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Relojes

Existe una tradicional regla publicitaria no escrita, según la cual todos los relojes deben señalar las 10:10 cuando son fotografiados para figurar en un anuncio.

Pero no es tal hora fruto del capricho, sino de un minucioso análisis estético de la imagen y de su impacto psicológico. Para empezar, no resultan estéticas las horas en las que se superponen las agujas, pues da la impresión de que el reloj tan solo tiene una. Por ello se eliminan las 12:00, las 13:05, las 14:10, las 15:15 y las demás en que se cumpla esa regla. Por el mismo motivo se rechazan aquellas en las que las agujas estén muy próximas, pues ofrece una sensación de amontonamiento sin sentido al quedar libre el resto de la esfera. Parece que unos diez minutos (60 grados de arco) podría considerarse una distancia de separación mínima.

Tampoco son admisibles las horas en las que las agujas se oponen, pues dan la impresión de ser una sola manecilla que atraviesa la esfera por su centro, cual flecha de cupido atravesando un corazón. Por ello se eliminan las 12:30, las 18:00, las 08:05, las 17:55 y las demás en que se cumpla esa regla. Por la misma razón se rechazan, como en el caso anterior, las horas que estén muy próximas a ese ángulo recto de 180 grados de arco. Y también en este caso los diez minutos parecen corresponderse a una distancia de separación mínima.

Tenemos límites “superiores” e “inferiores” que no nos permiten acercar las manecillas a menos de unos diez minutos ni separarlas más de veinte, para mantener cierta “distancia de seguridad” respecto del ángulo nulo y del ángulo plano. Notar que si las separamos más de treinta minutos (más de 180 grados de arco) nos encontramos en la otra mitad en la misma situación.

Tal como está la situación con la esfera dividida en dos sectores (a un lado y al otro de las agujas), la solución más equilibrada visualmente es que uno de los sectores sea el doble de grande que el otro. Al dividir los 360 grados de arco en tres partes, obtenemos 120 grados de arco, lo que se corresponde con veinte minutos. ¡Ya tenemos el ángulo que deben formar las agujas!

En principio, cualquier hora que mantuviese las manecillas con un ángulo de 120 grados de arco serviría, pero es mejor no utilizar aquellas en la aguja larga señala al 12, al 3, al 6 o al 9, pues aunque muchos diseños sustituyen los números por señales, es muy habitual que estos números se mantengan. Y, en tal caso, la aguja podría superponerse con el número o estar demasiado cerca, dando sensación de continuidad y amontonamiento. La eliminación de horas como las 11:15, las 15:45 y otras como estas, dará a la imagen una mayor claridad.

Llegados a este punto son pocas la horas que nos pueden servir: las 00:20, las 01:25, las 01:50, las 02:55, las 03:35, las 04:40, las 05:05, las 06:10, las 06:50, las 07:55, las 08:20, las 09:05, las 09:25, las 10:10 y las 11:40.

A continuación eliminamos aquellas que su lectura comporte un valor negativo, como en el caso de las 02:55 o “las tres menos cinco” o las 04:40 o “las cinco menos veinte”, porque es preferible, a nivel psicológico, un lenguaje más positivo como “las cinco y cinco” o “las seis y diez”, por ejemplo. Así nos quedan ocho posibilidades, de las que eliminamos las 01:25 y las 09:25, porque esos veinticinco minutos suponen que la aguja corta esté a medio camino entre la hora marcada y la siguiente, formando un ángulo menor que el buscado.

De las seis restantes mantenemos aquellas que permitan ver claramente la marca del reloj, que se suele colocar en la parte superior, por encima del centro del círculo. Estas horas son: las 06:10, las 08:20 y las 10:10.

La primera de ellas no nos sirve en el caso de que se ponga alguna indicación —como el modelo o tipo de reloj— en la esfera, ya que el lugar idóneo es en la parte inferior por debajo del centro del círculo. Así que quedan dos.

Si la esfera fuera un rostro, las agujas dibujarían una mueca de tristeza a las 08:20 y una sonrisa a las 10:10. No resulta difícil escoger.

