (desencajar un hueso de sitio) se hace extensiva a todo el esqueleto. Aunque de referirse a algunas en concreto, se referiría a los discos intervertebrales que, situados entre las vértebras, permiten la semiarticulación de la columna. 

En una situación de risa incontrolada, se adopta la posición fetal para minimizar el dolor de los espasmódico de los músculos abdominales, de tal manera que si nos dobláramos más se romperían las ternillas y podríamos partirnos por la mitad. Esta afirmación parecen corroborarla frases como: me doblo, me parto —y la más reciente me parto la caja(torácica)—, me troncho…, en las que sí se alude directamente a la fractura del tronco en dos pedazos. Y me mondo que parece sugerir que uno se queda sin pelo y hasta sin extremidades por efecto de la risa, despojándose de todo aquello que no es necesario para la carcajada.

A este respecto, ser la monda se dice de algo excesivo o extraordinario y también de algo o alguien extremadamente divertido.

Las convulsiones a las que se ve sometido el cuerpo con la risa aguda afectan a todas partes por igual, ya sean hueso o músculos y se suele decir: me meo de risa, o que algo es tan gracioso que es para mearse, aludiendo a la imposibilidad de controlar la vejiga por los espasmos musculares. En ocasiones llega a tanto el dolor de los músculos si la carcajada es prolongada, que se llega a afirmar que me muero de risa.

Por su parte, el llanto también tiene sus matices. Desde el gimoteo infantil —hacer pucheros, le dicen— hasta llorar como una Magdalena, pasando, como no, por las lágrimas de cocodrilo.

Y no son tales las lágrimas del cocodrilo; se trata de una secreción acuosa que mantiene húmedos los ojos del reptil mientras está fuera del agua. Lo que pasa es que emite unos sonidos —semejantes a quejidos o lamentos— previamente al letargo en que se sume durante la digestión. Un poco de imaginación y se completa la fábula que afirma que el cocodrilo llora —falsamente— por la presa que está devorando.

Publicado originalmente el 26 de enero de 2003

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Humor

16Feb05

Hay quien está malhumorado, quien suele estar de buen humor, quien tiene un fino sentido del humor, quien tiene un humor de mil diablos, quien no está de humor para hacer algo…

Si consultamos el DRAE vemos que proviene del latín humor, término que equivalía a ‘húmedo, líquido’ y en la acepción sexta se puede leer: “Antiguamente, cada uno de los líquidos de un organismo vivo”.

El poeta latino Virgilio usa una metáfora para el vino al decir humor Bascchi (del dios Baco) y en el verso Humor in genas labitur, ‘las lágrimas resbalan por las mejillas’, el término equivale a lágrimas.

En la medicina medieval, Galeno distinguía cuatro humores en el cuerpo humano que se correspondían con cuatro temperamentos:

  • Si predominaba la sangre, el temperamento resultante era el sanguíneo.
  • Si predominaba la flema, el temperamento resultante era el flemático.
  • Si predominaba la bilis amarilla, el temperamento era el bilioso.
  • Si predominaba la atrabilis o bilis negra, el temperamento resultante era el melancólico.
  • A esta asimilación a los temperamento o estados de ánimo le debemos el actual significado de manifestación de genio, de agudeza, de jovialidad o buena disposición.

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