Las 10:10, hora conocida como happy hour por aquello de la sonrisa, es la elegida por cuestiones fotogénicas. Y la costumbre se ha seguido para los relojes digitales sin importar el modelo, la procedencia o el precio. Aunque algunas marcas intentan dar un toque de originalidad o rebeldía cambiando la hora, pero solo se atreven a cambiarla un poquito como en el caso del Omega que señala las 10:08, o el Pulsar que señala las 10:09. Y aunque la hora no tenga esta justificación en los relojes digitales, se sigue la costumbre en algunos de sus anuncios.

Más relojes

Otra cosa más. Cuando hay segundero señala hacia los 25 o los 35 segundos, porque marcar los 30 —que sería la posición que dividiría el círculo en tres partes iguales— dejaría la imagen algo rígida y este pequeño desvío lateral rompe el dibujo puramente matemático.

Cosas de la costumbre…

Publicado originalmente el 30 de marzo de 2003

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¿Sabías por qué decims MÁS VIEJO QUE MATUSALÉN para expresar oque alguien o algo está cargado de años?

Otras variantes son: tener más años que Matusalén y vivir más años que Matusalén.

Matusalén (Methushelah, en hebreo) es un personaje bíblico que forma parte de la lista de los patriarcas antediluvianos (Gen 5, 21-27) que, según el texto bíblico, vivió 969 años.

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Existen muchas frases hechas para referirse a un tiempo incierto y muy remoto. Y cada una de ella tiene detrás su pequeña historia:

El año de la nana
También llamado de la nanita, hace referencia al año 1634, en el que una mozuela de quince a dieciséis años cantó por toda España la Nanita en coplas, diciendo así:

La Nanita se murió
y la llevan a enterrar
con espuelas y botines
y manto capitular.

El año de la picor
Hace referencia a 1741, que fue un año de hambruna debido a la pérdida de la mayor parte de las cosechas. Ese año hubo también una plaga de pulgas, que añadió los picores a la desgracia. Las malas cosechas era algo frecuente, pero no así la plaga de pulgas, por lo que quedó la fecha prendida de la memoria popular.

El año de la polca
Se usa para referirse a un tiempo antiguo y también para indicar que una cosa está vieja, pasada de moda. Parece referirse a unaç año, comprendido entre 1845 y 1847, cuando el baile de la polka —así como el de la mazurka— se introducían en el país y se alternaban con el vals en la fiestas de sociedad.

El año del catapún
Se refiere a un año indeterminado de la década de 1920, en los que se oyó con insistencia un cuplé cantado por Sara Montiel y Raquel Meyer, entre otras, que llevaba por título: Polichinela. El estribillo —varias veces repetido a lo largo de la canción— comenzaba así: “Cata catapún catapún …”

Sara Montiel

La letra de la canción es la siguiente:

Entre los paisanos y los militares
me salen a diario novios a millares
como monigotes vienen tras de mí
y a todos los hago que bailen así.

(Estribillo)
Cata… catapún…
catapún… pun… candela
¡Arza p’arriba, Polichinela!
Cata… catapún…
catapún… catapún…
¡Como los muñecos en el pim… pam… pum…!

Hay un viejo loco que lo traigo frito
y para que baile tiro del hilito
y aunque se resiste sin querer saltar
lo hace muy contento si me oye cantar.

(Estribillo)

Hay un señorito de esos calaveras,
de esos que se pintan lunares y ojeras,
que al verme en la calle ir con seis o más
siempre dice: ¡Ay nena, que asediada estás…!

(Estribillo)

En tiempos de Maricastaña
Para referirse a un tiempo muy antiguo, desusado y sin valor; generalmente haciendo referencia a una época de leyenda y fantasía en oposición al tiempo histórico y real. Aunque algunas voces quieren ligar la frase a un personaje concreto —ya sea la Mary Auburn (de color castaño) de un cuento popular celta, o la esposa de un tal Castaño de apellido, que se resistió con empecinamiento al pago de impuestos que reclamaba el obispo de Lugo, en un año indeterminado del siglo XIV— parece ser generalmente aceptado que se trata de un nombre genérico como los de: Mariquilla, Marisabidilla, Marimacho, Marisarmiento…

El año del caldo, el año de la canica… son frases utilizadas con la misma intención en México.

Publicado el 20 de julio de 2003

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¿Sabías por qué tenemos HORAS DE 60 MINUTOS?

Sin olvidar los minutos de sesenta segundos, claro.

Esta tradición tiene su origen en la antigua Babilonia.

El mundo clásico adoptó —merced a la ocupación persa del territorio que anteriormente había pertenecido a Alejandro Magno— los estudios astronómicos del pueblo babilónico.

Utilizaban el sistema sexagesimal para sus complicados cálculos astronómicos y por ellos tenemos horas de sesenta minutos y minutos de sesenta segundos.

Las fracciones tales como la décima, la centésima y la milésima de segundo, son contemporáneas y obedecen al Sistema Métrico Decimal, que es el usado en la actualidad.

Babilonia costumbre tiempo

CronómetroLa Tierra tarda un cierto periodo de tiempo en completar un giro sobre su propio eje. Este periodo de tiempo recibe el nombre de día y está dividido en dos periodos de doce horas cada uno.

Esta división del día en 24 horas la adoptaron los romanos de los antiguos egipcios, que tenían un calendario basado en treinta y seis estrellas que aparecían alternativamente justo a la puesta del Sol, a medida que transcurría el año. En el intervalo de una noche aparecían sucesivamente doce de estas estrellas, lo que hizo que se dividiera el periodo de oscuridad en doce partes. Por similitud también fraccionaron en doce partes el tiempo de luz solar.

La mitología explicó el fenómeno con las Horas, “las doce hermanas” —que en un principio fueron tres: Talo, Carpo y Auxo—, que eran divinidades griegas hijas de Zeus y Temis, que servían a los dioses principales y guardaban las puertas del Olimpo. Regían el orden de la naturaleza y determinaban la fertilidad de la tierra.

El mundo clásico también adoptó —merced a la ocupación persa del territorio que anteriormente había pertenecido a Alejandro Magno— los estudios astronómicos del pueblo babilónico. Éstos utilizaban el sistema sexagesimal para sus complicados cálculos astronómicos y por ellos tenemos horas de sesenta minutos y minutos de sesenta segundos.

Cada una de las horas se divide a su vez en minutos (de minutus, pequeño en latín) y éstos lo hacen a su vez en segundos (de secundus, que sigue a lo primero, en latín).

Cada una de estas horas ha contado con un significado especial que veremos a continuación:

Colaboración de Manuel Jovani

Desde el principio de la Iglesia, los apóstoles quisieron, siguiendo la costumbre de los judíos, santificar las divisiones o horas del día con la oración en común. Dicen los Hechos de los Apóstoles (III 1) que San Pedro y San Juan subían cierto día al templo de Jerusalén a la hora nona de la oración.

San Benito en su Regla (cap 67) las llama ya horas canónicas, y así serán denominadas universalmente desde el siglo VI gracias a la expansión de los escritos de Isidoro de Sevilla (De Eccles Officiis, libro I cap 19), pues son impuestas por la ley o cánones de la Iglesia y ordenadas según sus normas o cánones.

Dado que el fin del hombre es glorificar a Dios, servirlo y, gracias a ello, salvar el alma, la Iglesia quiso que sus fieles, y en representación de ellos los clérigos, tributasen a Dios una alabanza permanente. De aquí la laus perennis establecida en el interior de algunos monasterios medievales. Pero, ya que esto sólo les es posible a unos pocos y en pocos lugares, se adoptó un criterio discreto y se pensó en el programa de vida previsto por el salmista, que dijo: “Siete veces al día te alabé” (salmo 118) y también: “A medianoche me levantaba para alabarte” (salmo 118). De aquí las siete horas canónicas de los oficios diurnos y de aquí también los oficios nocturnos, repartidos según las tres antiguas vigilias en las que los soldados centinelas dividían la noche.

Los oficios u horas canónicas diurnas son siete:

Laudes (aurora)
Prima (a las 7 de la mañana)
Tercia (a las 9)
Sexta (a mediodía)
Nona (a las 3 de la tarde)
Vísperas (a la caída del Sol)
Completas (ya entrada la noche)

Los oficios u horas canónicas nocturnas son sólo los Maitines, divididos en dos o tres nocturnos según las fiestas y los Breviarios. Estas horas de oración litúrgica ya era observadas más o menos por los judíos.

Fin de la colaboración

Hay que notar —en referencia a la hora nona— que afternoon (’la tarde’ en inglés) significa ‘después de la hora nona’ i que en catalán fer nones (’hacer la hora nona’ en catalán) significa ‘irse a dormir’; frase que se suele utilizar sólo en lenguaje infantil o referido a los niños (que son los que duermen por la tarde).

El término de laudes ha dado lugar al verbo laudar (alabar).

El término siesta proviene de “la hora sexta”, que es cuando se toma el tiempo para dormir, después de comer.

Actualmente se denomina víspera al día anterior o, más restringidamente, a la noche anterior a un evento. Así se dice “víspera de Reyes” o “víspera de Navidad” por ejemplo. En catalán se denomina vespre al tiempo correspondiente a la puesta del Sol.

Los maitines han dado lugar a términos tales como matines (’campana’ en francés), madrugada, mañana o matinal.

Publicado el 18 de Diciembre de 2000
Ampliado el 31 de Diciembre de 2000
Revisado el 30 de Septiembre de 2005

Grecia mitología tiempo

Lectura rápida

07May05

Lectura sobre ruedas

¿Se puede leer más rápido de lo habitual? Sí. ¿Y aún así comprender lo leído? Sí. ¿Y seguir mejorando continuamente? Por supuesto que no. Llegará un momento en que el aumento de velocidad se conseguirá a costa de la comprensión, con lo que no nos servirá de nada leer más rápido.

El truco está en lograr ese punto en que, aún leyendo rápido, se comprenda lo leído. Y ese punto es diferente para cada persona, pero a buen seguro que se encuentra muy por encima de la actual velocidad lectora de cada uno.

Para mejorar la velocidad de lectura existen varias técnicas, algunas de las cuales explicaré a continuación, pero antes hay que decidir dónde y cuándo aplicarlas, es decir, ¿realmente queremos leer más rápido un poema? ¿o una novela?

La respuesta, espero, habrá sido negativa, puesto que lo que queremos es empaparnos de la magia de las palabras y no perdernos ningún detalle. En cambio hay otro tipo de textos que permiten una lectura más rápida o más somera o que por el tipo de información que contienen son más aptos para una lectura rápida. Me estoy refiriendo a informes laborales, textos publicitarios, notas de prensa, apuntes universitarios, etc…

¿Quién no se ha encontrado frente a un volumen casi prohibitivo de texto con ganas de despacharlo cuanto antes? Pues estos textos son los candidatos adecuados para poner en práctica estas técnicas. Si se puede terminar con ellos en dos horas mejor que en ocho.

Entonces hablamos primero de una lectura selectiva, puesto que seleccionamos los textos. Pero este razonamiento lo podemos llevar más adelante, ya que un previo repaso a lo que hay que leer nos permite asimilar títulos, apartados, esquemas, frases en negrita y otros detalles que nos permitan saber de qué trata el texto, como está estructurado y otros aspectos de interés. Se trata de “perder” algunos minutos reconociendo el texto sabiendo que luego los recuperaremos ampliamente.

Y de aquí se deduce la primera, digamos, regla: no se deben aplicar técnicas de lectura rápida a un texto desconocido. Debemos saber previamente a su lectura si se trata de una receta de cocina, una biografía o un informe de rendimiento, por ejemplo; si está resumido o si nos interesan todos y cada uno de los epígrafes en que está dividido. Será mucho más fácil para nuestro cerebro absorber la información de una forma más eficiente y más rápida si dispone de ciertas “pistas” sobre el contenido.

Quizás si tenemos suerte con este somero vistazo detectamos que una tercera parte del texto ya es conocido, irrelevante o no nos interesa. Y así reducimos tiempo de lectura. Y también quizás esto sea algo que todos hacemos instintivamente, pero sin duda realizaremos mejor esta tarea si somos conscientes de lo que estamos haciendo.

Pasemos a analizar ahora el proceso lector: una serie de movimientos físicos y mecánicos que dan paso a un proceso mental de decodificación y de comprensión. Se debe tener presente que no existe lectura si no existe la comprensión de lo leído.

En el Diccionario de la Real Academia de la Lengua se puede leer:

leer [leer] tr.
Pasar la vista por lo escrito o impreso comprendiendo la significación de los caracteres empleados.

Respecto a los procesos mentales no hay más regla de mejora que la práctica. Se lee mejor y más eficientemente cuanto más se realiza esta actividad. Como en todo.

Respecto a los elementos físicos, los movimientos del ojo en cuanto a la lectura se refiere son tres:

  1. La fijación, que tiene lugar cuando los ojos se detienen y realmente leen.
  2. Los movimientos sacádicos, que son los que realiza el ojo desde un punto fijo a otro. Si se observan los ojos de alguna persona que está leyendo, se verá que los movimientos no son suaves sino que el ojo va a saltos.
  3. El barrido de retorno. Cuando los ojos alcanzan el final de la línea han de volver al inicio de la siguiente.

Si queremos leer más rápido debemos mejorar los tres. Para ello nos fijaremos en qué es lo que hacen los lectores ineficaces:

  • leen todo a la misma velocidad, cuando hay que adaptar ésta a la dificultad de lo leído.
  • realizan movimientos ineficientes con los ojos, como:     
         -regresiones innecesarias, volviendo atrás a releer material ya leído.
         -movimientos arrítmicos, con saltos del punto de fijación alrededor de la página.
         -barridos de retorno defectuosos, cuando no se realiza con rapidez y precisión.
         -poca superficie de fijación, percibiendo solamente 3 ó 4 palabras por fijación.
         -subvocalización, cuando pronuncian las palabras a medida que las leen.
         -falta de concentración, cuando piensan en otras cosas o se distraen.
  • Parece claro que para ser un lector más eficiente hay que evitar esos errores. Se ha de mantener un movimiento de los ojos suave y rítmico mientras se avanza en el texto, con pocas o nulas regresiones. Manteniendo los ojos siempre en el lugar previsto y con una amplia zona de enfoque sobre las palabras. Con una mínima o nula subvocalización y unas buenas dotes de concentración y memoria.

    Ahora veamos como mejorar con unos sencillos ejercicios cuyo éxito se basa en la repetición. Hay que dedicarles un tiempo diario hasta que los resultados sean apreciables.

    De entre los ejercicios disponibles vamos a ver cinco. A saber:

    1. Seguir el dedo
    2. Movimiento básico de la mano
    3. Movimiento en S de la mano
    4. Movimiento caótico
    5. Lectura de 2 en 2 líneas

    Seguir el dedo

    El dedo empleado como si fuera un puntero que marca el ritmo de lectura es la mejor herramienta para adquirir mayor velocidad y conseguir fijaciones más amplias. Igual que un niño subraya con el dedo cada línea de la página de margen a margen mientras aprende a leer. Esto proporciona a los ojos un enfoque definido sobre la página y se eliminan las regresiones innecesarias. Al aumentar la velocidad del dedo se empezarán a captar más palabra con fijaciones más amplias.

    El ejercicio a realizar es muy sencillo, simplemente hay que ir pasando el dedo muy rápido por las líneas intentando leer lo que pone. No importa si no se llega a leer todas las palabras por donde pasa el dedo. De hecho, si se es capaz de leer todas las palabras es que se mueve con lentitud. Lo importante no es entender lo que se lee sino forzar al ojo a moverse rápidamente y a aumentar el número de palabras captado en cada fijación.

    Se ha de realizar este ejercicio durante diez minutos durante diez días seguidos.

    Movimiento básico

    El movimiento de la mano sirve para marcar el ritmo y los ojos deben seguir al dedo. Se ha de mover el dedo a lo largo de las líneas lo suficientemente despacio para entender, pero no se ha de detener. Es conveniente aplicar una ligera presión para ser más consciente de la posición del dedo y cuando se llega al final de la línea se debe realizar el barrido de retorno con el dedo y con los ojos.

    Un ejercicio a realizar sería similar al anterior, pero en este caso con la mayor velocidad posible que nos permita comprender el texto leído. Forzando la velocidad pero no a costa de la comprensión.

    Otro ejercicio a realizar sería con un texto boca abajo. Sí, con un libro puesto del revés, intentando leer siguiendo el dedo de derecha a izquierda. Es más que seguro que los ojos tenderán a quedarse atrás para comprender lo leído, pero hay que obligarse a seguir el dedo.

    Ambos ejercicios se han de realizar durante cinco minutos durante diez días seguidos.

    Movimiento en s

    El movimiento en S sirve para controlar la velocidad y ampliar las fijaciones, y sólo se utiliza para simulacros de lectura, para repasos y para análisis previos. No sirve como método de lectura normal.

    Este método consiste en seguir el texto dibujando “eses” con la mano sin levantar el dedo del papel. Es decir, seguimos una línea, el barrido de retorno lo realizamos en diagonal varias líneas más abajo y seguimos la siguiente línea, bueno, tampoco, ya que pasamos a través de varias líneas antes de llegar al extremo derecho, y vuelta a empezar.

    Se debe tener en cuenta que la mano está definiendo la zona a la que deben mirar los ojos, y no hay que preocuparse si no se puede leer cuando se va marcha atrás. Lo que se busca es que las fijaciones aumenten no sólo a izquierda y derecha del punto de fijación, sino también arriba y abajo.

    El ejercicio propuesto es leer un texto de tres páginas en el menor tiempo posible utilizando esta técnica. Después se han de apuntar en una hoja en blanco cualquier palabra que se recuerde (excepto monosílabas). Después añadir tres páginas más y repetir el proceso con las seis páginas, volver a apuntar y añadir en un bucle hasta que transcurran unos 30 minutos.

    Realizar el ejercicio en días alternos durante 15 días.

    Movimiento caótico

    El movimiento caótico sirve fundamentalmente para ampliar las fijaciones y tampoco sirve como método de lectura normal. Consiste en mover la mano por la página sin un rumbo fijo e intentando leer lo máximo posible y, si se puede, entender lo que dice la página. Es francamente difícil pero bueno es intentarlo.

    El ejercicio consiste en intentar leer un texto utilizando el movimiento caótico. No es necesario ir muy rápido porque de así hacerlo no se entenderá nada. Una vez transcurrido un minuto escribir en una hoja lo que se ha entendido.

    Repetir el ejercicio cinco veces, es decir, cinco minutos diarios, durante una semana.

    Lectura de 2 en 2 líneas

    La lectura de 2 en 2 líneas sirve para simulacros de lectura y para lectura, sino total, sí reteniendo la información suficiente como para comprender el sentido del texto. La finalidad de los simulacros es, como en los otros ejercicios, ampliar las fijaciones.

    No todos los textos son adecuados para este método, que es ideal para los documentos que están divididos en columnas como en un periódico.

    La técnica consiste en colocar las fijaciones entre dos líneas, de manera que se vayan leyendo las dos a la vez. Al principio parece imposible, pero si las fijaciones se han ampliado lo suficiente los textos se irán comprendiendo cada vez mejor.

    El ejercicio consiste en leer un artículo a columnas de un periódico de 2 en 2 líneas. Al finalizar apuntar en una hoja en blanco de qué trata el artículo.

    Dedicar 10 minutos al día durante una semana.

    En general, todos estos ejercicios deben ser molestos al principio, ya que van en contra de los mecanismos aprendidos y adquiridos de lectura. Pero poco a poco, a medida que avancemos en la aplicación de estas técnicas, esa sensación debe desaparecer.

    lectura tiempo

    Año bisiesto

    06Feb05

    El año bisiesto tiene 366 días. Este día extra se añade al final del mes de febrero, por lo que este mes pasa a tener 29 días.

    Este añadido se realiza para regularizar el desfase existente entre el año solar (el tiempo que tarda la Tierra en orbitar alrededor del Sol es de 365 días y 6 horas) y el año cronológico de 365 días. Así, cada cuatro años se reúnen las horas suficientes para formar el día suplementario.

    Hasta aquí se ha comentado aquello que comúnmente se sabe. Pero, ¿desde cuándo tenemos años bisiestos? ¿por qué el día extra se añade a febrero y no a otro mes? Y, aún más, ¿de dónde proviene el término bisiesto?

    El año bisiesto fue una innovación del calendario juliano elaborado por el astrónomo griego Sosígenes de Alejandría por encargo de Julio César, que lo difundió por todo el Imperio Romano en el año 46 a.C. Este calendario estaba basado en el calendario egipcio y toma como inicio del año el 1 de enero en lugar del 1 de marzo como se hacía anteriormente, cuando se ligaba el inicio del año con el “inicio” del ciclo de vida que supone la primavera.

    El día extra se añadió al mes de febrero no solamente por ser el más corto, sino por ser el último del año. Julio César decretó que el 23 de febrero, día de Terminalia, tuviese 48 horas cada cuatro años. Comoquiera que los romanos nombraban los días de los meses en referencia a las calendas (primer día de cada mes) y los idus (día 15 de marzo, mayo, julio y octubre, y 13 de los demás meses), el día suplementario se conoció como bis-sextus dies ante calendas martii (repite el sexto día antes del primero de marzo). El nombre es demasiado largo, pero lo de bis-sextus derivó a bisiesto.

    Posteriormente, el calendario gregoriano, introducido por el Papa Gregorio XIII en el año 1582, modificó la periodicidad de los años bisiestos para regularizar el desajuste acumulado desde la implantación del calendario juliano, para lo que dispuso 97 años bisiestos cada 400 años. Ocurre que la duración del año solar es exactamente de 365 días, 6 horas, 13 minutos y 59 segundos, así que, con el calendario juliano resultaba un año civil de 365,25 días y, por lo tanto, sólo 0,0078 días más largo que el año solar verdadero.

    La modificación introducida en la regla de los bisiestos, y que redujo la diferencia a 0,0003 de día, fue seguir considerando bisiestos los años múltiplos de cuatro excepto el último de cada siglo cuyas centenas no sean múltiplo de cuatro. Así que el año 2000 lo fue, pero no lo será el 2100. La regla gregoriana de los años bisiestos se podría enunciar como sigue: “Un año es bisiesto si es divisible por 4, a menos que sea divisible por 100 y no por 400″.

    Es el calendario gregoriano es el utilizado en la actualidad por las naciones cristianas, a excepción de las que siguen el cisma griego que utilizan el calendario juliano, al igual que las naciones musulmanas.

    Todo este asunto de los diferentes calendarios ha forzado algunas situaciones curiosas:

    El calendario juliano que entró en vigor el 1 de enero del 45 a.C. supuso que el año 46 a.C., conocido como “el año de la confusión”, tuviera 15 meses. Concretamente se le añadieron 85 días, distribuidos en dos meses entre noviembre y diciembre (uno de 33 días y otro de 34 días) y otro mes intercalado en el mes de febrero. Con ello consiguieron que el calendario se correspondiera con las estaciones, cosa que ya no ocurría merced al desfase.

    Para que la fiesta de Pascua coincidiera con la llegada de la primavera, el calendario gregoriano restó 10 días al año 1582, de tal manera que a al 4 de octubre no le siguió el 5 de octubre, si no el día 15 de octubre. Así, en el año 1583, el equinoccio vernal tuvo lugar el 21 de marzo.

    El calendario gregoriano no se adoptó en Gran Bretaña hasta 1752, en Rusia hasta 1918 y en Turquía hasta 1927.

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    ¿Sabías por qué FEBRERO TIENE 28 DÍAS?

    Antes de la reforma del calendario llevada a cabo por Julio César, el año romano comenzaba en el mes de marzo y tenia 10 meses de 36 días, más 5 días al fin del mismo, dedicados a las fiestas de las saturnales.

    A partir de la reforma juliana, el año pasó a tener 12 meses —de 30 ó 31 días— incorporando a fin del mismo dos meses, que se llamaron enero y febrero. Los meses de 31 días eran los impares: marzo, mayo, quinto, séptimo, noveno y enero. Y los de 30 eran los pares: abril, junio, sexto, octavo y décimo. A febrero le correspondieron 29 (30 los años bisiestos) para obtener los 365 días.

    A Cayo Julio César se le brindó el honor de designar un mes con su nombre, y el escogido fue el quinto mes, que a partir de la reforma juliana se llamó julio. Su hijo adoptivo, Cayo Julio César Octaviano, que fue designado emperador —con el título de augustus— asumió el poder absoluto dando origen al Imperio Romano. En su honor se llamó agosto al mes sexto, pero, dado que el mes sólo tenía 30 días y no podía ser que el Imperator Augustus tuviera un mes con un día menos que su padre, resolvieron agregarle un día más que tomaron del último mes, pasando febrero de tener 29 días a tener 28.

    Como así habían tres meses seguidos con 31 días, se alteró la duración de los siguientes, pasando septiembre a tener 30, octubre 31, noviembre 30 y diciembre 31.

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